¿No limpiamos nuestra conciencia justificando nuestros actos, pero somos jueces inmisericordes con las carencias o faltas de los demás? Jesús es misericordioso.
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lunes, 24 de octubre de 2016
lunes, 3 de octubre de 2016
lunes, octubre 03, 2016
Mi Portal
No quiero enumerar, uno por uno, todo aquello en que podríamos ayudar a
nuestro prójimo; simplemente pensemos en todo lo que nos queremos a
nosotros mismos y lo poquito por los que están a nuestro alrededor.
Lectura del santo evangelio según san Lucas 10,25-37:
Lectura del santo evangelio según san Lucas 10,25-37:
En aquel tiempo, se presentó un maestro de la Ley y le preguntó a Jesús para ponerlo a prueba: «Maestro, ¿qué tengo que hacer para heredar la vida eterna?» Él le dijo: «¿Qué está escrito en la Ley? ¿Qué lees en ella?»
Él contestó: «Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón y con toda tu alma y con todas tus fuerzas y con todo tu ser. Y al prójimo como a ti mismo.» Él le dijo: «Bien dicho. Haz esto y tendrás la vida.» Pero el maestro de la Ley, queriendo justificarse, preguntó a Jesús: «¿Y quién es mi prójimo?» Jesús dijo: «Un hombre bajaba de Jerusalén a Jericó, cayó en manos de unos bandidos, que lo desnudaron, lo molieron a palos y se marcharon, dejándolo medio muerto. Por casualidad, un sacerdote bajaba por aquel camino y, al verlo, dio un rodeo y pasó de largo. Y lo mismo hizo un levita que llegó a aquel sitio: al verlo dio un rodeo y pasó de largo. Pero un samaritano que iba de viaje, llegó a donde estaba él y, al verlo, le dio lástima, se le acercó, le vendó las heridas, echándoles aceite y vino, y, montándolo en su propia cabalgadura, lo llevó a una posada y lo cuidó. Al día siguiente, sacó dos denarios y, dándoselos al posadero, le dijo: "Cuida de él, y lo que gastes de más yo te lo pagaré a la vuelta." ¿Cuál de estos tres te parece que se portó como prójimo del que cayó en manos de los bandidos?» Él contestó: «El que practicó la misericordia con él.» Díjole Jesús: «Anda, haz tú lo mismo.»
Él contestó: «Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón y con toda tu alma y con todas tus fuerzas y con todo tu ser. Y al prójimo como a ti mismo.» Él le dijo: «Bien dicho. Haz esto y tendrás la vida.» Pero el maestro de la Ley, queriendo justificarse, preguntó a Jesús: «¿Y quién es mi prójimo?» Jesús dijo: «Un hombre bajaba de Jerusalén a Jericó, cayó en manos de unos bandidos, que lo desnudaron, lo molieron a palos y se marcharon, dejándolo medio muerto. Por casualidad, un sacerdote bajaba por aquel camino y, al verlo, dio un rodeo y pasó de largo. Y lo mismo hizo un levita que llegó a aquel sitio: al verlo dio un rodeo y pasó de largo. Pero un samaritano que iba de viaje, llegó a donde estaba él y, al verlo, le dio lástima, se le acercó, le vendó las heridas, echándoles aceite y vino, y, montándolo en su propia cabalgadura, lo llevó a una posada y lo cuidó. Al día siguiente, sacó dos denarios y, dándoselos al posadero, le dijo: "Cuida de él, y lo que gastes de más yo te lo pagaré a la vuelta." ¿Cuál de estos tres te parece que se portó como prójimo del que cayó en manos de los bandidos?» Él contestó: «El que practicó la misericordia con él.» Díjole Jesús: «Anda, haz tú lo mismo.»
«El que practicó la misericordia con él»
En este fragmento del relato de Lucas, de nuevo los letrados quieren probar a Jesús, buscando que caiga en alguna contradicción.
El letrado pregunta qué debe hacer para alcanzar la vida eterna, y a su vez, Jesús le pregunta qué es lo que indica la ley; este, como buen entendido en la materia, le recita lo que los judíos conocen como «la Shemá», en la que dice: «Amarás al señor tu Dios... y al prójimo como a ti mismo». Jesús le replica que ha contestado bien, que cumpla eso que con eso es suficiente; pero el letrado insiste ¿y quién es mi prójimo?
Ante la pregunta, Cristo refiere la conocida parábola del «Buen Samaritano», en la que cuanta que un judío que bajaba a Jericó es atacado y herido, pasan en distintos momentos «profesionales de la caridad», un sacerdote y un levita, pero estos dan un rodeo y lo evitan, sin embargo, un habitante de samaria que pasó, lo socorrió. Los samaritanos y los judíos no se tratan, había una enemistad importante entre ambas comunidades, pero, sorprendentemente, lo ayudó, lo curó, lo condujo a una posada y, aún es más, le dio dinero al posadero para que lo cuidara y, si no era suficiente, se lo abonaría a su vuelta.
¡Como nos hacemos "el loco" ante la injusticia o las necesidades de los demás! Si podemos pasar de puntillas junto a ellos para que no noten nuestra presencia y, sin embargo, rezamos, cumplimos con los preceptos de la Iglesia y nos consideramos inmejorables, pero hacemos oídos sordos a lo que tenemos alrededor.
No quiero enumerar, uno por uno, todo aquello en que podríamos ayudar a nuestro prójimo; simplemente pensemos en todo lo que nos queremos a nosotros mismos y lo poquito por los que están a nuestro alrededor.
No es preciso convertirse en adalid de la justicia para ir «desfaciendo entuertos», como diría D. Quijote; pero si el ayudar a tantos que, con un poco de nuestra parte, verían colmadas sus necesidades, ayudar a aquellos que, por motivo muy serios, han tenido que abandonar el hogar y se encuentran desarraigados, o a aquellos que no tienen necesidades físicas, pero si simplemente necesitan que alguien les escuche y comprenda.
¿Somos constantes en nuestro compromiso?
Ante un necesitado, ¿damos un rodeo para no verlo?
¿Somos capaces de ayudar a los que nos rodean, aunque solamente sea sujetarles la mano?
Ante un necesitado, ¿damos un rodeo para no verlo?
¿Somos capaces de ayudar a los que nos rodean, aunque solamente sea sujetarles la mano?
Fraternidad Laical Dominicana Torrent (Valencia) |
viernes, 1 de julio de 2016
lunes, 20 de junio de 2016
lunes, junio 20, 2016
Mi Portal
Jesús nos enseña cuál ha de ser el comportamiento entre sus discípulos: no ver la brizna que está en el ojo del hermano, no tirar perlas a los puercos, no tener miedo a pedir a Dios cosas... Estos consejos culminan en la Regla de Oro: hacer al otro lo que nos gustaría que hicieran con nosotros.
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Lectura del santo evangelio según san Mateo 7,1-5
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: -«No juzguéis y no os juzgarán; porque os van a juzgar como juzguéis vosotros, y la medida que uséis, la usarán con vosotros. ¿Por qué te fijas en la mota que tiene tu hermano en el ojo y no reparas en la viga que llevas en el tuyo? ¿Cómo puedes decirle a tu hermano: "Déjame que te saque la mota del ojo", teniendo una viga en el tuyo? Hipócrita; sácate primero la viga del ojo; entonces verás claro y podrás sacar la mota del ojo de tu hermano.»
«Sed misericordiosos de corazón»
Mateo con el Sermón de la Montaña, quiere mostrar cómo ha de ser la vida de la comunidad de creyentes. El compromiso del evangelio exige «amaros unos a otros como Yo os amé. En eso conocerán todos que sois mis discípulos.»
Jesús nos enseña cuál ha de ser el comportamiento entre sus discípulos: no ver la brizna que está en el ojo del hermano, no tirar perlas a los puercos, no tener miedo a pedir a Dios cosas... Estos consejos culminan en la Regla de Oro: hacer al otro lo que nos gustaría que hicieran con nosotros.
«No juzgar, y no seréis juzgados.» Es la primera condición para lograr una convivencia transparente. ¿Qué significa esto concretamente? Sólo Dios Padre conoce los profundos sentimientos e intenciones de nuestros actos. Sólo a Él corresponde juzgar las obras de los hombres. Y Dios nos acepta tal como somos. Por eso, aceptar al otro como es, sin ideas preconcebidas, sin prejuicios, es vivir esa cercanía de Dios que nos hace hermanos, que nos obliga a la acogida en el amor mutuo.
Además, insiste Mateo, «¿Cómo es que miras la brizna que hay en el ojo de tu hermano y no reparas en la viga que hay en tu ojo? (…) Hipócrita, saca primero la viga de tu ojo y, entonces, podrás ver para sacar la brizna del ojo de tu hermano.» No habla aquí el evangelio de los fariseos que menosprecian a la gente y se consideraban mejores que los demás. En realidad, la frase de Jesús sirve para todos. Solemos tener un doble rasero para medir nuestros actos o los actos de los demás. Nos atrevemos a adivinar las «perversas» intenciones de los otros proyectando muchas veces nuestras propias incongruencias.
La enseñanza que Mateo nos inculca es que dejemos en manos de Dios juzgar las intenciones de los demás y aprendamos a aceptar y abrazar a nuestro prójimo como hermano querido. Que valoremos a los demás, sin condenas ni descalificaciones y, al fin de cuentas, como rezamos en el Padre nuestro: «Perdónanos nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden». Tengamos un corazón comprensivo, misericordioso y abierto al socorro de los demás. Tengamos el corazón de Dios.
¿Somos generosos al aceptar a los demás?
D. Oscar Salazar, O.P.
Fraternidad San Martín de Porres (Madrid)
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Lectura del santo evangelio según san Mateo 7,1-5
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: -«No juzguéis y no os juzgarán; porque os van a juzgar como juzguéis vosotros, y la medida que uséis, la usarán con vosotros. ¿Por qué te fijas en la mota que tiene tu hermano en el ojo y no reparas en la viga que llevas en el tuyo? ¿Cómo puedes decirle a tu hermano: "Déjame que te saque la mota del ojo", teniendo una viga en el tuyo? Hipócrita; sácate primero la viga del ojo; entonces verás claro y podrás sacar la mota del ojo de tu hermano.»
«Sed misericordiosos de corazón»
Mateo con el Sermón de la Montaña, quiere mostrar cómo ha de ser la vida de la comunidad de creyentes. El compromiso del evangelio exige «amaros unos a otros como Yo os amé. En eso conocerán todos que sois mis discípulos.»
Jesús nos enseña cuál ha de ser el comportamiento entre sus discípulos: no ver la brizna que está en el ojo del hermano, no tirar perlas a los puercos, no tener miedo a pedir a Dios cosas... Estos consejos culminan en la Regla de Oro: hacer al otro lo que nos gustaría que hicieran con nosotros.
«No juzgar, y no seréis juzgados.» Es la primera condición para lograr una convivencia transparente. ¿Qué significa esto concretamente? Sólo Dios Padre conoce los profundos sentimientos e intenciones de nuestros actos. Sólo a Él corresponde juzgar las obras de los hombres. Y Dios nos acepta tal como somos. Por eso, aceptar al otro como es, sin ideas preconcebidas, sin prejuicios, es vivir esa cercanía de Dios que nos hace hermanos, que nos obliga a la acogida en el amor mutuo.
Además, insiste Mateo, «¿Cómo es que miras la brizna que hay en el ojo de tu hermano y no reparas en la viga que hay en tu ojo? (…) Hipócrita, saca primero la viga de tu ojo y, entonces, podrás ver para sacar la brizna del ojo de tu hermano.» No habla aquí el evangelio de los fariseos que menosprecian a la gente y se consideraban mejores que los demás. En realidad, la frase de Jesús sirve para todos. Solemos tener un doble rasero para medir nuestros actos o los actos de los demás. Nos atrevemos a adivinar las «perversas» intenciones de los otros proyectando muchas veces nuestras propias incongruencias.
La enseñanza que Mateo nos inculca es que dejemos en manos de Dios juzgar las intenciones de los demás y aprendamos a aceptar y abrazar a nuestro prójimo como hermano querido. Que valoremos a los demás, sin condenas ni descalificaciones y, al fin de cuentas, como rezamos en el Padre nuestro: «Perdónanos nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden». Tengamos un corazón comprensivo, misericordioso y abierto al socorro de los demás. Tengamos el corazón de Dios.
¿Somos generosos al aceptar a los demás?
Fraternidad San Martín de Porres (Madrid)
viernes, 3 de junio de 2016
viernes, junio 03, 2016
Hugo Molinas | Ingeniero y Coach
Los cristianos son, en primer lugar, invitados a hacer la experiencia espiritual de la misericordia divina desde su punto de vista, pues Dios les toma tales y como son. Jamás se sentirán abandonados: Dios está siempre presente, sin cesar, en su búsqueda.
miércoles, 25 de mayo de 2016
lunes, 15 de febrero de 2016
lunes, febrero 15, 2016
Mi Portal
El Evangelio de hoy
Mateo 25, 31-46
En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: "Cuando venga el Hijo del hombre, rodeado de su gloria, acompañado de todos sus ángeles, se sentará en su trono de gloria. Entonces serán congregadas ante él todas las naciones, y él apartará a los unos de los otros, como aparta el pastor a las ovejas de los cabritos, y pondrá a las ovejas a su derecha y a los cabritos a su izquierda.
Entonces dirá el rey a los de su derecha: ‘Vengan, benditos de mi Padre; tomen posesión del Reino preparado para ustedes desde la creación del mundo; porque estuve hambriento y me dieron de comer, sediento y me dieron de beber, era forastero y me hospedaron, estuve desnudo y me vistieron, enfermo y me visitaron, encarcelado y fueron a verme‘. Los justos le contestarán entonces: ‘Señor, ¿cuándo te vimos hambriento y te dimos de comer, sediento y te dimos de beber? ¿Cuándo te vimos de forastero y te hospedamos, o desnudo y te vestimos? ¿Cuándo te vimos enfermo o encarcelado y te fuimos a ver?‘ Y el Rey les dirá: ‘Yo les aseguro que, cuando lo hicieron con el más insignificante de mis hermanos, conmigo lo hicieron‘.
Entonces dirá también a los de su izquierda: ‘Apártense de mí, malditos; vayan al fuego eterno, preparado para el diablo y sus ángeles; porque estuve hambriento y no me dieron de comer, sediento y no me dieron de beber, era forastero y no me hospedaron, estuve desnudo y no me vistieron, enfermo y encarcelado y no me visitaron‘.
Entonces ellos le responderán: ‘Señor, ¿cuándo te vimos hambriento o sediento, de forastero o desnudo, enfermo o encarcelado y no te asistimos?‘ Y él les replicará: ‘Yo les aseguro que, cuando no lo hicieron con uno de aquellos más insignificantes, tampoco lo hicieron conmigo‘. Entonces irán éstos al castigo eterno y los justos a la vida eterna".
Reflexión
La liturgia nos propone este texto, donde nos enseña que la vida cristiana está cimentada en la caridad, y nos invita a que trabajemos en esta área tan importante de nuestra vida, ya que nuestro juicio finalmente será en base a la caridad.
Y esto no significa que las prácticas religiosas o nuestro conocimiento bíblico o teológico no sean importantes; por supuesto que lo son, pues deben ser un medio para que crezca en nosotros la fe y, con ello, la caridad. Empecemos por cosas simples, por ejemplo, visitar a los miembros de nuestra propia familia.
¿Hace cuánto que no visitas a tus abuelos o tíos que están enfermos o necesitados? ¿Qué calidad de visita es la que practicas con ellos: la clásica visita de doctor? Si no somos capaces de vivir lo más sencillo, atendiendo a nuestra propia familia, qué difícil será que lo hagamos por los demás. No olvidemos que en esto se está decidiendo nuestra felicidad.
Permite que el amor de Dios llene hoy tu vida. Ábrele tu corazón.
Como María, todo por Jesús y para Jesús.
Pbro. Ernesto María Caro
Mateo 25, 31-46
En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: "Cuando venga el Hijo del hombre, rodeado de su gloria, acompañado de todos sus ángeles, se sentará en su trono de gloria. Entonces serán congregadas ante él todas las naciones, y él apartará a los unos de los otros, como aparta el pastor a las ovejas de los cabritos, y pondrá a las ovejas a su derecha y a los cabritos a su izquierda.
Entonces dirá el rey a los de su derecha: ‘Vengan, benditos de mi Padre; tomen posesión del Reino preparado para ustedes desde la creación del mundo; porque estuve hambriento y me dieron de comer, sediento y me dieron de beber, era forastero y me hospedaron, estuve desnudo y me vistieron, enfermo y me visitaron, encarcelado y fueron a verme‘. Los justos le contestarán entonces: ‘Señor, ¿cuándo te vimos hambriento y te dimos de comer, sediento y te dimos de beber? ¿Cuándo te vimos de forastero y te hospedamos, o desnudo y te vestimos? ¿Cuándo te vimos enfermo o encarcelado y te fuimos a ver?‘ Y el Rey les dirá: ‘Yo les aseguro que, cuando lo hicieron con el más insignificante de mis hermanos, conmigo lo hicieron‘.
Entonces dirá también a los de su izquierda: ‘Apártense de mí, malditos; vayan al fuego eterno, preparado para el diablo y sus ángeles; porque estuve hambriento y no me dieron de comer, sediento y no me dieron de beber, era forastero y no me hospedaron, estuve desnudo y no me vistieron, enfermo y encarcelado y no me visitaron‘.
Entonces ellos le responderán: ‘Señor, ¿cuándo te vimos hambriento o sediento, de forastero o desnudo, enfermo o encarcelado y no te asistimos?‘ Y él les replicará: ‘Yo les aseguro que, cuando no lo hicieron con uno de aquellos más insignificantes, tampoco lo hicieron conmigo‘. Entonces irán éstos al castigo eterno y los justos a la vida eterna".
Reflexión
La liturgia nos propone este texto, donde nos enseña que la vida cristiana está cimentada en la caridad, y nos invita a que trabajemos en esta área tan importante de nuestra vida, ya que nuestro juicio finalmente será en base a la caridad.
Y esto no significa que las prácticas religiosas o nuestro conocimiento bíblico o teológico no sean importantes; por supuesto que lo son, pues deben ser un medio para que crezca en nosotros la fe y, con ello, la caridad. Empecemos por cosas simples, por ejemplo, visitar a los miembros de nuestra propia familia.
¿Hace cuánto que no visitas a tus abuelos o tíos que están enfermos o necesitados? ¿Qué calidad de visita es la que practicas con ellos: la clásica visita de doctor? Si no somos capaces de vivir lo más sencillo, atendiendo a nuestra propia familia, qué difícil será que lo hagamos por los demás. No olvidemos que en esto se está decidiendo nuestra felicidad.
Permite que el amor de Dios llene hoy tu vida. Ábrele tu corazón.
Como María, todo por Jesús y para Jesús.
Pbro. Ernesto María Caro
miércoles, 10 de febrero de 2016
miércoles, febrero 10, 2016
Mi Portal
Nos lo sugiere san Pablo: “En nombre de Cristo os
pedimos: ¡que os reconciliéis con Dios”. Este esfuerzo de conversión
no es solamente una obra humana, es dejarse reconciliar. La
reconciliación entre nosotros y Dios es posible gracias a la
misericordia del Padre que, por amor a nosotros, no dudó
en sacrificar a su Hijo unigénito.
viernes, 17 de julio de 2015
viernes, julio 17, 2015
Mi Portal
Evangelio de hoy Mateo 12, 1-8
Un sábado, atravesaba Jesús por los sembrados. Los discípulos, que iban con él, tenían hambre y se pusieron a arrancar espigas y a comerse los granos. Cuando los fariseos los vieron, le dijeron a Jesús: "Tus discípulos están haciendo algo que no está permitido hacer en sábado".
Él les contestó: "¿No han leído ustedes lo que hizo David una vez que sintieron hambre él y sus compañeros? ¿No recuerdan cómo entraron en la casa de Dios y comieron los panes consagrados, de los cuales ni él ni sus compañeros podían comer, sino tan sólo los sacerdotes?
¿Tampoco han leído en la ley que los sacerdotes violan el sábado porque ofician en el templo y no por eso cometen pecado? Pues yo digo que aquí hay alguien más grande que el templo.
Si ustedes comprendieran el sentido de las palabras: Misericordia quiero y no sacrificios, no condenarían a quienes no tienen ninguna culpa. Por lo demás, el Hijo del hombre también es dueño del sábado".
Reflexión
Jesús nos advierte con este pasaje, del peligro de convertir la ley en la única norma de la vida, olvidándonos de los demás valores. No es que la ley sea mala, lo cual ya nos lo ha dicho san Pablo, sino que puede convertirse en una verdadera cadena que no nos deja vivir.
De aquí la importancia de la vida en el Espíritu, ya que Éste hace que la ley se convierta en amor. Son muchas nuestras obligaciones diarias, las cuales pueden ser vividas bajo la ley o bajo el Espíritu. Yo puedo ir todos los días a trabajar, y hacerlo por amor y con gusto, o como una verdadera carga; puedo cumplir con mis obligaciones religiosas (como asistir a misa) de una manera rutinaria y sólo por cumplir la ley, o puedo hacerlo por amor y con gusto.
El Señor lo que quiere es que cumplamos la ley, pero sin olvidar que, sobre la ley, siempre estará la caridad. Nuestra oración diaria hace de la ley una experiencia de amor.
Permite que el amor de Dios llene hoy tu vida. Ábrele tu corazón.
Como María, todo por Jesús y para Jesús.
Pbro. Ernesto María Caro
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