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viernes, 2 de diciembre de 2016

¡Cuán importante es para nosotros creer en la fuerza de la fe! Debemos cuidar con esmero el desarrollo de nuestra fe, para que penetre realmente todas nuestras actitudes, nuestros pensamientos, nuestras acciones e intenciones. 



Evangelio
Lectura del santo Evangelio según san Mateo 9, 27-31
Cuando Jesús salía de Cafarnaúm, lo siguieron dos ciegos, que gritaban: “¡Hijo de David, compadécete de nosotros!” Al entrar Jesús en la casa, se le acercaron los ciegos y Jesús les preguntó: “¿Creen que puedo hacerlo?” Ellos le contestaron: “Sí, Señor”. Entonces les tocó los ojos, diciendo: “Que se haga en ustedes conforme a su fe”. Y se les abrieron los ojos. Jesús les advirtió severamente: “Que nadie lo sepa”. Pero ellos, al salir, divulgaron su fama por toda la región.

Meditación
“¿Creen que puedo hacerlo?”… Lo primero que nos pide el Señor es la fe. El acto primero y fundamental para transformarse en verdaderos cristianos es el de creer, el de tener fe en Dios. La fe en la existencia de Dios no es una opinión entre otras muchas que podemos tener. No es una información más como otras. Si Dios existe, nuestra vida cambia radicalmente. Si Él existe, toda la vida es luz y tenemos una guía para saber cómo vivir y hacia dónde dirigirnos.

Por eso, la fe debe ser la orientación fundamental de nuestra vida. Creer es decir: “Sí, creo que tú eres Dios, creo en tu Hijo encarnado, que murió por mí y está presente entre nosotros”. Creer, pues no es sólo una forma de pensar, o una idea. Creer quiere decir seguir la Palabra de Dios hecha carne en Jesús.

¡Cuán importante es para nosotros creer en la fuerza de la fe! Debemos cuidar con esmero el desarrollo de nuestra fe, para que penetre realmente todas nuestras actitudes, nuestros pensamientos, nuestras acciones e intenciones. ¡Que la fe ocupe el primer lugar en nuestra vida!

Reflexión apostólica
En este período de Adviento pidamosle a María que Ella nos enseñe cómo vivir de fe, cómo crecer en la fe, cómo permanecer en contacto con Dios en los acontecimientos ordinarios diarios de nuestra vida. Cualquiera que sea nuestro trabajo, nuestro estado de vida, nuestra situación económica, conservemos en todo el primado de nuestra fe.

Propósito
Hoy daré prioridad a mi fe. ¿Cómo? Dándome tiempo para la oración, ofreceré a Dios mi trabajo, lo haré de la mejor manera para agradar a Dios. Ante todo me preguntaré: ¿Cómo haría esto si tuviera más fe?

jueves, 17 de noviembre de 2016

Él está llegando con su amor, con su amor creador y su amor redentor, pero quiere nuestra respuesta, nos hace hijos suyos para que le respondamos con nuestro amor, y así nuestra salvación no sea solamente un don suyo, sino también un mérito nuestro.




Evangelio según San Lucas 19,41-44

"Cuando estuvo cerca y vio la ciudad, se puso a llorar por ella, diciendo: "¡Si tú también hubieras comprendido en este día el mensaje de paz! Pero ahora está oculto a tus ojos. Vendrán días desastrosos para ti, en que tus enemigos te cercarán con empalizadas, te sitiarán y te atacarán por todas partes. Te arrasarán junto con tus hijos, que están dentro de ti, y no dejarán en ti piedra sobre piedra, porque no has sabido reconocer el tiempo en que fuiste visitada por Dios".

Palabra de Dios
 


Reflexión: Monseñor Estanislao Karlic Obispo Emérito de la Arquidiócesis de Paraná

El Evangelio de San Lucas nos dice: “Cuando estuvo cerca y vio la ciudad, (habla de Jesús) se puso a llorar por ella, diciendo “Si tú también hubieras comprendido en este día el mensaje de paz. Pero ahora está oculto a tus ojos. Vendrán días desastrosos para ti, en que tus enemigos te cercarán con empalizadas te cercarán y te atacarán por todas partes, te arrasarán junto con tus hijos que están dentro de ti, y no dejarán en ti piedra sobre piedra, porque no has sabido reconocer el tiempo en que fuiste visitada por Dios.”



En este punto quisiéramos nosotros detenernos en nuestra meditación, “porque no has sabido reconocer el tiempo en que fuiste visitada por Dios”. El Evangelio nos quiere advertir sobre la necesidad de estar atentos al momento en que Dios se acerca a nosotros, porque el Señor siempre quiere darnos algo nuevo, quiere llamarnos con todo su amor a la respuesta de nuestra vida.



El tiempo, hemos dicho algunas veces, no es algo que pasa, es alguien que viene, Jesucristo. Como decimos, hablando de Navidad, el tiempo es un Adviento, un advenimiento, el de Jesús. Dios que nos creó sin nosotros, no nos salvará sin nosotros. Él está llegando con su amor, con su amor creador y su amor redentor, pero quiere nuestra respuesta, nos hace hijos suyos para que le respondamos con nuestro amor, y así nuestra salvación no sea solamente un don suyo, sino también un mérito nuestro.



Podemos y debemos responder con toda la fuerza de nuestra voluntad, con toda la fuerza de nuestra libertad. Nos ofrece la gracia y la gloria, se nos ofrece como vida nuestra, a todos, siempre. Esta es nuestra dignidad, el poder ser hijos de Dios, el participar, cuando nos abrimos al amor del Señor, de la vida de Jesús; estamos llamados a ser hijos para obrar como hijos, es decir, estamos llamados a participar del misterio filial de Jesús, y estamos llamados a participar de su amor gratuito, generoso, hasta la muerte.



Eso lo sabemos de Jesús, como nuestro destino permanente, hoy también, hoy nos llama, hoy nos visita, hoy nos impulsa a la buena respuesta, hoy podemos y debemos responder. Qué maravilla es descubrir así la grandeza de todo momento, qué maravilla es descubrir que hoy puedo hacer algo que merezca la gloria eterna, porque hoy puedo responder amando, con toda la fuerza de mi alma y cumplir la voluntad de Dios.



Esto no es fácil, el Señor debió entregarse en la cruz para acabar de redimirnos, hoy también nosotros debemos participar de ese amor crucificado, para vencer como Él venció, ser bueno es vencer la tentación de la maldad, la tentación del pecado, es bueno el que vence. Hoy es día de victoria, también en la Argentina, también en este mundo, también para mí; hoy es día de victoria porque hoy es día capaz de mi obediencia evangélica al Señor.



Intentamos así la solemnidad de la vida, en la confianza de la vida de familia, cada momento tiene que tener esta profundidad, viviendo como hijos delante de nuestro Padre, como Jesús está eternamente delante de su Padre Dios; vivir en esa confianza pero con toda la responsabilidad de saber que tenemos que hacer siempre su voluntad, toda su voluntad. La solemnidad de la vida es el amor de la obediencia que imita a Jesús; siempre, si tenemos la gracia de dejarnos ganar por Jesucristo, siempre podremos vivir esta profundidad de nuestro misterio.



Hoy sé que estoy viviendo, bendito sea el Señor, hoy sé que estoy llamado a cumplir con esta maravilla; amar como Jesús me amó, amar con un amor total como el de Jesús en la cruz, que mereció la Resurrección. Si así es la respuesta, así también será hoy la gracia que el Señor me dará, que es comienzo de la gloria eterna. Que así sea.

lunes, 7 de noviembre de 2016

Diálogo
introductorio con Jesús
Mi Señor, te doy gracias por todo acto de bondad y de compasión que pones mi corazón para que sea manso y humilde como el tuyo. Te entrego hoy mis cargas y esas intranquilas emociones que me roban la paz e interfieren con la realización de mis sueños. Te suplico que apartes de mis labios toda palabra mal sana y no provechosa que me vea tentados a pronunciar. Dame una especial capacidad para actuar movido por tu amor y por la fuerza de tu perdón. Amén
Evangelio del día: Una fe firme que de verdad mueva montañas
Lucas 17,1-6 - Reflexión del Papa: Cada uno de nosotros, puede dar testimonio de Cristo, con la fuerza de Dios, la fuerza de la fe

Santo Evangelio según san Lucas 17, 1-6

Fe como el gran de mostaza:En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: "No es posible evitar que existan ocasiones de pecado, pero ¡ay de aquel que las provoca! Más le valdría ser arrojado al mar con una piedra de molino sujeta al cuello, que ser ocasión de pecado para la gente sencilla. Tengan, pues, cuidado. Si tu hermano te ofende, trata de corregirlo; y si se arrepiente, perdónalo. Y si te ofende siete veces al día, y siete veces viene a ti para decirte que se arrepiente, perdónalo». Los apóstoles dijeron entonces al Señor: «Auméntanos la fe». El Señor les contestó: «Si tuvieran fe, aunque fuera tan pequeña como una semilla de mostaza, podrían decirle a ese árbol frondoso: “Arráncate de raíz y plántate en el mar”, y los obedecerí"». Palabra del Señor.

Reflexión del Papa

Hoy, el pasaje del Evangelio comienza así: «Los apóstoles le dijeron al Señor: “Auméntanos la fe”». Me parece que todos nosotros podemos hacer nuestra esta invocación.
También nosotros, como los Apóstoles, digamos al Señor Jesús: «Auméntanos la fe». Sí, Señor, nuestra fe es pequeña, nuestra fe es débil, frágil, pero te la ofrecemos así como es, para que Tú la hagas crecer.
[...] Y, ¿qué nos responde el Señor? Responde: «Si tuviesen fe como un granito de mostaza, dirían a ese árbol frondo: "Arráncate de raíz y plántate en el mar", y les obedecería. La semilla de la mostaza es pequeñísima, pero Jesús dice que basta tener una fe así, pequeña, pero auténtica, sincera, para hacer cosas humanamente imposibles, impensables.
¡Y es verdad! Todos conocemos a personas sencillas, humildes, pero con una fe muy firme, que de verdad mueven montañas.Pensemos, por ejemplo, en algunas mamás y papás que afrontan situaciones muy difíciles; o en algunos enfermos, incluso gravísimos, que transmiten serenidad a quien va a visitarles.
Estas personas, precisamente por su fe, no presumen de lo que hacen, es más, como pide Jesús en el Evangelio, dicen: «Somos siervos inútiles, hemos hecho lo que teníamos que hacer» (Lc 17,10). Cuánta gente entre nosotros tiene esta fe fuerte, humilde, que hace tanto bien.
[...] ...Cada uno de nosotros, en la propia vida de cada día, puede dar testimonio de Cristo,con la fuerza de Dios, la fuerza de la fe. Con la pequeñísima fe que tenemos, pero que es fuerte. Con esta fuerza dar testimonio de Jesucristo, ser cristianos con la vida, con nuestro testimonio.
¿Cómo conseguimos esta fuerza? La tomamos de Dios en la oración. La oración es el respiro de la fe: en una relación de confianza, en una relación de amor, no puede faltar el diálogo, y la oración es el diálogo del alma con Dios... (Reflexión antes del rezo del Ángelus, 6 de octubre de 2013)

Oración de Sanación

Mi Señor, quiero hacer tuya mi vida, ajustar todas mis metas y objetivos a tu voluntad y a tus designios de amor, para que hagas tu obra en mí y me ayudes a salir confiado asumiendo mis responsabilidades en tu proyecto de salvación. Tu mano sanadora es necesaria para que yo pueda salir adelante. Por ello, hoy te pido que me liberes de mis egoísmos y de esos sentimientos de inseguridad y de miedo que me hacen perder el horizonte de vida y aturden mi corazón.
Yo creo en Ti, Buen Señor, pero aumenta mi fe, quiero que sea firme como la roca y para mantenerla así, debo acercarme a Ti, abrirte mi corazón y tocar tus llagas con toda la confianza del mundo. No quiero una fe tambaleante que paralice mis sentidos y me haga clavar la duda a mi alma, llenándome de nuevo de angustias y desesperos. Quiero que seas para siempre mi escudo y mi roca, mi fortaleza firme y segura.
¡Aquí estoy Señor! dispuesto a tocar tan sólo tu manto para que renueves mi vida y desterrar de mí la tristeza y el dolor y aceptar la propuesta de felicidad que día a día me ofreces a través de los actos de bondad que me regalas. Dame una fe ardiente, una fe jovial y apasionada por tenerte siempre a mi lado, con la que aprenda a amar y ser paciente, que quede convencido que de Ti me vendrá todo aquello que me conviene para mi felicidad y mi salvación.
Ven Señor, necesito de Ti, permanece cerca de mí y guía mis acciones y pensamientos para avanzar en tu dirección. Toca mi corazón, toca mi mente, toca mis heridas y sánalas, para que siempre esté dispuesto a amar con entrega generosa. Confío en tu amor y en tu bendición. Amén

Propósito para hoy

Antes de comenzar el día y todas las actividades, pide a Dios: "Señor, aumente mi fe y que mi corazón sea manso y humilde como el tuyo"

Frase de reflexión del Papa Francisco:

"El Señor siempre nos perdona y nos acompaña. Es cuestión nuestra dejarnos perdonar y acompañar". Papa Francisco

viernes, 5 de agosto de 2016

Responde a la llamada a tomar la cruz e ir tras el, a imitar su dedicación al Padre y sus gestos de servicio y de amor, a perder la vida para encontrarla. Y dado que toda la existencia de Cristo tiene un carácter misionero, los hombres y las mujeres que le siguen mas de cerca asumen plenamente este mismo carácter.


Lectura del santo evangelio según san Mateo 16,24-28

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: "El que quiera venirse conmigo, que se niegue a sí mismo, que cargue con su cruz y me siga. Si uno quiere salvar su vida, la perderá; pero el que la pierda por mí la encontrará. ¿De qué le sirve a un hombre ganar el mundo entero, si arruina su vida? ¿O qué podrá dar para recobrarla? Porque el Hijo del hombre vendrá entre sus ángeles, con la gloria de su Padre, y entonces pagará a cada uno según su conducta. Os aseguro que algunos de los aquí presentes no morirán sin antes haber visto llegar al Hijo del hombre con majestad".
Meditación del Papa Francisco

Responde a la llamada a tomar la cruz e ir tras el, a imitar su dedicación al Padre y sus gestos de servicio y de amor, a perder la vida para encontrarla. Y dado que toda la existencia de Cristo tiene un carácter misionero, los hombres y las mujeres que le siguen mas de cerca asumen plenamente este mismo carácter.

La dimensión misionera, al pertenecer a la naturaleza misma de la Iglesia, es también intrínseca a toda forma de vida consagrada, y no puede ser descuidada sin que deje un vacío que desfigure el carisma. La misión no es proselitismo o mera estrategia; la misio?n es parte de la “gramática” de la fe, es algo imprescindible para aquellos que escuchan la voz del Espíritu que susurra “ven” y “ve”. Quien sigue a Cristo se convierte necesariamente en misionero, y sabe que Jesus “camina con el, habla con el, respira con e?l. Percibe a Jesu?s vivo con e?l en medio de la tarea misionera”.

La mision es una pasion por Jesus pero, al mismo tiempo, es una pasion por su pueblo. (Mensaje del Santo Padre por la Jornada Mundial de las Misiones 2015, 24 de mayo de 2015)

miércoles, 3 de agosto de 2016


En la mujer cananea la oración y la fe van unidas, siempre la oración es dialogo y es presentar a Dios lo que nos pasa, lo necesitamos, lo que agradecemos, aquí vemos una oración en acción.



Lectura del santo Evangelio según san Mateo 15,21-28:
En aquel tiempo, Jesús se marchó y se retiró al país de Tiro y Sidón. Entonces una mujer cananea, saliendo de uno de aquellos lugares, se puso a gritarle: «Ten compasión de mí, Señor, Hijo de David. Mi hija tiene un demonio muy malo.» Él no le respondió nada. Entonces los discípulos se le acercaron a decirle: «Atiéndela, que viene detrás gritando.»
Él les contestó: «Sólo me han enviado a las ovejas descarriadas de Israel.»
Ella los alcanzó y se postró ante él, y le pidió: «Señor, socórreme.» Él le contestó: «No está bien echar a los perros el pan de los hijos.» Pero ella repuso: «Tienes razón, Señor; pero también los perros se comen las migajas que caen de la mesa de los amos.» Jesús le respondió: «Mujer, qué grande es tu fe: que se cumpla lo que deseas.» En aquel momento quedó curada su hija.


Reflexión: Monseñor Santiago Olivera | Obispo de la Diócesis de Cruz del Eje 


Este texto del evangelio que hoy tenemos para reflexionar, de San Mateo donde vemos la insistencia y la fe de una mujer cananea, lo que podríamos decir como primer anuncio, digamos que este primer de Jesús es que coman los hijos a punta mas bien a lo que es Dios, que es su fidelidad porque hay una preferencia histórica pero que no excluyente, el texto que este recurso que parece poco amable pero que se rescata la respuesta inteligente y de Fe de la mujer porque parece claro que nos cuesta de Jesús darle de comer o tirarle pan de los cachorros.

La Fe vemos es la condición que tenemos para llegar al favor de Dios y la salvación o la pertenencia a Jesús se da por la Fe ya no por la raza, cultura o por la nación. Yo pensaba a la luz de este texto q importante que nuestro tiempos, lo que nos esta tocando vivir a todos y fundamentalmente al mundo juvenil con todo lo que se nos viene de futuro, preguntarnos bueno ¿que país es el nuestro?,si realmente pertenecemos porque vivimos la Fe a Jesucristo, si estamos unidos realmente a Jesús.
Por otra parte, vemos que esta mujer cananea que la oración y la fe van unidas, siempre la oración es dialogo y es presentar a Dios lo que nos pasa, lo necesitamos, lo que agradecemos, aquí vemos una oración en acción. Por otra parte, la expresión de la cananea, esto que se acerca “Hijo de David, ten piedad de mi” siempre pienso que es una muy linda expresión para nuestra propia vida, para que la tengamos presente siempre, acercarnos a Jesús, pidiendo que tenga piedad de nosotros, un corazón humillado, corazón humilde, un corazón quebrantado. Dice el salmo tu no lo deprecias.
Y me parece que es muy lindo que frente a Dios, humildemente tengamos que presentar así, necesitados e insistentes , esto es lo que decimos siempre cuando recibimos a Jesús cuando vamos a misa y comulgamos , yo no soy digno que entres en mi casa pero una palabra tuya me salva. Me parece importante que en este texto descubramos esta gran Fe de la mujer que hace que Jesús realmente la alabe.
Pidámosle entonces que esta Fe de la cananea sea realmente un ejemplo para nosotros, porque la Fe supone confianza porque el Señor puede, porque El es generoso, porque el es misericordioso y puede escuchar mi pedido, El ve mi necesidad el se conmueve ante un corazón creyente e insistente, pues pidámosle a Jesús realmente q sabiendo que todo es Gracia y regalo , y que la Fe nos enseña eso ,que podamos pedir sus dones y su regalo, su don de su Amor como fruto de nuestra insistente oración pero recordando siempre que Jesús es el Señor y es el que nos da todo y a El debemos recurrir .
Fuente: http://www.oleadajoven.org.ar/index.php/Articulos/277

martes, 2 de agosto de 2016

Él siempre nos saca de nuestros hundimientos sanos y salvos, a la vez que nos repite: “Animo, soy yo”. Él quiere que tengamos vida. Pero también quiere que aprendamos, por eso interroga nuestra actitud: ¿Por qué dudas, hombre/mujer de poca fe?




Lectura del santo evangelio según san Mateo 14,22-36:
Después que la gente se hubo saciado, Jesús apremió a sus discípulos a que subieran a la barca y se le adelantaran a la otra orilla, mientras él despedía a la gente. Y, después de despedir a la gente, subió al monte a solas para orar. Llegada la noche, estaba allí solo. Mientras tanto, la barca iba ya muy lejos de tierra, sacudida por las olas, porque el viento era contrario. De madrugada se les acercó Jesús, andando sobre el agua. Los discípulos, viéndole andar sobre el agua, se asustaron y gritaron de miedo, pensando que era un fantasma. Jesús les dijo en seguida: «¡Ánimo, soy yo, no tengáis miedo!»
Pedro le contestó: «Señor, si eres tú, mándame ir hacia ti andando sobre el agua.»
Él le dijo: «Ven.» Pedro bajó de la barca y echó a andar sobre el agua, acercándose a Jesús; pero, al sentir la fuerza del viento, le entró miedo, empezó a hundirse y gritó: «Señor, sálvame.» En seguida Jesús extendió la mano, lo agarró y le dijo: «¡Qué poca fe! ¿Por qué has dudado?» En cuanto subieron a la barca, amainó el viento. Los de la barca se postraron ante él, diciendo: «Realmente eres Hijo de Dios.» Terminada la travesía, llegaron a tierra en Genesaret. Y los hombres de aquel lugar, apenas lo reconocieron, pregonaron la noticia por toda aquella comarca y trajeron donde él a todos los enfermos. Le pedían tocar siquiera la orla de su manto, y cuantos la tocaron quedaron curados.

“Señor, si eres tú, mándame ir a ti sobre el agua”

Jesus invita a sus discípulos a pasar a la otra orilla, mientras se despide a la gente. A continuación busca el silencio y se retira al monte a orar. Durante ese tiempo, se ha hecho de noche y la barca se ha alejado de la orilla, siendo zarandeada por las olas a causa del viento. Jesus va a su encuentro caminando sobre las aguas, manifestando así su poder divino sobre las fuerzas del mal que simbolizan las aguas.

En la titubeante barca, el miedo que experimentan los discípulos, les confunde, y hace que no reconozcan a Jesús. El Maestro les responde revelándose a ellos con el nombre con que Dios se revela en el AT: “Yo soy” (Ex 3,14), a la vez que les invita a no temer (Ex 3,6; Jc 6,22-23).Ellos no lo conocen y Él, no sólo se da a conocer, sino que les revela algo nuevo de su identidad.
Pedro, como prototipo del discípulo, pide a Jesús caminar hacia él sobre las aguas. Él también quiere dominar el poder del mal. El Señor lo anima a ello: ¡ven! Pero su miedo es más fuerte y comienza a hundirse. Sabiendo que Jesús es el único que puede salvarlo le grita: “Señor, sálvame”. El Maestro no lo abandona a su suerte, le tiende su mano, pero a la vez le reprocha su falta de fe y le interroga su duda. Suben a la barca y amaina el temporal. Con Jesus en medio de ellos, la barca ya se siente segura. Los otros discípulos realizan un gesto que sólo se hace ante el mismo Dios (cf. Mt 28,17): se postran. Los discípulos reconocen en Jesus al Hijo de Dios.
También, nosotros, discípulos del siglo XXI, en muchas ocasiones, sentimos la barca de nuestra existencia abandonada a las circunstancias, a las hostilidades, a las intemperies de la vida. La falta de fe aparece, y en lugar de descubrir la presencia de Jesús en medio de nuestras tormentas, podemos ver fantasmas. Él siempre nos saca de nuestros hundimientos sanos y salvos, a la vez que nos repite: “Animo, soy yo”. Él quiere que tengamos vida. Pero también quiere que aprendamos, por eso interroga nuestra actitud: ¿Por qué dudas, hombre/mujer de poca fe?
La Beata Juana de Aza, que hoy celebramos, fue una mujer que en todo momento supo fiarse de la providencia divina. A ella Jesús, en vez de recriminarle como a Pedro: “Hombre de poca fe” le diría como a aquella mujer siro-fenicia “Mujer, grande es tu fe” (Mt 15,28). ¿Qué me dice hoy a mí el Señor?
Hna. Mariela Martínez Higueras O.P.
Hna. Mariela Martínez Higueras O.P.
Congregación de Santo Domingo
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viernes, 29 de julio de 2016

Marta es hermana de María: la acción y la contemplación no son enemigas, sino hermanas de una misma familia, la que está basada en el amor de Dios, del que nos habla Juan en la primera lectura. Y aunque en ocasiones salten chispas entre ellas, Jesús nos enseña que hay que aprender a armonizarlas y establecer prioridades. 





Lectura del santo evangelio según san Juan (11,19-27):
En aquel tiempo, muchos judíos habían ido a ver a Marta y a María, para darles el pésame por su hermano. Cuando Marta se enteró de que llegaba Jesús, salió a su encuentro, mientras María se quedaba en casa. Y dijo Marta a Jesús: «Señor, si hubieras estado aquí no habría muerto mi hermano. Pero aún ahora sé que todo lo que pidas a Dios, Dios te lo concederá.»

Jesús le dijo: «Tu hermano resucitará.»

Marta respondió: «Sé que resucitará en la resurrección del último día.»

Jesús le dice: «Yo soy la resurrección y la vida: el que cree en mí, aunque haya muerto, vivirá; y el que está vivo y cree en mí, no morirá para siempre. ¿Crees esto?»

Ella le contestó: «Sí, Señor: yo creo que tú eres el Mesías, el Hijo de Dios, el que tenía que venir al mundo.»



Comentario al Evangelio de hoy viernes, 29 de julio de 2016
José María Vegas, cmf


Si hubieras estado aquí…

Santa Marta se ha convertido en una santa todavía más popular de lo que ya era, gracias a la residencia abierta en tiempos de san Juan Pablo II en el territorio vaticano, y en la que, además, el Papa Francisco, renunciando a sus apartamentos en el Palacio vaticano, se ha establecido ahí para vivir menos aislado, más en comunidad. Santa Marta, que representa en los Evangelios la acogida amistosa de Cristo, parece simbolizar hoy en día una cierta renovación de la Iglesia, en la línea de una vida más simple y austera.


Todos conocemos la suave reconvención que Cristo dirigió a Marta cuando ésta exigía que su hermana María, embelesada por la Palabra del Maestro, le ayudara en sus tareas cotidianas. Y es que se puede acoger a Cristo materialmente (declarándose cristiano, frecuentando la Iglesia y trabajando con diligencia en ella), pero sin que eso suponga una actitud de verdadera escucha y acogida de su palabra, que significa acogerle con el corazón. Todos comprendemos que si alguien nos invita a su casa, y se pasa el tiempo haciendo cosas para que estemos a gusto, pero no nos dedica ni un minuto de tiempo, ni se sienta a conversar con nosotros, todas las otras ocupaciones resultan inútiles, incluso molestas. Acoger materialmente (declararse cristiano, frecuentar la Iglesia y trabajar en ella) es importante, pero para que todo eso dé frutos de verdadera vida cristiana es preciso saber pararse, perder el tiempo, orar, contemplar y escuchar la Palabra del que ha venido a nuestra casa a estar con nosotros.


Marta es hermana de María: la acción y la contemplación no son enemigas, sino hermanas de una misma familia, la que está basada en el amor de Dios, del que nos habla Juan en la primera lectura. Y aunque en ocasiones salten chispas entre ellas, Jesús nos enseña que hay que aprender a armonizarlas y establecer prioridades. Marta aprendió bien la lección. En el Evangelio de hoy es ella la que le dirige un suave reproche a Jesús. Es el que todos le hacemos a Dios cuando perdemos a un ser querido, sobre todo si creemos que todavía no había llegado su hora. El reproche de Marta está, sin embargo, impregnado de confianza. Y es en el precioso diálogo con Jesús donde comprendemos hasta qué punto Marta, sin dejar su talante activo (es ella la que se adelanta a acercarse a Jesús), ha aprendido la lección de la acogida con el corazón, que no es una acogida meramente sentimental, sino en fe. Marta confiesa que el amigo que les ama y al que aman es además el Mesías, que no sólo retrasa la muerte inevitable unos cuantos años, sino que la ha vencido definitivamente, porque Él mismo ha entregado su vida por amor para librarnos definitivamente del pecado y de la muerte.


Cordialmente,


José M. Vegas cmf

jueves, 21 de julio de 2016

Agradezcamos nuestra fe cristiana, estemos contentos de ella. Intentemos que nuestro trato con Jesús sea cercano y no lejano, tal como le trataban aquellos discípulos que estaban junto a Él, que le vieron y oyeron.



Día litúrgico: Jueves XVI del tiempo ordinario
Escuchar audio
Texto del Evangelio (Mt 13,10-17): En aquel tiempo, acercándose los discípulos dijeron a Jesús: «¿Por qué les hablas en parábolas?». Él les respondió: «Es que a vosotros se os ha dado el conocer los misterios del Reino de los Cielos, pero a ellos no. Porque a quien tiene se le dará y le sobrará; pero a quien no tiene, aun lo que tiene se le quitará. Por eso les hablo en parábolas, porque viendo no ven, y oyendo no oyen ni entienden. En ellos se cumple la profecía de Isaías: ‘Oír, oiréis, pero no entenderéis, mirar, miraréis, pero no veréis. Porque se ha embotado el corazón de este pueblo, han hecho duros sus oídos, y sus ojos han cerrado; no sea que vean con sus ojos, con sus oídos oigan, con su corazón entiendan y se conviertan, y yo los sane’.

»¡Pero dichosos vuestros ojos, porque ven, y vuestros oídos, porque oyen! Pues os aseguro que muchos profetas y justos desearon ver lo que vosotros veis, pero no lo vieron, y oír lo que vosotros oís, pero no lo oyeron».


Comentario: Rev. D. Manel MALLOL Pratginestós (Terrassa, Barcelona, España)

«¡... dichosos vuestros ojos, porque ven, y vuestros oídos, porque oyen!»



Hoy, recordamos la "alabanza" dirigida por Jesús a quienes se agrupaban junto a Él: «¡dichosos vuestros ojos, porque ven, y vuestros oídos, porque oyen!» (Mt 13,16). Y nos preguntamos: ¿Van dirigidas también a nosotros estas palabras de Jesús, o son únicamente para quienes lo vieron y escucharon directamente? Parece que los dichosos son ellos, pues tuvieron la suerte de convivir con Jesús, de permanecer física y sensiblemente a su lado. Mientras que nosotros nos contaríamos más bien entre los justos y profetas -¡sin ser justos ni profetas!- que habríamos querido ver y oír.

No olvidemos, sin embargo, que el Señor se refiere a los justos y profetas anteriores a su venida, a su revelación: «Os aseguro que muchos profetas y justos desearon ver lo que vosotros veis, pero no lo vieron» (Mt 13,17). Con Él llega la plenitud de los tiempos, y nosotros estamos en esta plenitud, estamos ya en el tiempo de Cristo, en el tiempo de la salvación. Es verdad que no hemos visto a Jesús con nuestros ojos, pero sí le hemos conocido y le conocemos. Y no hemos escuchado su voz con nuestros oídos, pero sí que hemos escuchado y escuchamos sus palabras. El conocimiento que la fe nos da, aunque no es sensible, es un auténtico conocimiento, nos pone en contacto con la verdad y, por eso, nos da la felicidad y la alegría.

Agradezcamos nuestra fe cristiana, estemos contentos de ella. Intentemos que nuestro trato con Jesús sea cercano y no lejano, tal como le trataban aquellos discípulos que estaban junto a Él, que le vieron y oyeron. No miremos a Jesús yendo del presente al pasado, sino del presente al presente, estemos realmente en su tiempo, un tiempo que no acaba. La oración -hablar con Dios- y la Eucaristía -recibirle- nos aseguran esta proximidad con Él y nos hacen realmente dichosos al mirarlo con ojos y oídos de fe. «Recibe, pues, la imagen de Dios que perdiste por tus malas obras» (San Agustín).

miércoles, 13 de julio de 2016

Tomando su yugo el yugo de Jesús se nos hará ligera la carga, porque su yugo no es opresivo ni duro, sino que con él nos entrega su Amor, aligera nuestra carga, nos da su paz y nos ayuda a caminar siempre adelante...




Lectura del santo evangelio según san Mateo 11,28-30:
En aquel tiempo, exclamó Jesús: «Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados, y yo os aliviaré. Cargad con mi yugo y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón, y encontraréis vuestro descanso. Porque mi yugo es llevadero y mi carga ligera.»
  • Venid a mi

Fuente: http://www.dominicos.org

Qué magnífico retrato de Dios, tenemos en el Evangelio de Dios:
Dice Jesús “Venid a mi”
Cuando éramos pequeños y comenzábamos a mantenernos en pie, nuestros padres agachándose, para ponerse a nuestra altura, abrían los brazos y con mucho cariño nos decía ven… y, con cuánta confianza íbamos hacia ellos, aunque cayéramos sonreíamos, porque ellos eran nuestra seguridad.
Pues… es fácil reconocer al Señor Jesús haciendo lo mismo con nosotros, sólo que, como Él es Dios, puede llamarnos a todos a ir a Él, por eso nos dice: venid A mi, dejad a un lado vuestros problemas, y… si estáis cansados y agobiados yo os aliviaré.
Sí, junto a Dios es donde únicamente encuentra descanso nuestro cuerpo, nuestra alma y nuestro espíritu.
Tomando su yugo el yugo de Jesús se nos hará ligera la carga, porque su yugo no es opresivo ni duro, sino que con él nos entrega su Amor, aligera nuestra carga, nos da su paz y nos ayuda a caminar siempre adelante.
El yugo del Señor es el amor fraterno, la ayuda fraterna, siendo alivio y consuelo para quienes conviven con nosotros con actitud mansa y humilde, imitando con ello a Jesús.
Jesús nos invita a caminar a su lado, ven nos dice: Su cercanía actúa de bálsamo, de calmante, de medicina, nos sana, nos vigoriza, nos ayuda a relativizar los problemas de cada día que pueden llegar incluso a quitarnos Su paz.
Venid es un imperativo, un fuerte súplica de Jesús hacia nosotros, expresando con ello el deseo de su Corazón compasivo: aprended de mi, cambiad el estilo de vuestra vida, tomad una actitud de aprendiz.
Sabemos que hoy tenemos multitud de hermanos extenuados que viven en países pobres, o son desplazados, o, refugiados emigrando de lo suyo propio con gran riesgo de su propia vida. La mirada de Cristo se posa sobre cada uno de ellos y les dice: venid a mí todos… encontraréis descanso para vuestras almas.
Monjas Dominicas Contemplativas Monjas Dominicas Contemplativas 
Monasterio de Santa Catalina de Siena (Paterna)
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¿Excluye esta predilección a los otros? Dios no excluye a nadie. Pero sucede que, a veces, hay personas que piensan que no necesitan a Dios; y, así, se excluyen ellos mismos...


Lectura del santo evangelio según san Mateo 11,25-27 :
En aquel tiempo, exclamó Jesús: «Te doy gracias, Padre, Señor de cielo y tierra, porque has escondido estas cosas a los sabios y entendidos y se las has revelado a la gente sencilla. Sí, Padre, así te ha parecido mejor. Todo me lo ha entregado mi Padre, y nadie conoce al Hijo más que el Padre, y nadie conoce al Padre sino el Hijo, y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar.»

  • Revelado a los sencillos 

Fuente:http://www.dominicos.org
Hace unos cincuenta años, terminado el Concilio Vaticano II, oí la descripción que se hizo de la sencillez, en forma de viñeta que nunca llegué a ver. Aparecía el desierto, en él una roca, y, sobre ella, dos sotanas con dos sombreros eclesiásticos inconfundibles, describiendo a dos teólogos del entonces reciente Concilio. Tenían la mano derecha en la frente haciendo de visera intentando ver a Dios. Al Dios que, detrás de ellos, jugaba con dos niños, y los tres se reían de los fracasados teólogos.
Esto no significa crítica alguna hacia los teólogos, cuyo encomiable trabajo nunca agradeceremos lo suficiente, sino manifestación de la predilección que Dios siente hacia los de corazón limpio, los que, siendo adultos, confían, aman y esperan como niños, y, como ellos, son transparentes, cándidos e inocentes.
¿Excluye esta predilección a los otros? Dios no excluye a nadie. Pero sucede que, a veces, hay personas que piensan que no necesitan a Dios; y, así, se excluyen ellos mismos. En el Evangelio tenemos ejemplos de personas sencillas, atendidas incondicionalmente por Jesús; escribas y fariseos que creían no necesitarle para nada; y algunos otros fariseos –Nicodemo, José de Arimatea, Simón, etc.- que, siendo instruidos, acuden a Jesús y creen en él. Así hay que entender el “Te doy gracias, Padre, Señor de cielo y tierra, porque has escondido estas cosas a los sabios y entendidos, y se las has revelado a la gente sencilla”.
Fray Hermelindo Fernández RodríguezFray Hermelindo Fernández Rodríguez
La Virgen del Camino
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jueves, 26 de mayo de 2016

Aprendamos nosotros a gritar, a suplicar al Señor como este ciego: con fe, con una confianza audaz, con un corazón humilde: “Jesús, Hijo de David, ten compasión de mí.” 

miércoles, 3 de febrero de 2016

A veces no creemo en Jesus ni cuando lo tenemos en frente.

martes, 27 de octubre de 2015



El Reino de Dios pide nuestra colaboración.2015-10-27


Oración preparatoria (para ponerme en presencia de Dios)

Ven, Espíritu Santo, y llena y fermenta mi corazón de amor por Ti. Con tu gracia podré corresponder al amor de Cristo me tiene. Yo no soy digno de este amor, pero imploro tu misericordia. Gracias por tu amorosa presencia dentro de mí.

Evangelio del día, (para orientar tu meditación) 

Del santo Evangelio según san Lucas 13, 18-21

En aquel tiempo, Jesús dijo: "¿A qué se parece el Reino de Dios? ¿Con que podré compararlo? Se parece a un la semilla de mostaza que un hombre sembró en una huerta; creció y se convirtió  en un arbusto grande y los pájaros anidaron en sus ramas".

Y dijo de nuevo: "¿Con que podré comparar el Reino de Dios? Con la levadura que una mujer mezcla con tres medidas de harina y que hace fermentar toda la masa".

Palabra del Señor.

Reflexiona lo que Dios te dice en el Evangelio (te sugerimos leer esto que dijo el Papa)


«La imagen del grano de mostaza. Si bien es el más pequeño de todas las semillas está lleno de vida y crece hasta volverse ’más grande que todas las plantas de huerto’.

Así es el reino de Dios: una realidad humanamente pequeña y aparentemente irrelevante. Para entrar a ser parte es necesario ser pobres en el corazón; no confiarse en las propias capacidades sino en la potencia del amor de Dios; no actuar para ser importantes a los ojos de mundo, sino preciosos a los ojos de Dios, que tiene predilección por simples y los humildes.

Cuando vivimos así, a través de nosotros irrumpe la fuerza de Cristo y transforma lo que es pequeño y modesto en una realidad que hace fermentar a toda la masa del mundo y de la historia.

De estas dos parábolas nos viene una enseñanza importante: el Reino de Dios pide nuestra colaboración, si bien es sobretodo iniciativa y un don del Señor. Nuestra débil obra aparentemente pequeña delante de los problemas del mundo, si se inserta en la de Dios y no tiene miedo de las dificultades.

La victoria del Señor es segura, su amor hará crecer cada semilla de bien presente en la tierra. Esto nos abre a la confianza y al optimismo a pesar de los dramas, las injusticias, y los sufrimientos que encontramos. La semilla del bien y de la paz germina y se desarrolla, porque lo hace madurar el amor misericordioso de Dios.» (Ángelus de S.S. Francisco, 14 de junio de 2015).

Diálogo con Cristo

Ésta es la parte más importante de tu oración, disponte a platicar con mucho amor con Aquel que te ama.

Propósito

Proponte uno personal. El que más amor implique en respuesta al Amado… o, si crees que es lo que Dios te pide, vive lo que se te sugiere a continuación.

Para colaborar en la extensión del Reino de Dios, hoy no me voy a quejar, mejor voy a ver lo que puedo hacer para aliviar las cargas y los sufrimientos de los demás.

«Cada cristiano debe hacer presente a Cristo entre los hombres; debe obrar de tal manera que quienes le traten perciban el buen olor de Cristo; debe actuar de modo que, a través de las acciones del discípulo, pueda descubrirse el rosto del Maestro.»

(San J. Escriva de Balaguer, Es Cristo que pasa, n. 105)

lunes, 14 de septiembre de 2015


Evangelio de hoy 
Lucas 7, 1-10

En aquel tiempo, cuando Jesús terminó de hablar a la gente, entró en Cafarnaúm. Había allí un oficial romano, que tenía enfermo y a punto de morir a un criado muy querido. Cuando le dijeron que Jesús estaba en la ciudad, le envió a algunos de los ancianos de los judíos para rogarle que viniera a curar a su criado. Ellos, al acercarse a Jesús, le rogaban encarecidamente, diciendo: "Merece que le concedas ese favor, pues quiere a nuestro pueblo y hasta nos ha construido una sinagoga". Jesús se puso en marcha con ellos.

Cuando ya estaba cerca de la casa, el oficial romano envió unos amigos a decirle: "Señor, no te molestes, porque yo no soy digno de que tú entres en mi casa; por eso ni siquiera me atreví a ir personalmente a verte. Basta con que digas una sola palabra y mi criado quedará sano. Porque yo, aunque soy un subalterno, tengo soldados bajo mis órdenes y le digo a uno: ¡Ve!, y va; a otro: ¡Ven!, y viene; y a mi criado: ¡Haz esto!, y lo hace".

Al oír esto, Jesús quedó lleno de admiración, y volviéndose hacia la gente que lo seguía, dijo: "Yo les aseguro que ni en Israel he hallado una fe tan grande". Los enviados regresaron a la casa y encontraron al criado perfectamente sano.

Reflexión 
En este pasaje de Jesús, podemos ver la conjugación de dos elementos que son fundamentales en la vida espiritual: la fe y la intercesión. Quisiera destacar hoy la importancia de los AMIGOS en la vida espiritual.

Ya en el pasaje del paralítico que fue llevado en camilla por unos amigos, podemos ver lo importante que es tener buenos amigos en nuestra vida de fe, pues muchas veces, como en estos dos casos, ellos son el medio para que Dios se manifieste con poder en nuestra vida o en la vida de nuestros seres queridos. Un buen amigo siempre estará dispuesto a orar por ti, a interceder por tus necesidades, es más, a orar contigo. Un buen amigo sabrá presentar tus necesidades al Señor como si fueras tú mismo, pues te ama y tus problemas son SUS PROBLEMAS. 

Por ello dice el libro del Eclesiástico que "quien encuentra un amigo encuentra un tesoro". Valora a tus amigos y busca acrecentar su número, ellos pueden ser el instrumento para que la bendición de Dios llegue a tu vida y a la de tu familia. 

Permite que el amor de Dios llene hoy tu vida. Ábrele tu corazón.
Como María, todo por Jesús y para Jesús.
Pbro. Ernesto María Caro

miércoles, 5 de agosto de 2015

Jesús exclama: "qué grande es tu fe". Lo importante no es, entonces, simplemente el hecho de ser bautizados, sino el hecho de que la fe en Cristo, como Dios y Señor, se manifieste a los demás. Fe que debe ser patente en una relación amorosa y confiada en la providencia de Dios y, al mismo tiempo, en caridad y misericordia para con los que nos rodean. 

lunes, 3 de agosto de 2015

... Jesús fue a un lugar solitario. En cuanto lo supieron las gentes, salieron tras Él viniendo a pie de las ciudades. Al desembarcar, vio mucha gente, sintió compasión de ellos y curó a sus enfermos. 

Al atardecer se le acercaron los discípulos diciendo: «El lugar está deshabitado, y la hora es ya pasada. Despide, pues, a la gente, para que vayan a los pueblos y se compren comida». Mas Jesús les dijo: «No tienen por qué marcharse; dadles vosotros de comer». Dícenle ellos: «No tenemos aquí más que cinco panes y dos peces». Él dijo: «Traédmelos acá». 

Y ordenó a la gente reclinarse sobre la hierba; tomó luego los cinco panes y los dos peces, y levantando los ojos al cielo, pronunció la bendición y, partiendo los panes, se los dio a los discípulos y los discípulos a la gente. Comieron todos y se saciaron, y recogieron de los trozos sobrantes doce canastos llenos. Y los que habían comido eran unos cinco mil hombres, sin contar mujeres y niños.

Comentario: Rev. D. Xavier ROMERO i Galdeano (Cervera, Lleida, España)

«Levantando los ojos al cielo...»

Hoy, el Evangelio toca nuestros “bolsillos mentales”... Por esto, como en tiempos de Jesús, pueden aparecer las voces de los prudentes para sopesar si vale la pena tal asunto. Los discípulos, al ver que se hacía tarde y que no sabían cómo atender a aquel gentío reunido en torno a Jesús, encuentran una salida airosa: «Que vayan a los pueblos y se compren comida» (Mt 14,15). Poco se esperaban que su Maestro y Señor les fuera a romper este razonamiento tan prudente, diciéndoles: «Dadles vosotros de comer» (Mt 14,16).

Un dicho popular dice: «Quien deja a Dios fuera de sus cuentas, no sabe contar». Y es cierto, los discípulos —nosotros tampoco— no sabemos contar, porque olvidamos frecuentemente el sumando de mayor importancia: Dios mismo entre nosotros.

Los discípulos realizaron bien las cuentas; contaron con exactitud el número de panes y de peces, pero al dividirlos mentalmente entre tanta gente, les salía casi un cero periódico; por eso optaron por el realismo prudente: «No tenemos aquí más que cinco panes y dos peces» (Mt 14,17). ¡No se percatan de que tienen a Jesús —verdadero Dios y verdadero hombre— entre ellos!

Parafraseando a san Josemaría, no nos iría mal recordar aquí que: «En las empresas de apostolado, está bien —es un deber— que consideres tus medios terrenos (2 + 2 = 4), pero no olvides ¡nunca! que has de contar, por fortuna, con otro sumando: Dios + 2 + 2...». El optimismo cristiano no se fundamenta en la ausencia de dificultades, de resistencias y de errores personales, sino en Dios que nos dice: «He aquí que yo estoy con vosotros todos los días hasta el fin del mundo» (Mt 28,20).

Sería bueno que tú y yo, ante las dificultades, antes de dar una sentencia de muerte a la audacia y al optimismo del espíritu cristiano, contemos con Dios. Ojalá que podamos decir con san Francisco aquella genial oración: «Allí donde haya odio que yo ponga amor»; es decir, allí donde no salgan las cuentas, que cuente con Dios.

lunes, 20 de julio de 2015


Evangelio (Mt12,38-42): En aquel tiempo, le interpelaron algunos escribas y fariseos: «Maestro, queremos ver una señal hecha por ti». Mas Él les respondió: «¡Generación malvada y adúltera! Una señal pide, y no se le dará otra señal que la señal del profeta Jonás.
Porque de la misma manera que Jonás estuvo en el vientre del cetáceo tres días y tres noches, así también el Hijo del hombre estará en el seno de la tierra tres días y tres noches. Los ninivitas se levantarán en el Juicio con esta generación y la condenarán; porque ellos se convirtieron por la predicación de Jonás, y aquí hay algo más que Jonás. La reina del Mediodía se levantará en el Juicio con esta generación y la condenará; porque ella vino de los confines de la tierra a oír la sabiduría de Salomón, y aquí hay algo más que Salomón».

Comentario: + Rev. D. Lluís ROQUÉ i Roqué (Manresa, Barcelona, España)

«Maestro, queremos ver una señal hecha por ti»

Hoy contemplamos en el Evangelio a algunos maestros de la Ley y fariseos deseando que Jesús demuestre su procedencia divina con una señal prodigiosa (cf. Mt 12,38). Ya había realizado muchas, suficientes para mostrar no solamente que venía de Dios, sino que era Dios. Pero, aun con los muchos milagros realizados, no tenían bastante: por más que hubiera hecho, no habrían creído.

Jesús, con tono profético, tomando ocasión de una señal prodigiosa del Antiguo Testamento, anuncia su muerte, sepultura y resurrección: «De la misma manera que Jonás estuvo en el vientre del cetáceo tres días y tres noches, así también el Hijo del hombre estará en el seno de la tierra tres días y tres noches» (Mt 12,40), saliendo de ahí lleno de vida.

Los de Nínive, por la conversión y la penitencia, recobraron la amistad con Dios. También nosotros, por la conversión, la penitencia y el bautismo, hemos sido sepultados con Cristo, y vivimos por Él y en Él, ahora y por siempre, habiendo dado un verdadero paso “pascual”: paso de muerte a vida, del pecado a la gracia. Liberados de la esclavitud del demonio, llegamos a ser hijos de Dios. Es “el gran prodigio”, que ilustra nuestra fe y la esperanza de vivir amando como Dios manda, para poseer a Dios Amor en plenitud.

Gran prodigio, tanto el de la Pascua de Jesús como el de la nuestra por el bautismo. Nadie los ha visto, ya que Jesús salió del sepulcro, lleno de vida, y nosotros del pecado, llenos de vida divina. Lo creemos y vivimos evitando caer en la incredulidad de quienes quieren ver para creer, o de los que quisieran a la Iglesia sin la opacidad de los humanos que la componemos. Que nos baste el hecho Pascual de Cristo, que tan hondamente repercute en todos los humanos y en toda la creación, y es causa de tantos “milagros de la gracia”.

La Virgen María se fió de la Palabra de Dios, y no tuvo que correr al sepulcro para embalsamar el cuerpo de su Hijo y para comprobar el sepulcro vacío: simplemente creyó y “vio”.

lunes, 13 de julio de 2015

Evangelio de hoy 
Mateo 10, 34-11, 1

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus apóstoles: "No piensen que he venido a traer la paz a la tierra; no he venido a traer la paz, sino la guerra. He venido a enfrentar al hijo con su padre, a la hija con su madre, a la nuera con su suegra; y los enemigos de cada uno serán los de su propia familia.

El que ama a su padre o a su madre más que a mí, no es digno de mí; el que ama a su hijo o a su hija más que a mí, no es digno de mí; y el que no toma su cruz y me sigue, no es digno de mí.

El que salve su vida, la perderá y el que la pierda por mí, la salvará.

Quien los recibe a ustedes, me recibe a mí; y quien me recibe a mí, recibe al que me ha enviado.

El que recibe a un profeta por ser profeta, recibirá recompensa de profeta; el que recibe a un justo por ser justo, recibirá recompensa de justo.

Quien diere, aunque no sea más que un vaso de agua fría a uno de estos pequeños, por ser discípulo mío, yo les aseguro que no perderá su recompensa".

Cuando acabó de dar instrucciones a sus doce discípulos, Jesús partió de ahí para enseñar y predicar en otras ciudades.

Reflexión 
En este pasaje, Jesús afirma la superioridad del Reino sobre cualquier otro valor en el mundo, incluyendo los más valiosos, como puede ser la misma familia. Debemos notar que el término que utiliza Jesús es un término de relatividad, es decir: "más que". Por ello, cuando cualquier valor se opone al Reino, aquél debe ser tenido por menos. 

Y es que la realidad y los valores del mundo, como lo ha hecho ver Jesús, muchas veces son diversos e incluso contrarios, a los del Reino, lo que crea un antagonismo de parte del mundo contra el cristiano. La misma familia no está exenta de esta realidad. Es la invitación clara de Jesús de llevar nuestra vida cristiana hasta las últimas consecuencias. 

Esto no es fácil, por ello dice: "el que no toma su cruz y me sigue" pues, si es difícil ser rechazado por el mundo, lo es mucho más serlo por la propia familia. No se trata de rechazar ni al mundo ni a la familia ni a los amigos, se trata de amar, por sobre todas las cosas, a Jesús y la vida evangélica, y de hacer una opción radical que nos lleve a transparentar a Jesús. Es una opción de fidelidad TOTAL. 

Permite que el amor de Dios llene hoy tu vida. Ábrele tu corazón.
Como María, todo por Jesús y para Jesús.
Pbro. Ernesto María Caro 

lunes, 6 de julio de 2015

e Él diciendo: «Mi hija acaba de morir, pero ven, impón tu mano sobre ella y vivirá». Jesús se levantó y le siguió junto con sus discípulos. En esto, una mujer que padecía flujo de sangre desde hacía doce años se acercó por detrás y tocó la orla de su manto. Pues se decía para sí: «Con sólo tocar su manto, me salvaré». Jesús se volvió, y al verla le dijo: «¡Ánimo!, hija, tu fe te ha salvado». Y se salvó la mujer desde aquel momento. 

Al llegar Jesús a casa del magistrado y ver a los flautistas y la gente alborotando, decía: «¡Retiraos! La muchacha no ha muerto; está dormida». Y se burlaban de Él. Mas, echada fuera la gente, entró Él, la tomó de la mano, y la muchacha se levantó. Y la noticia del suceso se divulgó por toda aquella comarca.

Comentario: Rev. D. Antoni CAROL i Hostench (Sant Cugat del Vallès, Barcelona, España)

«Tu fe te ha salvado»

Hoy, la liturgia de la Palabra nos invita a admirar dos magníficas manifestaciones de fe. Tan magníficas que merecieron conmover el corazón de Jesucristo y provocar —inmediatamente— su respuesta. ¡El Señor no se deja ganar en generosidad!

«Mi hija acaba de morir, pero ven, impón tu mano sobre ella y vivirá» (Mt 9,18). Casi podríamos decir que con fe firme “obligamos” a Dios. A Él le gusta esta especie de obligación. El otro testimonio de fe del Evangelio de hoy también es impresionante: «Con sólo tocar su manto, me salvaré» (Mt 9,22).

Se podría afirmar que Dios, incluso, se deja “manipular” de buen grado por nuestra buena fe. Lo que no admite es que le tentemos por desconfianza. Éste fue el caso de Zacarías, quien pidió una prueba al arcángel Gabriel: «Zacarías dijo al ángel: ‘¿En qué lo conoceré?’» (Lc 1,18). El Arcángel no se arredró ni un pelo: «Yo soy Gabriel, el que está delante de Dios (...). Mira, te vas a quedar mudo y no podrás hablar hasta el día en que sucedan estas cosas, porque no diste crédito a mis palabras, las cuales se cumplirán a su tiempo» (Lc 1,19-20). Y así fue.

Es Él mismo quien quiere “obligarse” y “atarse” con nuestra fe: «Yo os digo: Pedid y se os dará; buscad y hallaréis; llamad y se os abrirá» (Lc 11,9). Él es nuestro Padre y no quiere negar nada de lo que conviene a sus hijos.

Pero es necesario manifestarle confiadamente nuestras peticiones; la confianza y connaturalizar con Dios requieren trato: para confiar en alguien le hemos de conocer; y para conocerle hay que tratarle. Así, «la fe hace brotar la oración, y la oración —en cuanto brota— alcanza la firmeza de la fe» (San Agustín). No olvidemos la alabanza que mereció Santa María: «¡Feliz la que ha creído que se cumplirían las cosas que le fueron dichas de parte del Señor!» (Lc 1,45).