Mostrando entradas con la etiqueta ley. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta ley. Mostrar todas las entradas

miércoles, 8 de junio de 2016

“Un nuevo mandamiento os doy: que os améis unos a otros como yo os he amado” (Jn 13,34). “Haced esto en memoria mía” (Lc 22,19).
¿No ya lo que pensamos, sino lo que vivimos, entra de lleno en la plenitud de la Ley de Jesús?


-----------------------------------------

Lectura del santo evangelio según san Mateo 5,17-19
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «No creáis que he venido a abolir la Ley o los profetas: no he venido a abolir, sino a dar plenitud. Os aseguro que antes pasarán el cielo y la tierra que deje de cumplirse hasta la última letra o tilde de la Ley. El que se salte uno solo de los preceptos menos importantes, y se lo enseñe así a los hombres será el menos importante en el reino de los cielos. Pero quien los cumpla y enseñe será grande en el Reino de los cielos.»

  • La Ley y los Profetas, para Jesús

Para Jesús, la Ley cumplió muy bien su cometido, preparó el terreno, hizo presente a Yahvé en medio del pueblo. Bien interpretada por los Profetas, mantuvo y preparó la llegada del Mesías. Jesús la defiende y la cumple en general. En particular, corrige, perfecciona y completa detalles concretos, con aquellas famosas antítesis de: “Se dijo a los antiguos… pero yo os digo”; y lo mismo sucedió con la interpretación que hacían los fariseos del ayuno, del sábado, de la resurrección y, muy especialmente, del amor en todas sus dimensiones.
Por otra parte, a Jesús le molestó mucho la hipocresía de los fariseos en el cumplimiento de la Ley. No podía quedarse a gusto con un cumplimiento externo, material y sólo normativo; buscaba, sinceridad, autenticidad, coherencia. Por eso, le molestaba más el orgullo de los fariseos y su hipocresía que los defectos de los discípulos, mostrándose continuamente más como pescadores que como discípulos. Pero estos eran auténticos, y su bondad y autenticidad les llevará a ser testigos de la Resurrección.
Dos cosas sólo para terminar con la Ley según Jesús:
“Un nuevo mandamiento os doy: que os améis unos a otros como yo os he amado” (Jn 13,34). “Haced esto en memoria mía” (Lc 22,19).
¿No ya lo que pensamos, sino lo que vivimos, entra de lleno en la plenitud de la Ley de Jesús?
¿Crees que puede haber todavía algún peligro de absolutizar lo que, al menos de alguna forma, es relativo, relativizando, así, lo absoluto?
Fray Hermelindo Fernández RodríguezFray Hermelindo Fernández Rodríguez
La Virgen del Camino
Enviar comentario al autor 

miércoles, 2 de marzo de 2016

Jesús veía a su Padre, Dios, más preocupado por las personas que por la Ley. Por eso, busca lo primero de todo que todos puedan vivir una vida digna, para lo cual instituye “el Reino de Dios y su justicia”, como base de toda su misión.

miércoles, 29 de abril de 2015

Tenemos un Dios que nos ama, nos ha advertido, por medio de su Palabra, que realizar las acciones contrarias a los mandamientos, destruyen la vida del hombre, tanto la propia como la de los demás. 



El Evangelio de hoy 
Juan 12, 44-50

En aquel tiempo, exclamó Jesús con fuerte voz: "El que cree en mí, no cree en mí, sino en aquel que me ha enviado; el que me ve a mí ve a aquel que me ha enviado. Yo he venido al mundo como luz, para que el que crea en mí no siga en tinieblas.

Si alguno oye mis palabras y no las pone en práctica, yo no lo voy a condenar; porque no he venido al mundo para condenar al mundo, sino para salvarlo.

El que me rechaza y no acepta mis palabras, tiene ya quien lo condene: las palabras que yo he hablado lo condenarán en el último día. Porque yo no he hablado por mi cuenta, sino que mi Padre, que me envió, me ha mandado lo que tengo que decir y hablar. Y yo sé que su mandamiento es vida eterna. Así pues, lo que hablo, lo digo como el Padre me lo ha dicho".


Reflexión 
Algunas veces podrían sonarnos chocantes y fuera de sentido algunas de las palabras que encontramos en los santos evangelios. Sin embargo, estas palabras no las ha dicho Jesús por necedad, sino porque son las que le ha mandado el Padre. Por ejemplo, cuando leemos los mandamientos, en medio de nuestra cultura tan moderna y desarrollada, no falta quien diga, entre otras cosas, que el sexto mandamiento de la ley de Dios es una muestra del Dios retrógrado en el que todavía algunos creen.

Y su argumento es que mientras haya amor, la relación íntima puede ser hecha antes del matrimonio e incluso entre personas del mismo sexo. Quienes afirman esto -incluidos los mismos bautizados- es que no han comprendido que, precisamente porque tenemos un Dios que nos ama, nos ha advertido, por medio de su Palabra, que realizar las acciones contrarias a los mandamientos, destruyen la vida del hombre, tanto la propia como la de los demás.

En el Paraíso, Dios le dijo a Adán: "El día que comas de esta fruta (que desobedezcas), ese día morirás". Las consecuencias las conocemos y las vivimos: guerras, homicidios, rencor, egoísmo, destrucción. Por ello, San Pablo escribirá a los Romanos: "El salario del pecado es la muerte". Por eso, es que Jesús no nos va a condenar, nosotros mismos, si decidimos seguir el camino del pecado, habremos tomado el sendero de la autodestrucción, de la autocondenación.
 

Permite que el amor de Dios llene hoy tu vida. Ábrele tu corazón.
Como María, todo por Jesús y para Jesús.
Pbro. Ernesto María Caro