Nos lo sugiere san Pablo: “En nombre de Cristo os
pedimos: ¡que os reconciliéis con Dios”. Este esfuerzo de conversión
no es solamente una obra humana, es dejarse reconciliar. La
reconciliación entre nosotros y Dios es posible gracias a la
misericordia del Padre que, por amor a nosotros, no dudó
en sacrificar a su Hijo unigénito.
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miércoles, febrero 10, 2016
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