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viernes, 9 de diciembre de 2016

Amado Jesús, gracias por tu amor y tu paz que en este momento de oración estoy recibiendo. Quiero solicitarte hoy tu ayuda poderosa para librarme de las trampas de aquellos que quieren verme caer. Ven y actúa con toda tu protección y que tu gracia me abrigue y me conforte en medio de esta prueba. Quiero vivir para Ti, amarte y abrirme a nuevas experiencias de amor que me regalas a diario. Te pido por todos aquellos que están alejados de tu Palabra para que también puedan conocer todas tus bondades. Ayúdame a vivir comprometido con el bien y hacer lo que Tú quieres que haga. Amén


Santo Evangelio según San Mateo 11,16-19

Reproche de Jesús a los suyos: En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos ¿Con quién puedo comparar a esta generación? Se parece a esos muchachos que, sentados en la plaza, gritan a los otros: "¡Les tocamos la flauta, y ustedes no bailaron! ¡Entonamos cantos fúnebres, y no lloraron!" Porque llegó Juan, que no come ni bebe, y ustedes dicen: "¡Ha perdido la cabeza!" Llegó el Hijo del hombre, que come y bebe, y dicen: "Es un glotón y un borracho, amigo de publicanos y pecadores". Pero la Sabiduría ha quedado justificada por sus obras" Palabra del Señor.

Reflexión del Papa Francisco

Jesús compara la generación de su tiempo con aquellos muchachos siempre descontentos que no saben jugar con felicidad, que rechazan siempre la invitación de los otros: si hay música, no bailan; si se canta un canto de lamento, no lloran … ninguna cosa les está bien.
Aquella gente no estaba abierta a la Palabra de Dios. Su rechazo no es al mensaje, es al mensajero. Rechazan a Juan el Bautista, que no come y no bebe pero dicen que ¡es un endemoniado!. Rechazan a Jesús, porque dicen que es un glotón, un borracho, amigo de publicanos y pecadores. Siempre tienen un motivo para criticar al predicador.
Y ellos, la gente de aquel tiempo, preferían refugiarse en una religión más elaborada: en los preceptos morales, como aquel grupo de fariseos; en el compromiso político, como los saduceos; en la revolución social, como los zelotas; en la espiritualidad gnóstica, como los esenios. Con su sistema bien limpio, bien hecho. Pero al predicador, no.
Jesús les hace recordar: "Sus padres han hecho lo mismo con los profetas". El pueblo de Dios tiene una cierta alergia por los predicadores de la Palabra: a los profetas, los ha perseguido, los ha asesinado.
Estas personas dicen aceptar la verdad de la revelación, pero al predicador, la predicación, no. Prefieren una vida enjaulada en su preceptos, en sus compromisos, en sus planes revolucionarios o en su espiritualidad desencarnada. Son aquellos cristianos siempre descontentos de lo que dicen los predicadores.
Estos cristianos que son cerrados, que están enjaulados, estos cristianos tristes … no son libres. ¿Por qué? Porque tienen miedo de la libertad del Espíritu Santo, que viene a través de la predicación. Y este es el escándalo de la predicación, del que hablaba San Pablo: el escándalo de la predicación que termina en el escándalo de la Cruz.
Escandaliza el hecho que Dios nos hable a través de hombres con límites, hombres pecadores: ¡escandaliza! Y escandaliza más que Dios nos hable y nos salve a través de un hombre que dice que es el Hijo de Dios y que termina como un criminal. Eso escandaliza.
Estos cristianos tristes no creen en el Espíritu Santo, no creen en aquella libertad que viene de la predicación, que te advierte, te enseña, te abofetea, también; pero que es precisamente la libertad que hace crecer a la Iglesia. (Homilía en Santa Marta, 13 de diciembre de 2013)

jueves, 17 de noviembre de 2016

Él está llegando con su amor, con su amor creador y su amor redentor, pero quiere nuestra respuesta, nos hace hijos suyos para que le respondamos con nuestro amor, y así nuestra salvación no sea solamente un don suyo, sino también un mérito nuestro.




Evangelio según San Lucas 19,41-44

"Cuando estuvo cerca y vio la ciudad, se puso a llorar por ella, diciendo: "¡Si tú también hubieras comprendido en este día el mensaje de paz! Pero ahora está oculto a tus ojos. Vendrán días desastrosos para ti, en que tus enemigos te cercarán con empalizadas, te sitiarán y te atacarán por todas partes. Te arrasarán junto con tus hijos, que están dentro de ti, y no dejarán en ti piedra sobre piedra, porque no has sabido reconocer el tiempo en que fuiste visitada por Dios".

Palabra de Dios
 


Reflexión: Monseñor Estanislao Karlic Obispo Emérito de la Arquidiócesis de Paraná

El Evangelio de San Lucas nos dice: “Cuando estuvo cerca y vio la ciudad, (habla de Jesús) se puso a llorar por ella, diciendo “Si tú también hubieras comprendido en este día el mensaje de paz. Pero ahora está oculto a tus ojos. Vendrán días desastrosos para ti, en que tus enemigos te cercarán con empalizadas te cercarán y te atacarán por todas partes, te arrasarán junto con tus hijos que están dentro de ti, y no dejarán en ti piedra sobre piedra, porque no has sabido reconocer el tiempo en que fuiste visitada por Dios.”



En este punto quisiéramos nosotros detenernos en nuestra meditación, “porque no has sabido reconocer el tiempo en que fuiste visitada por Dios”. El Evangelio nos quiere advertir sobre la necesidad de estar atentos al momento en que Dios se acerca a nosotros, porque el Señor siempre quiere darnos algo nuevo, quiere llamarnos con todo su amor a la respuesta de nuestra vida.



El tiempo, hemos dicho algunas veces, no es algo que pasa, es alguien que viene, Jesucristo. Como decimos, hablando de Navidad, el tiempo es un Adviento, un advenimiento, el de Jesús. Dios que nos creó sin nosotros, no nos salvará sin nosotros. Él está llegando con su amor, con su amor creador y su amor redentor, pero quiere nuestra respuesta, nos hace hijos suyos para que le respondamos con nuestro amor, y así nuestra salvación no sea solamente un don suyo, sino también un mérito nuestro.



Podemos y debemos responder con toda la fuerza de nuestra voluntad, con toda la fuerza de nuestra libertad. Nos ofrece la gracia y la gloria, se nos ofrece como vida nuestra, a todos, siempre. Esta es nuestra dignidad, el poder ser hijos de Dios, el participar, cuando nos abrimos al amor del Señor, de la vida de Jesús; estamos llamados a ser hijos para obrar como hijos, es decir, estamos llamados a participar del misterio filial de Jesús, y estamos llamados a participar de su amor gratuito, generoso, hasta la muerte.



Eso lo sabemos de Jesús, como nuestro destino permanente, hoy también, hoy nos llama, hoy nos visita, hoy nos impulsa a la buena respuesta, hoy podemos y debemos responder. Qué maravilla es descubrir así la grandeza de todo momento, qué maravilla es descubrir que hoy puedo hacer algo que merezca la gloria eterna, porque hoy puedo responder amando, con toda la fuerza de mi alma y cumplir la voluntad de Dios.



Esto no es fácil, el Señor debió entregarse en la cruz para acabar de redimirnos, hoy también nosotros debemos participar de ese amor crucificado, para vencer como Él venció, ser bueno es vencer la tentación de la maldad, la tentación del pecado, es bueno el que vence. Hoy es día de victoria, también en la Argentina, también en este mundo, también para mí; hoy es día de victoria porque hoy es día capaz de mi obediencia evangélica al Señor.



Intentamos así la solemnidad de la vida, en la confianza de la vida de familia, cada momento tiene que tener esta profundidad, viviendo como hijos delante de nuestro Padre, como Jesús está eternamente delante de su Padre Dios; vivir en esa confianza pero con toda la responsabilidad de saber que tenemos que hacer siempre su voluntad, toda su voluntad. La solemnidad de la vida es el amor de la obediencia que imita a Jesús; siempre, si tenemos la gracia de dejarnos ganar por Jesucristo, siempre podremos vivir esta profundidad de nuestro misterio.



Hoy sé que estoy viviendo, bendito sea el Señor, hoy sé que estoy llamado a cumplir con esta maravilla; amar como Jesús me amó, amar con un amor total como el de Jesús en la cruz, que mereció la Resurrección. Si así es la respuesta, así también será hoy la gracia que el Señor me dará, que es comienzo de la gloria eterna. Que así sea.

martes, 15 de noviembre de 2016

¡Bendita pequeñez que nos llevó al encuentro con el Señor! ¡Bendita angustia que nos lleva al Padre, a reconocerlo como Dios e implorar su ayuda, cuando no podemos más! 

 

 

 

 El Sicómoro de Zaqueo. (Lucas 19, 1-10.)

Fuente: http://www.camino-neocatecumenal.org/camineo.info/news/121/ARTICLE/2621/2007-04-22.html

22-04-2007

Ángel Bellido Alem

(CAMINEO.INFO)- Habiendo entrado en Jericó, atravesaba la ciudad. Había un hombre llamado Zaqueo, que era jefe de publicanos, y rico. Trataba de ver quien era Jesús, pero no podía a causa de la gente, porque era de pequeña estatura. Se adelantó corriendo y se subió a un sicómoro para verle, pues iba pasar por allí. Y cuando Jesús llegó a aquel sitio, alzando la vista le dijo: "Zaqueo, baja pronto; porque conviene que hoy me quede en tu casa". Se apresuró a bajar y le recibió con alegría. Al verlo todos murmuraban diciendo: "ha ido a hospedarse a casa de un pecador". Zaqueo puesto en pié, dijo al Señor: "Daré la mitad de mis bines a los pobres; y si en algo defraudé a alguien le devolveré el cuádruplo". Jesús le dijo: " Hoy ha llegado la salvación ha esta casa, porque también éste es hijo de Abraham, pues el Hijo del Hombre ha venido a buscar y salvar lo que estaba perdido.
 
 
 
No trataremos todos los aspectos de esta palabra, como cabría, dado que trata abundantemente de muchos matices como por ejemplo: De la búsqueda del encuentro con el Señor.  De los métodos para esta búsqueda. De los efectos de la conversión.  Del desprendimiento de bienes. De la acogida en la casa de uno, etc. Hay para escribir largo y tendido sobre esta riquísima palabra, que no tiene desperdicio. Nos vamos a centrar en el árbol, El sicómoro, que es casi lo más accesorio, lo que pasa más desapercibido, de lo que casi nadie se refiere, y que no es ciertamente insignificante en nuestra vida. Por ello desvelamos rápidamente lo que entendemos que es el sicómoro.
En toda la cristiandad, la figura de Maria como portadora de Jesús al hombre tiene suma importancia, como lo son los profetas, portadores que anuncian al hombre a Jesús, así de igual forma sucede con todo acontecimiento del que se vale el Señor para anunciarse, o hacerse visible, por ello, el sicómoro sin más es la figura del elemento propicio para que tu y yo nos encontremos con Jesús, que es nuestro Moisés, que nos conduce a la vida libre, en medio de toda la iniquidad propia y ajena.

Sobre la falsa interpretación de las vicisitudes:
El sufrimiento tiene muchas vertientes, y sabemos de algunas de ellas, porque con sufrimiento nos ha rescatado el Señor, cuyo sufrir le ha llevado hasta la muerte. De todas las vertientes una de ellas es que el sufrimiento te saca de la burguesía, de la fantasía, de la nube acolchada de cada día y te sitúa en la realidad absoluta.
La pretensión del sufrimiento, no tiene respuesta, no sabemos la mayor parte de las veces ¿por qué? Solo Dios lo sabe. Pero seguro que no es humillar, ni disminuir al ser querido por Dios, pero puede servir para vaciar del orgullo personal al ser, para poderse remitirse al creador, para acercarse sobre la realidad al Señor de los Señores, y así solicitar impetrar su ayuda.
Otra cosa es que, el orgulloso se ve agredido al contemplar su debilidad, y su ofensa le conduce a separarse de Dios, a juzgarlo como injusto, en lugar de ver la Misericordia, que Dios tiene para con nosotros, que nos despoja de lo que nos sobra, de lo que nos habíamos creído falsamente, y ha poder dirigirnos sobre nuestra verdad a Dios libres de lo que no éramos, de loque nuestra vanidad falsamente nos había echo creer y que nos impide ver a Dios que está solo en la verdad.
También a nivel existencial puede uno darse cuenta que cualquier circunstancia de sufrimiento de limitación en nuestros proyectos que se nos presenta como la oportunidad de vislumbrar al Señor, son aspectos que se parecen al sicómoro. Por eso, cuando empezamos a sufrir, el Señor nos convoca a solicitar su ayuda, a buscarlo a tener interés por el. Por ello, las circunstancias que nos llevan a la cruz que es nuestro árbol por excelencia son paralelos del sicómoro.
Desde la altura de la Cruz las garantías del encuentro con el Señor son totales, allí el Señor está, súbete sin dudar, que este madero te permitirá comprender¿qué me pasa?, ¿porqué te llama el Señor? ¿por qué desea encontrarse contigo?, ¿por qué conoce tu nombre y se hace el encontradizo?. No creas que el desee que sufras, o que te veas limitado en las cosas temporales y terrenas, es justo todo lo contrario, El Señor desea que seas feliz por encima de las cosas que nos rodean, que te trasciendas, que alargues la vista y veas parte del cielo, por encima de la cizaña que nos impide ver a Dios.
Zaqueo sube al sicómoro. ¿Qué es el Sicómoro? Es un medio, un árbol, una pieza no decorativa y muy providencial que está en nuestro camino y en el camino del Señor. 
Y.... ¿donde esta tu sicómoro o el mío?.  El nuevo Sicómoro es la Iglesia para nosotros, es un lugar preferente donde se tiene acceso al Señor, por donde seguro el Señor pasa.
Es verdad que la Iglesia es algo más que un simple sicómoro, por lo tanto si ponemos las cosas en su sitio, el sicómoro sería un resalte, un escalón, ya que la Iglesia es mucho más, es el cuerpo místico de Jesús, institución directa del cielo en la tierra, cuyos miembros somos todos nosotros, piedras vivas del templo y como cabeza es Jesucristo. Por lo tanto, no pretendemos con esta comparación dogmatizar, ni desvirtuar la doctrina oficial, que tan presente tenemos y de la que no quisiéramos desviarnos en nada. 
Nosotros, somos pequeños como Zaqueo y la carga de nuestros pecados nos ha encorvado, con lo que nuestra medida es aun menor. Encima, nos vamos mirando siempre a nosotros mismos por nuestro egoísmo, por lo que no vemos casi nada cuando alzamos la vista, y Satanás nos ha comido la moral, o sea, que solo vemos el suelo. Vamos, que nuestro ser ya no alcanza a mirar a nada, y así estamos en medio del tumulto, de la multitud que nos sitúa en desventaja, de la vorágine de la supervivencia de cada día.
Pero, en el camino por donde pasa Jesús hay sicómoros, para que tu pequeñez no te impida vislumbrar al Señor. Y eso es la Iglesia, un lugar donde por su altura se facilita la visión del Señor, que ha buen seguro pasa por allí.
Y fruto de esa elevación artificial, de esta escalera espiritual que es el sicómoro, tus ojos y los míos pueden ver el rostro de Jesús, que permiten que el directamente desde allí te diga, en una palabra, o Eucaristía, por medio de un hermano en la Fe, o en la homilía del  Sacerdote: Zaqueo, o, Juan...o, Luisa... quiero ir a tu casa, conviene que yo vaya a tu casa.
¿Para qué te crees que estaba allí el sicómoro?, ¿para hacer bonito? pues no, estaba para ti y para mi, ese es el sentido del sicómoro, y por eso el Señor lo ha creado y lo ha dejado crecer. Porque toda la creación ha sido creada para el servicio, y tu y yo también, a pesar de que no queremos servir a nadie
Me acuerdo de San Juan de la Cruz, al que escuchaban San Juan de Dios y Santa Teresa de Jesús, y de San Vicente Ferrer, que llevados al púlpito, arrastraban con el mismo evangelio que todos conocemos a pueblos enteros, que le seguían al pueblo cercano siguiente, cuando los medios de transporte eran los pies y el burro. Como me impresiona pensar que la predicación eleva la vista espiritual de las personas, las sube al sicómoro, para que cada uno se sienta personalmente llamado por el Señor. ¿No te fijas que tu y yo debemos hacer lo mismo en la medida que la Gracia nos lo concede?.
Te das cuenta de lo importante que es que te subas al sicómoro, que si no vas a la iglesia a lo mejor no te enteras de que el Señor te llama. Te das cuenta que el Señor con su llamada transforma a Zaqueo de un sucio y asqueroso ladrón al servicio del poder de la ocupación y de si mismo, a un ser que al convertirse transforma su egoísmo en generosidad, que pasa a ser una persona querida donde fue odiada.
Te das cuenta de lo importante que es llamar al Señor ahí subido en la rama del sicómoro, cuando tienes la angustia pegada al paladar, porque vas al paro, o tienes que parir, o los análisis han salido mal, y ya supones lo peor, que hay que gritar ¡Señor que estoy aquí! mándame llamar, -como Pedro en el agua-, “que sucumbo, dime algo, que no resisto mas.”
Te imaginas....que el rey en su paso públicamente y mirándote a ti, te diga: "Raquel", como si te conociera, como que te conoce... que vuelco te da el corazón de repente..... y que desea ir a tu casa, que es de una familiaridad, de un privilegio que no todo el mundo tiene, y lo manifiesta públicamente.
Hay catequistas, que no han pisado tu casa o hermanos de alto estanding, que no te vienen a ver, y tu estatus social o inteligencia no da para que hablen contigo, o para que les guste pasar la tarde contigo.
Pues bien, no es el rey el que te llama y pone tu nombre en su boca, es nada menos que el Rey de reyes. Dios mismo en la Tierra el que te dice, .....lo que anhelo, lo que deseo como Rey, lo que me gustaría es que tu me recibas en tu propia casa....!no te parece demasiado¡ 
Así de fuerte, de inmensa es la llamada del Señor, que hace que uno se dispare, corra a adecentar el lugar, a ponerlo limpio, aseado, en condiciones de recibirle y ¿cómo se hace esto?. Pues, quitando los trastos, todos los pecados, confesándose, poniendo orden en la casa espiritual, para darle una dignidad que no tenía, y eso es lo que hace Zaqueo, convirtiéndose, quitándose de encima lo que lo manchaba, lo que hacia que todos lo miraran mal, porque era un ladronzuelo que se quedaba con parte de los impuestos, engordando la cifra que tenían que pagar. Por eso dice: "devolveré el cuádruplo de lo que robé" eso es la conversión y el cambio de dirección. Antes decía Zaqueo, todo para mi, y pasa a decir: No quiero nada, lo dejo todo, por que tu vengas conmigo. Vamos que Zaqueo pasa de se pagano, a ser cristiano así en un momento. De robar a devolver. De apropiarse de lo ajeno a ser caritativo. De ver su necesidad insaciable y por encima de todo, a darse cuenta de que el otro lo necesita más que él. Impresionante. Y el, que era peor que los publicanos, que solo le importaba él, pasa a ser cristiano, donde ese espacio del yo lo ocupan los demás.
Otra cosa que hacemos al arreglar la casa, es poner luz, lavar, fregar bien la zona, poner la mejor vajilla, etc., etc. pues es todo esto lo que significa convertirse, cambiar mover y ordenar nuestra vida para que el Rey de reyes esté a gusto, cómodo, y no se manche con nuestros pecados, nuestra avaricias, nuestros malos pensamientos, nuestra podredumbre, por eso, necesitamos lavarnos con una buena ducha, un buen baño que es la confesión y el bautismo.
Por eso: …. ¡Bendito sicómoro!  ¡Bendita pequeñez que nos llevó al encuentro con el Señor! ¡Bendita angustia que nos lleva al Padre, a reconocerlo como Dios e implorar su ayuda, cuando no podemos más!  ¡Bendita podredumbre y miseria egoísta que lleva a Jesús ha decir: "conviene quedarme en tu casa"!. ¡Bendito pecado que mereció tan grande redención!

jueves, 27 de octubre de 2016

Nosotros debemos pasar haciendo el bien, debemos anunciar el evangelio porque sana, cura y une. Sin duda es exigente, muchas veces nos puede dar cierto temor, pero no tenemos que dejarnos amedrentar, asustar por las amenazar si no que tenemos que confiar en el Señor, él siempre pasa, está con nosotros, nos acompaña.




Lectura del santo evangelio según san Lucas 13,31-35:

En aquella ocasión, se acercaron unos fariseos a decirle: «Márchate de aquí, porque Herodes quiere matarte.»
Él contestó: «ld a decirle a ese zorro: "Hoy y mañana seguiré curando y echando demonios; pasado mañana llego a mi término." Pero hoy y mañana y pasado tengo que caminar, porque no cabe que un profeta muera fuera de Jerusalén. ¡Jerusalén, Jerusalén, que matas a los profetas y apedreas a los que se te envían! ¡Cuántas veces he querido reunir a tus hijos, como la clueca reúne a sus pollitos bajo las alas! Pero no habéis querido. Vuestra casa se os quedará vacía. Os digo que no me volveréis a ver hasta el día que exclaméis: "Bendito el que viene en nombre del Señor."»

Reflexión del Monseñor Santiago Olivera Obispo de la Diócesis de Cruz del Eje


En este evangelio de Lucas vemos a Jesús que lo alientan algunos fariseos para que se aleje de allí porque Herodes quería matarlo. Herodes ya se había enseñado con los profetas, no le caían bien, Herodes ha decapitado a Juan el Bautista.


Como vemos los profetas eran rechazados, Jesús sabía que en su misión de profeta iba a ser rechazado, pero no lo asusta la misión. A mí me da mucha alegría leer este evangelio; donde le dicen que se vaya, le anuncian que lo están buscando para matarlo. Y sin embargo el Señor sigue su camino anunciando, sigue con su misión con claridad.

Es una buena enseñanza para nosotros, porque ninguna amenaza detiene a Jesús, él sigue haciendo el bien. Yo pienso “¿no debe ser así nuestra vida también?”; nosotros debemos pasar haciendo el bien, debemos anunciar el evangelio porque sana, cura y une. Sin duda es exigente, muchas veces nos puede dar cierto temor, pero no tenemos que dejarnos amedrentar, asustar por las amenazar si no que tenemos que confiar en el Señor, él siempre pasa, está con nosotros, nos acompaña.


Pidamos al Señor, que así como Jesús siguió su camino y les aseguro que después dirán "Bendito el que viene en nombre del Señor." Que también nosotros en nuestra misión de cristianos, que somos otro cristo, no nos dejemos asustar por criterio, por situaciones que nos pasan desde que nos confirmamos. Una pregunta que hacemos en la confirmación es si están dispuestos a sufrir, justamente por recibir el don del espíritu, desprecio y persecución; el cristiano muchas veces está llamado a sufrir esto, pero decimos que si con la certeza de que el Señor es nuestro mayor bien y nos acompaña.


Pidamos entonces a Jesús que pasemos y anunciemos con alegría el evangelio del amor en nuestro ambiente. Que Dios nos bendiga a todos y nos de la fortaleza para vivirlo.


miércoles, 26 de octubre de 2016

Sólo el que esté dispuesto a poner esa nota de riesgo en su vida puede estar en el camino de la salvación cristiana.








Miércoles 26/10/2016Beato Damián de Finalborgo 
Mirad: hay últimos que serán primeros, y primeros que serán últimos

Lectura del santo evangelio según san Lucas 13,22-30:


En aquel tiempo, Jesús, de camino hacia Jerusalén, recorría ciudades y aldeas enseñando.
Uno le preguntó: «Señor, ¿serán pocos los que se salven?»
Jesús les dijo: «Esforzaos en entrar por la puerta estrecha. Os digo que muchos intentarán entrar y no podrán. Cuando el amo de la casa se levante y cierre la puerta, os quedaréis fuera y llamaréis a la puerta, diciendo: "Señor, ábrenos"; y él os replicará: "No sé quiénes sois." Entonces comenzaréis a decir: "Hemos comido y bebido contigo, y tú has enseñado en nuestras plazas." Pero él os replicará: "No sé quiénes sois. Alejaos de mí, malvados." Entonces será el llanto y el rechinar de dientes, cuando veáis a Abrahán, Isaac y Jacob y a todos los profetas en el reino de Dios, y vosotros os veáis echados fuera. Y vendrán de oriente y occidente, del norte y del sur, y se sentarán a la mesa en el reino de Dios. Mirad: hay últimos que serán primeros, y primeros que serán últimos.»

Oramos con la Palabra


Nadie lo sabe. Espontáneamente habría que pensar que muchos, porque mucha, infinita, es la misericordia de Dios; y tanto amor no puede ser estéril. Jesús no nos resuelve el problema que quiere que resolvamos nosotros. Pero, también ofrece luz. Por una parte, afirma el amor de Dios y el deseo de salvación. “Dios ha amado tanto al mundo que ha enviado a su Hijo al mundo para salvarlo”. “No habrá más que un solo rebaño y un solo pastor” (Cfr. Jn 3,17ss). Y, por otra parte, nos pone alerta: “Hay muchos llamados, pero pocos escogidos”, referido a la libertad humana y al respeto exquisito que Dios tiene hacia ella.
“No os engañéis diciéndoos a vosotros mismos: tenemos por padre a Abraham. Porque os digo que Dios es capaz de sacar de estas piedras hijos de Abraham”. Ni siquiera las solas oraciones o prácticas religiosas sirven. “No todo el que me dice: ¡Señor, Señor! entrará en el reino de los cielos, sino el que hace la voluntad de mi Padre celestial”. “Esforzaos por entrar por la puerta estrecha”. Sólo el que esté dispuesto a poner esa nota de riesgo en su vida puede estar en el camino de la salvación cristiana. Y cuidemos no exagerar el esfuerzo, a no ser el que nos lleve a confiar en Dios cada vez más y a fiarnos del todo de él. Este sentido de esfuerzo está presente en todo el Evangelio. Esfuerzo para pedir que el Señor nos lleve de la mano, convencidos de que todo nos irá mejor, todo irá mejor a quienes hemos sido enviados, y, al final, también le oiremos que nos dice: “Tranquilo, tranquila, hoy estarás conmigo en el cielo”.
¿Cómo acabas viendo la respuesta de Jesús, evasiva o realista?
¿No crees que Jesús quiso que nos fijáramos más en el camino de salvación que en la cantidad?

Fray Hermelindo Fernández RodríguezFray Hermelindo Fernández Rodríguez
La Virgen del Camino
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jueves, 20 de octubre de 2016

¡Apunta bien alto! Busca la perfección personal, la de tu familia, la de tu trabajo, la de tus obras, la de los encargos que te confíen. Los santos han aspirado a lo máximo. No se asustaron ante el esfuerzo y la tensión. Se movieron. ¡Muévete tú también!




Día litúrgico: Jueves XXIX del tiempo ordinario


Texto del Evangelio (Lc 12,49-53): En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: «He venido a prender fuego en el mundo, ¡y ojalá estuviera ya ardiendo! Tengo que pasar por un bautismo, ¡y qué angustia hasta que se cumpla! ¿Pensáis que he venido a traer al mundo paz? No, sino división. En adelante, una familia de cinco estará dividida: tres contra dos y dos contra tres; estarán divididos: el padre contra el hijo y el hijo contra el padre, la madre contra la hija y la hija contra la madre, la suegra contra la nuera y la nuera contra la suegra».

«He venido a prender fuego en el mundo»
Rev. D. Joan MARQUÉS i Suriñach
(Vilamarí, Girona, España)
Hoy, el Evangelio nos presenta a Jesús como una persona de grandes deseos: «He venido a prender fuego en el mundo, ¡y ojalá estuviera ya ardiendo!» (Lc 12,49). Jesús ya querría ver el mundo arder en caridad y virtud. ¡Ahí es nada! Tiene que pasar por la prueba de un bautismo, es decir, de la cruz, y ya querría haberla pasado. ¡Naturalmente! Jesús tiene planes, y tiene prisa por verlos realizados. Podríamos decir que es presa de una santa impaciencia. Nosotros también tenemos ideas y proyectos, y los querríamos ver realizados enseguida. El tiempo nos estorba. «¡Qué angustia hasta que se cumpla!» (Lc 12,50), dijo Jesús.

Es la tensión de la vida, la inquietud experimentada por las personas que tienen grandes proyectos. Por otra parte, quien no tenga deseos es un apocado, un muerto, un freno. Y, además, es un triste, un amargado que acostumbra a desahogarse criticando a los que trabajan. Son las personas con deseos las que se mueven y originan movimiento a su alrededor, las que avanzan y hacen avanzar.

¡Ten grandes deseos! ¡Apunta bien alto! Busca la perfección personal, la de tu familia, la de tu trabajo, la de tus obras, la de los encargos que te confíen. Los santos han aspirado a lo máximo. No se asustaron ante el esfuerzo y la tensión. Se movieron. ¡Muévete tú también! Recuerda las palabras de san Agustín: «Si dices basta, estás perdido. Añade siempre, camina siempre, avanza siempre; no te pares en el camino, no retrocedas, no te desvíes. Se para el que no avanza; retrocede el que vuelve a pensar en el punto de salida, se desvía el que apostata. Es mejor el cojo que anda por el camino que el que corre fuera del camino». Y añade: «Examínate y no te contentes con lo que eres si quieres llegar a lo que no eres. Porque en el instante que te complazcas contigo mismo, te habrás parado». ¿Te mueves o estás parado? Pide ayuda a la Santísima Virgen, Madre de Esperanza.

jueves, 13 de octubre de 2016

¿Cuántas veces nos hemos topado en el camino con personas que nos declaran la voluntad de Dios para nuestra vida y los rechazamos?

San Lucas 11,47-54:
Dios pondrá "profetas" en tu camino

Autor: Regnum Christi - Fuente: Regnum Christi Para suscribirse


Evangelio: San Lucas 11,47-54

En aquel tiempo, Jesús dijo a los fariseos y doctores de la ley: "¡Ay de ustedes, que les construyen sepulcros a los profetas que los padres de ustedes asesinaron! Con eso dan a entender que están de acuerdo con lo que sus padres hicieron, pues ellos los mataron y ustedes les construyen el sepulcro. Por eso dijo la sabiduría de Dios: Yo les mandaré profetas y apóstoles, y los matarán y los perseguirán, para que así se le pida cuentas a esta generación de la sangre de todos los profetas que ha sido derramada desde la creación del mundo, desde la sangre de Abel hasta la de Zacarías, que fue asesinado entre el atrio y el altar. Sí, se lo repito: a esta generación se le pedirán cuentas. ¡Ay de ustedes, doctores de la ley, porque han guardado la llave de la puerta del saber! Ustedes no han entrado, y a los que iban a entrar les han cerrado el paso".
Luego que Jesús salió de allí, los escribas y fariseos comenzaron a acosarlo terriblemente con muchas preguntas y a ponerle trampas para ver si podían acusarlo con alguna de sus propias palabras.


Meditación:

Es muy frecuente encontrar en los evangelios escenas en las que vemos a Jesús enfrentarse a los fariseos y reprenderlos severamente, como nos muestra el pasaje de este día, pero sus reprensiones siempre tenían un buen fundamento. El Antiguo Testamento muestra a los profetas constantemente en acción. Los profetas eran personas entregadas al Señor, con una sensibilidad espiritual muy especial; eran mensajeros enviados por Dios para exhortar al pueblo y anunciarles las consecuencias de sus rebeliones, con el fin de restaurarlos. Al mismo tiempo anunciaban el plan de Dios para los tiempos por venir. Pero, como dice Jesús en la escena que acabamos de leer, ellos los rechazaron y los mataron, pues eran tan fuertes y reales las palabras que los profetas les declaraban, que no las podían resistir. Nuestro Señor sentencia el hecho de que los fariseos y doctores de la ley les construyan sepulcros a los profetas que sus mismos padres mataron, pues con ello daban a entender que estaban de acuerdo con lo que hicieron sus padres con los siervos de Dios. ¿Cuántas veces nos hemos topado en el camino con personas que nos declaran la voluntad de Dios para nuestra vida y los rechazamos? ¿Y cuántos pecados hemos venido arrastrando de generación en generación por habernos negado a reconocer la voz del Espíritu Santo a través de uno de sus siervos? El anhelo de Jesús es que nadie se pierda, sino que todos nos encontremos con Él y recibamos la salvación. Por eso, Cristo también envía "profetas" para declararnos su palabra, para confrontarnos con nuestro pecado, para arrepentirnos y buscar la voluntad del Padre. Si hoy Dios envía un profeta a tu casa, a tu trabajo, a tu escuela, o simplemente en tu camino, para anunciarte la palabra de Dios, no lo rechaces y mates su fe. Escucha la voz del Espíritu Santo, reconoce tus fallas, arrepiéntete de tus malos caminos y cumple la voluntad de nuestro Creador.

Reflexión apostólica:

El mensaje de los profetas de hoy ha de denunciar los males del mundo, pero también, y principalmente, ha de ser un mensaje positivo, de fe y esperanza, porque tiene la potencia de salvar integralmente al hombre caído. El mensaje de los profetas de hoy consiste en predicar a Cristo. El cristiano auténtico, lleva en su pecho siempre encendido este fuego: la pasión de anunciar a Cristo.

Propósito:

Abrirle las puertas de mi casa a un siervo de Dios y abrirle mi corazón al Espíritu Santo.

miércoles, 12 de octubre de 2016

1) Oración inicial
Dios todopoderoso y eterno, que con amor generoso desbordas los méritos y deseos de los que te suplican; derrama sobre nosotros tu misericordia, para que libres nuestra conciencia de toda inquietud y nos concedas aun aquello que no nos atrevemos a pedir. Por nuestro Señor.
 
2) Lectura
Del Evangelio según Lucas 11,27-28
Estaba él diciendo estas cosas cuando alzó la voz una mujer de entre la gente y dijo: «¡Dichoso el seno que te llevó y los pechos que te criaron!» Pero él dijo: «Dichosos más bien los que oyen la palabra de Dios y la guardan.»
 
3) Reflexión
• El evangelio de hoy es bien breve, pero encierra un significado importante en el conjunto del evangelio de Lucas. Nos da la clave para entender lo que Lucas enseña respecto de María, la Madre de Jesús, en el así llamado Evangelio de la Infancia (Lc 1 y 2).
• Lucas 11,27: La exclamación de la mujer.“Estaba él diciendo estas cosas cuando alzó la voz una mujer de entre la gente y dijo: «¡Dichoso el seno que te llevó y los pechos que te criaron!» La imaginación creativa de algunos apócrifos sugiere que aquella mujer era una cecina de Nuestra Señora, allá en Nazaret. Tenía un hijo, llamado Dimas, que, como tantos otros chicos jóvenes de Galilea de aquella época, entró en la guerrilla contra los romanos, fue llevado a la cárcel y ejecutado junto con Jesús. Era el buen ladrón (Lc 23,39-43). Su madre, al oír que Jesús hablaba tan bien a la gente, recordó a María, su vecina y dijo: “¡María debe ser tan feliz teniendo a un hijo así!”.
• Lucas 11,28: La respuesta de Jesús. Jesús responde, haciendo el mayor elogio de su madre: “Dichosos más bien los que oyen la palabra de Dios y la guardan”. Lucas habla poco de María: aquí (Lc 11,28) y en el Evangelio de la Infancia (Lc 1 y 2). Para Lucas, María es la hija de Sión, imagen del nuevo pueblo de Dios. Presenta a María como modelo para la vida de las comunidades. En el Concilio Vaticano II, el documento preparado sobre María, fue inserto como capítulo final en el documento Lumen Gentium sobre la Iglesia. María es modelo para la Iglesia. Y sobre todo en la manera de relacionarse con la Palabra de Dios Lucas ve en ella el ejemplo para las comunidades. María nos enseña cómo acoger la Palabra de Dios, cómo encarnarla, vivirla, profundizarla, rumiarla, hacerla nacer y crecer, dejarnos plasmar por ella, aún cuando no la entendemos o cuando nos hace sufrir. Es ésta la visión que subyace detrás del Evangelio de la Infancia (Lc 1 e 2). La llave para entender estos dos capítulos nos es dada en el evangelio de hoy: “Dichosos, más bien, los que oyen la palabra de Dios y la guardan”. Veamos cómo en estos capítulos María se relaciona con la Palabra de Dios.
a) Lucas 1,26-38:
La Anunciación: "¡Hágase en mí según tu palabra!"
Saber abrirse, para que la Palabra de Dios sea acogida y se encarne.
b) Lucas 1,39-45:
La Visitación: "¡Dichosa aquella que creyó! "
Saber reconocer la Palabra de Dios en una visita y en tantos otros hechos de la vida.
c) Lucas 1,46-56:
El Magnificat: “¡El Señor hizo en mí maravillas!”
Reconocer la Palabra en la historia de la gente y producir un canto de resistencia y de esperanza.
d) Lucas 2,1-20:
El nacimiento: “Ella meditaba todas estas cosas en su corazón."
No había sitio para ellos. Los marginados acogen la Palabra.
e) Lucas 2,21-32:
La presentación: "¡Mis ojos vieron tu salvación!"
Los muchos años de vida purifican los ojos.
f) Lucas 2,33-38:
Simeón y Ana: "Una espada atravesará su alma"
Acoger y encarnar la palabra en la vida, ser señal de contradicción.
g) Lucas 2,39-52:
A los doce años en el Templo: "Entonces, ¿no sabían que tengo que estar con el Padre?"
Ellos no comprendieron las Palabras que les fueron dichas!
h) Lucas 11,27-28:
El elogio de la madre: "Dichoso el vientre que te llevó!"
Dichoso aquel que escucha y pone en práctica la Palabra.
 
4) Para la reflexión personal
• ¿Consigues descubrir la Palabra viva de Dios en tu vida?
• ¿Cómo vives la devoción a María, la madre de Jesús?
 
5) Oración final
¡Cantadle, tañed para él,
recitad todas sus maravillas;
gloriaos en su santo nombre,
se alegren los que buscan a Yahvé! (Sal 105,2-3

lunes, 10 de octubre de 2016

Cuando Dios envía un mensaje, pide una respuesta. Él habla siempre, en la creación, en la historia, en los hombres y mujeres que encontramos cada día. Sólo hay que estar atento a su voz…



En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.
Cristo, Rey nuestro. ¡Venga tu Reino!
Oración preparatoria (para ponerme en presencia de Dios)
Padre Nuestro, aunque estás en el cielo, has querido habitar en nuestros corazones. En esta oración concédeme darte el honor y la reverencia que mereces, por ser mi Dios y mi Padre. Te pido también un corazón abierto, para que tu Reino entre en mi vida, y pueda agradarte en todo lo que hago. Gracias porque nunca me abandonas y quieres darme en cada momento lo que más necesito. Así sea.
Evangelio del día (para orientar tu meditación)


Del santo Evangelio según san Lucas 11, 29-32
En aquel tiempo, la multitud se apiñaba alrededor de Jesús y éste comenzó a decirles: “La gente de este tiempo es una gente perversa. Pide una señal, pero no se le dará otra señal que la de Jonás. Pues así como Jonás fue una señal para los habitantes de Nínive, lo mismo será el Hijo del hombre para la gente de este tiempo. Cuando sean juzgados los hombres de este tiempo, la reina del sur se levantará el día del juicio para condenarlos, porque ella vino desde los últimos rincones de la tierra para escuchar la sabiduría de Salomón, y aquí hay uno que es más que Salomón. Cuando sea juzgada la gente de este tiempo, los hombres de Nínive se levantarán el día del juicio para condenarla, porque ellos se convirtieron con la predicación de Jonás, y aquí hay uno que es más que Jonás”.
Palabra del Señor.
Medita lo que Dios te dice en el Evangelio.
Cuando Dios envía un mensaje, pide una respuesta. Él habla siempre, en la creación, en la historia, en los hombres y mujeres que encontramos cada día. Sólo hay que estar atento a su voz…
Cristo nos habla hoy de dos momentos fuertes de la historia de la salvación. Nínive que se convierte gracias al profeta Jonás y una reina que viaja lejos para ver el don de la sabiduría en el rey Salomón. Hay un punto que une estos dos eventos: en los dos, un personaje de Israel atrae extranjeros hacia Dios. O, en otras palabras, Dios sale a buscar a aquellos que están más alejados de Él; Dios no abandona a la oveja perdida en la montaña.
Estamos ahora mismo en presencia de Cristo en oración. «Aquí hay uno que es más que Salomón; aquí hay uno que es más que Jonás.» Él bajó del cielo para encontrarnos y atraernos hacia su Padre. Como Jonás, cruzó el mar que dividía a Dios y al hombre, caminó por nuestras calles, nos invitó al arrepentimiento. Sin embargo, hizo aún más: como Rey que es, estableció su trono en la cruz, y desde ahí nos atrae con la sabiduría de su entrega incondicional a cada uno de nosotros. Siendo Hijo de Dios, se lanzó hasta la profundidad del pecado y de la muerte para rescatarnos. ¿Acaso hay señal más grande del Amor que Dios nos tiene?
No podemos permanecer indiferentes ante Dios que nos busca ansiosamente. Contemplemos el crucifijo y, ante esta señal tan grande, digamos como el centurión: «Verdaderamente Tú eres el Hijo de Dios». Confiémonos a Él, respondámosle con amor y entrega en nuestra propia vida.
"Escucha de Dios que nos habla, y también escucha de la realidad cotidiana, atención a las personas, a los hechos, porque el Señor está en la puerta de nuestra vida y golpea en muchos modos, pone señales en nuestro camino; está en nosotros la capacidad de verlos. María es la madre de la escucha, escucha atenta de Dios y escucha también atenta de los acontecimientos de la vida".
(Homilía de S.S. Francisco, 1 de junio de 2013).
Diálogo con Cristo
Ésta es la parte más importante de tu oración, disponte a platicar con mucho amor con Aquel que te ama.
Propósito
Proponte uno personal. El que más amor implique en respuesta al Amado… o, si crees que es lo que Dios te pide, vive lo que se te sugiere a continuación.
Visitaré a Cristo Eucaristía para agradecerle su entrega y pedirle la gracia de corresponder a su amor.
Despedida
Te damos gracias, Señor, por todos tus beneficios, a Ti que vives y reinas por los siglos de los siglos.
Amén.
¡Cristo, Rey nuestro!
¡Venga tu Reino!
Virgen prudentísima, María, Madre de la Iglesia.
Ruega por nosotros.
En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén

viernes, 30 de septiembre de 2016

Es la conversión un llamado no sólo a los no creyentes o a los que profesan otras creencias, sino a los propios cristianos. Es el medio que tenemos para que nuestro corazón no se endurezca.



San Lucas 10,13-16:
El llamado a la conversión

Autor: Regnum Christi

Fuente: Regnum Christi Para suscribirse


Evangelio: San Lucas 10,13-16:

En aquel tiempo, Jesús dijo: "!Ay de ti, ciudad de Corozaín! ¡Ay de ti, ciudad de Betsaida! Porque si en las ciudades de Tiro y de Sidón se hubieran realizado los prodigios que se han hecho en ustedes, hace mucho tiempo que hubieran hecho penitencia, cubiertas de sayal y de ceniza. Por eso el día del juicio será menos severo para Tiro y Sidón que para ustedes. Y tú, Cafarnaúm, ¿crees que serás encumbrada hasta el cielo? No. Serás precipitada en el abismo". Luego, Jesús dijo a sus discípulos: "El que los escucha a ustedes, a mí me escucha; el que los rechaza a ustedes, a mí me rechaza y el que me rechaza a mí, rechaza al que me ha enviado".

Meditación

Este pasaje nos muestra cómo al que más se le ha dado, más se le exigirá. Podríamos traducir esta exigencia en términos de conversión. Nosotros, bautizados y guiados en nuestra fe, habiendo recibido innumerables gracias de Dios, tenemos la obligación moral de corresponder. Es la conversión un llamado no sólo a los no creyentes o a los que profesan otras creencias, sino a los propios cristianos. Es el medio que tenemos para que nuestro corazón no se endurezca. Es la conversión la que hace que el hombre viejo dé paso al hombre nuevo; es la renovación diaria de nuestro corazón para Dios. Cada día que empieza es una oportunidad de volver al camino de la voluntad de Dios, de renovar las promesas bautismales y de reconocer los errores cometidos. Esto nos mantendrá en continua conversión y nos alejará de llevar un cristianismo hueco y superficial.
Pero para ello, no basta con asistir sólo a la misa y seguir los mandamientos de la Iglesia; debemos ir más allá: buscar cada mañana encontrarnos con Jesucristo a través de la oración, de la alabanza a su nombre y de la lectura diaria de las Sagradas Escrituras, pues en ellas se nos revelan los misterios del Reino y las grandes promesas que como hijos de Dios tenemos. Después de leer el evangelio de hoy, sería bueno preguntarnos si hemos tenido un verdadero encuentro con Jesucristo o sólo nos hacemos llamar "cristianos" por costumbre o tradición. Y si hoy sentimos el llamado de Dios a la conversión, busquemos como nunca antes encontrarnos con Jesucristo, elevándole una oración en la intimidad y clamando su presencia desde lo más profundo de nuestro ser.

Reflexión apostólica:

El apóstol de este tiempo es aquel que va dando alegría y esperanza a la gente con la que convive. Es aquel que lucha día a día por su propia conversión, aquel que busca dar a conocer el amor de Dios a todos los hombres a través de la predicación incansable del Evangelio para lograr la conversión de los corazones y la construcción de una civilización de justicia y amor cristianos.

Propósito:

Descubrir y valorar la fe.

jueves, 22 de septiembre de 2016

Tengo que preguntarme siempre: ¿quién es Jesús para mí?. Herodes quiere ver a Jesús. Era curiosidad morbosa y supersticiosa. Otros quieren ver a Jesús, porque quieren encontrar un sentido a la vida. Y ¿qué motivación tengo que me empuja a ver y a encontrar a Jesús?




Lectio: Jueves, 22 Septiembre, 2016
Tiempo Ordinario
1) Oración inicial
¡Oh Dios!, que has puesto la plenitud de la ley en el amor a ti y al prójimo; concédenos cumplir tus mandamientos para llegar así a la vida eterna. Por nuestro Señor.
2) Lectura
Del Evangelio según Lucas 9,7-9
Se enteró el tetrarca Herodes de todo lo que pasaba y estaba perplejo, porque unos decían que Juan había resucitado de entre los muertos; otros, que Elías se había aparecido, y otros, que uno de los antiguos profetas había resucitado. Herodes dijo: «A Juan, le decapité yo.¿Quién es, pues, éste de quien oigo tales cosas?» Y buscaba verle.
3) Reflexión
• El evangelio de hoy nos presenta la reacción de Herodes ante la predicación de Jesús. Herodes no sabe situar a Jesús. Había matado a Juan Bautista y ahora quiere ver a Jesús de cerca. En el horizonte despuntan amenazas.
• Lucas 9,7-8: ¿Quién es Jesús? El texto empieza con un balance de las opiniones de la gente y de Herodes sobre Jesús. Algunos asociaban a Jesús con Juan Bautista y Elías. Otros lo identificaban como Profeta, esto es, como alguien que habla en nombre de Dios, que tiene el valor de denunciar las injusticias de los poderosos y que sabe animar la esperanza de los pequeños. Es el profeta anunciado en el Antiguo Testamento como un nuevo Moisés (Dt 18,15). Son las misma opiniones que Jesús mismo recoge de los discípulos al preguntarle: "¿Quién dice los demás que o soy?" (Lc 9,18). Las personas trataban de comprender a Jesús desde lo que ellos mismos conocían pensaban y esperaban. Trataban de enmarcarle dentro de los criterios familiares del Antiguo Testamento, con sus profecías y esperanza, y de la Tradición de los Antiguos, con sus leyes. Pero eran criterios insuficientes. Jesús no cabía allí dentro, ¡era más grande!
• Lucas 9,9: Herodes quiere ver a Jesús. “Entonces Herodes dijo: "A Juan, le decapité yo.¿Quién es, pues, éste de quien oigo tales cosas?” Y buscaba verle”. Herodes, hombre supersticioso y sin escrúpulos, reconoce ser el asesino de Juan el Bautista. Ahora quiere ver a Jesús. Lucas sugiere así que hay amenazas que empiezan a despuntar en el horizonte. Herodes no tuvo miedo de matar a Juan Bautista. No lo tendrá tampoco a la hora de matar a Jesús. Cuando le dijeron que Herodes trataba de hacerle preso, mandó a decirle: “«Id a decir a ese zorro: Yo expulso demonios y llevo a cabo curaciones hoy y mañana, y al tercer día soy consumado.” (Lc 13,32). Herodes no tiene poder sobre Jesús. Cuando en la hora de la pasión, Pilatos manda Jesús donde Herodes para que investigue sobre él, Jesús no le da ninguna respuesta (Lc 23,9). Herodes no merecía respuesta.
• De padre en hijo. Hay veces en que se confunden los tres Herodes que vivieron en aquella época, pues los tres aparecen en el Nuevo Testamento con el mismo nombre: a) Herodes, llamado el Grande, gobernó sobre Palestina del 37 al 4 antes de Cristo. Aparece en el nacimiento de Jesús (Mt 2,1). Mató a los niños de Belén (Mt 2,16). b) Herodes, llamado Antipas, gobernó sobre Galilea del 4 al 39 después de Cristo. Aparece en la muerte de Jesús (Lc 23,7). Mató a Juan Bautista (Mc 6,14-29). c) Herodes, llamado Agripa, gobernó sobre toda Palestina del 41 al 44 después de Cristo. Aparece en los Hechos de los Apóstoles (Hec 12,1.20). Mató al apóstol Santiago (He 12,2).
Cuando Jesús tenía más o menos cuatro años, murió el rey Herodes. Aquel que mató a los niños de Belén (Mt 2,16). Su territorio fue dividido entre los hijos. Arquéalo, uno de sus dos hijos, recibió el gobierno sobre la Judea. Era menos inteligente que el padre, pero más violento. Solamente en su toma de posesión fueron masacradas casi 3000 personas, ¡en la plaza del Templo! El evangelio de Mateo informa que María y José, cuando supieron que este Arquéalo había asumido el gobierno de Judea, tuvieron miedo de volver por allá y fueron a morar en Nazaret, en Galilea (Mt 2,­22), gobernada por otro hijo de Herodes, llamado Herodes Antipas (Lc 3,1). Este Antipas quedó en el poder por más de 40 años. Durante los treinta y tres años que Jesús vivió nunca huno cambios en el gobierno de Galilea.
Herodes el Grande, el padre de Herodes Antipas, había construido la ciudad de Cesaréa Marítima, inaugurada en el año 15 antes de Cristo. Era el nuevo puerto de desagüe de los productos de la región. Debía competir con el gran puerto de Tiro en el Norte, y así ayudar para el fomento del comercio en Samaria y en Galilea. Por esto, desde los tiempos de Herodes el Grande, la producción agrícola en Galilea empezaba a orientarse no más a partir de las necesidades de las familias, como era antes, sino desde las exigencias de mercado. Este proceso de cambio en la economía continuó durante todo el gobierno de Herodes Antipas, más de cuarenta años, y encontró en él a un organizador eficiente. Todos estos gobernantes estaban bajo dueño. Quien mandaba e Palestina, desde el 63 antes de Cristo, era Roma, el Imperio.
4) Para la reflexión personal
• Tengo que preguntarme siempre: ¿quién es Jesús para mí?
• Herodes quiere ver a Jesús. Era curiosidad morbosa y supersticiosa. Otros quieren ver a Jesús, porque quieren encontrar un sentido a la vida. Y ¿qué motivación tengo que me empuja a ver y a encontrar a Jesús?
5) Oración final
Sácianos de tu amor por la mañana,
y gozaremos y cantaremos de por vida.
Alégranos por los días que nos humillaste,
por los años en que conocimos la desdicha. (Sal 90,14-15)

(Santa Therese de  Lisieux)