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miércoles, 16 de noviembre de 2016


En el simbolismo de la parábola, las monedas de plata del rey son los bienes del Reino de Dios, esto es, todo aquello que hace crecer a las persona y revela la presencia de Dios: amor, servicio, compartir. Aquel que se cierra en si mismo con miedo a perder lo poco que tiene, éste va a perder lo poco que ya tiene. La persona, pues, que no piensa en sí, sino que se entrega a los otros, ésta va a crecer y a recibir a su vez, de forma inesperada, todo lo que entregó y mucho más...





Lectio: 
Miércoles, 16 Noviembre, 2016
Tiempo Ordinario
 
1) Oración inicial
Señor, Dios nuestro, concédenos vivir siempre alegres en tu servicio, porque en servirte a ti, creador de todo bien, consiste el gozo pleno y verdadero. Por nuestro Señor.
 
2) Lectura
Del Evangelio según Lucas 19,11-28.

Mientras la gente escuchaba estas cosas, añadió una parábola, porque estaba él cerca de Jerusalén y creían ellos que el Reino de Dios aparecería de un momento a otro. Dijo, pues: «Un hombre noble marchó a un país lejano, para recibir la investidura real y volverse. Llamó a diez siervos suyos, les dio diez minas y les dijo: `Negociad hasta que vuelva.' Pero sus ciudadanos le odiaban y enviaron detrás de él una embajada que dijese: `No queremos que ése reine sobre nosotros.' «Cuando regresó, después de recibir la investidura real, mandó llamar a aquellos siervos suyos a los que había dado el dinero, para saber lo que había ganado cada uno. Se presentó el primero y dijo: `Señor, tu mina ha producido diez minas.' Le respondió: `¡Muy bien, siervo bueno!; ya que has sido fiel en lo insignificante, toma el gobierno de diez ciudades.' Vino el segundo y dijo: `Tu mina, Señor, ha producido cinco minas.' Dijo a éste: `Ponte tú también al mando de cinco ciudades. ' «Vino el otro y dijo: `Señor, aquí tienes tu mina, que he tenido guardada en un lienzo; pues tenía miedo de tí, que eres un hombre severo; que tomas lo que no pusiste y cosechas lo que no sembraste.' Dícele: `Por tu propia boca te juzgo, siervo malo; sabías que yo soy un hombre severo, que tomo lo que no puse y cosecho lo que no sembré; pues, ¿por qué no colocaste mi dinero en el banco? Y así, al volver yo, lo habría cobrado con los intereses.' Y dijo a los presentes: `Quitadle la mina y dádsela al que tiene las diez minas.' Dijéronle: `Señor, tiene ya diez minas.' -`Os digo que a todo el que tiene, se le dará; pero al que no tiene, aun lo que tiene se le quitará.'
«`Y a esos enemigos míos, que no querían que yo reinara sobre ellos, traedlos aquí y matadlos delante de mí.'» Y dicho esto, marchaba por delante, subiendo a Jerusalén.
 
3) Reflexión
• El evangelio de hoy nos trae la Parábola de los Talentos, en la que Jesús nos habla de los dones que las personas reciben de Dios. Toda persona tiene alguna cualidad, recibe algún don o sabe alguna cosa que puede enseñar a los otros. Nadie es sólo alumno, nadie es sólo profesor. Aprendemos unos de otros.
• Lucas 19,11: La llave para entender la historia de la parábola. Para introducir la parábola Lucas dice lo que sigue: “Mientras la gente escuchaba estas cosas, añadió una parábola, porque estaba él cerca de Jerusalén y creían ellos que el Reino de Dios aparecería de un momento a otro”. En esta información inicial, Lucas destaca tres motivaciones que llevan a Jesús a contar la parábola: (a) La acogida que hay que dar a los excluidos, pues, diciendo “mientras la gente escuchaba estas cosas”, se refiere al episodio de Zaqueo, el excluido que fue acogido por Jesús (b) La proximidad de la pasión, de la muerte y de la resurrección, pues decía que Jesús estaba cerca de Jerusalén donde iba a morir en breve. (c) La llegada inminente del Reino de Dios, pues las personas que acompañaban a Jesús pensaban que el Reino de Dios llegaría luego.
• Lucas 19,12-14: El inicio de la Parábola. “Dijo, pues: Un hombre noble marchó a un país lejano, para recibir la investidura real y volverse. Llamó a diez siervos suyos, les dio diez minas y les dijo: `Negociad hasta que vuelva.' Pero sus ciudadanos le odiaban y enviaron detrás de él una embajada que dijese: `No queremos que ése reine sobre nosotros”. Algunos estudiosos piensan que en esta parábola Jesús se refiere a Herodes quien setenta años antes (40 aC), había ido a Roma con el fin de recibir el título y el poder de Rey de Palestina. A la gente no le gustaba Herodes y no quería que fuera rey, pues la experiencia que habían tenido con él como comandante para reprimir las rebeliones en la Galilea contra Roma fue una experiencia trágica y dolorosa. Por esto decían: “No queremos que ése reine sobre nosotros” A este mismo Herodes se aplicaría la frase final de la parábola: “Y a esos enemigos míos, que no querían que yo reinara sobre ellos, traedlos aquí y matadlos delante de mí.” De hecho, Herodes mató a mucha gente.
• Lucas 19,15-19: Rendimiento de cuentas de los primeros empleados que recibieron cien monedas de plata. La historia nos dice que Herodes recibió el título de rey y volvió a Palestina para asumir el poder. En la parábola, el rey llama a los empleados a los que había dado cien monedas de plata, para saber cuánto habían ganado. Se presentó el primero y dijo: `Señor, tu mina ha producido diez minas.' Le respondió: `¡Muy bien, siervo bueno!; ya que has sido fiel en lo insignificante, toma el gobierno de diez ciudades. Vino el segundo y dijo: `Tu mina, Señor, ha producido cinco minas.' Dijo a éste: `Ponte tú también al mando de cinco ciudades.' Según la historia, tanto Herodes Magno como su hijo Herodes Antipas, ambos sabían tratar con el dinero y promover a las personas que los ayudaban. En la parábola, el rey da diez ciudades al empleado que multiplicó por diez las cien monedas que había recibido, y cinco ciudades al empleado que las multiplicó por cinco.
• Lucas 19,20-23: Rendimiento de cuentas del empleado que no ganó nada. El tercer empleado llegó y dijo: ''Señor, aquí tienes tu mina, que he tenido guardada en un lienzo; pues tenía miedo de ti, que eres un hombre severo; que tomas lo que no pusiste y cosechas lo que no sembraste”. En esta frase aflora una idea equivocada de Dios que es criticada por Jesús. El empleado ve a Dios como a un dueño severo. Ante un Dios así, el ser humano siente miedo y se esconde detrás de la observancia exacta y mezquina de la ley. Piensa que, al actuar así, no será castigado por la severidad del legislador. En realidad, una persona así no cree en Dios, sino que cree solamente en si misma, en su propia observancia de la ley. Ella se cierra en sí misma, se aleja de Dios y no consigue ocuparse y preocuparse de los otros. Se vuelve incapaz de crecer como persona libre. Esta imagen falsa de Dios aísla al ser humano, mata la comunidad, acaba con la alegría y empobrece la vida. “El rey responde: '`Por tu propia boca te juzgo, siervo malo; sabías que yo soy un hombre severo, que tomo lo que no puse y cosecho lo que no sembré; pues, ¿por qué no colocaste mi dinero en el banco? Y así, al volver yo, lo habría cobrado con los intereses.” El empleado no fue coherente con la imagen que tenía de Dios. Si imaginaba a un Dios tan severo, hubiera tenido que colocar, por lo menos, el dinero en el banco. Así que es condenado no por Dios, sino por la idea errada que tenía de Dios y que le vuelve temeroso e inmaduro. Una de las cosas que más influye en la vida de la gente es la idea que nos hacemos de Dios. Entre los judíos de la línea de los fariseos, algunos imaginaban a Dios como a un Juez severo que los trataba de acuerdo con el mérito conquistado por las observancias. Esto producía miedo e impedía a las personas el poder crecer. Sobretodo, impedía que las personas pudiesen abrir un espacio dentro de sí para acoger la nueva experiencia de Dios que Jesús comunicaba.
• Lucas 19,24-27: Conclusión para todos. “Y dijo a los presentes: `Quitadle la mina y dádsela al que tiene las diez minas.' Dijéronle: `Señor, tiene ya diez minas.' -`Os digo que a todo el que tiene, se le dará; pero al que no tiene, aun lo que tiene se le quitará”. El señor manda quitarle las cien monedas y darlas a aquel que ya tenía mil, porque “a todo el que tiene, se le dará, pero al que no tiene, aun lo que tiene se le quitará. En esta frase final está la clave que aclara la parábola. En el simbolismo de la parábola, las monedas de plata del rey son los bienes del Reino de Dios, esto es, todo aquello que hace crecer a las persona y revela la presencia de Dios: amor, servicio, compartir. Aquel que se cierra en si mismo con miedo a perder lo poco que tiene, éste va a perder lo poco que ya tiene. La persona, pues, que no piensa en sí, sino que se entrega a los otros, ésta va a crecer y a recibir a su vez, de forma inesperada, todo lo que entregó y mucho más: “cien veces más, con persecuciones” (Mc 10,30). “Pierde la vida quien quiere salvarla, gana su vida quien tiene el valor de perderla” (Lc 9,24; 17,33; Mt 10,39;16,25;Mc 8,35). El tercer empleado tiene miedo y no hace nada. No quiere perder nada y, por esto, no gana nada. Pierde hasta lo poco que tiene. El Reino es riesgo. Aquel que no quiere correr riesgos, ¡pierde el Reino!
• Lucas 19,28: Volviendo a la triple llave inicial. Al final, Lucas concluye el asunto con esta información: “Y dicho esto marchaba por delante, subiendo a Jerusalén”. Esta información final evoca la triple llave dada al comienzo: acogida a los excluidos, proximidad de la pasión, muerte y resurrección de Jesús en Jerusalén y la idea de la inminente llegada del Reino. A los que pensaban que el Reino de Dios estaba por llegar, la parábola manda mudar la mirada. El Reino de Dios llega, sí, pero a través de la muerte y de la resurrección de Jesús que acontece en breve en Jerusalén. Y el motivo de la muerte fue su acogida, la acogida que Jesús daba a los excluidos como Zaqueo y a tantos otros. Molestaba a los grandes y ellos lo eliminaron condenándolo a muerte y a una muerte de cruz.
 
4) Para la reflexión personal
• En nuestra comunidad, ¿tratamos de conocer y valorar los dones de cada persona? A veces los dones de unos generan envidia y competitividad en otros. ¿Cómo reaccionamos?
• Nuestra comunidad ¿es un espacio donde las personas pueden explayar sus dones?
 
5) Oración final
Alabad a Dios en su santuario,
alabadlo en su poderoso firmamento,
alabadlo por sus grandes hazañas,
alabadlo por su inmensa grandeza. (Sal 150,1-2)

lunes, 3 de octubre de 2016

No quiero enumerar, uno por uno, todo aquello en que podríamos ayudar a nuestro prójimo; simplemente pensemos en todo lo que nos queremos a nosotros mismos y lo poquito por los que están a nuestro alrededor.





Lectura del santo evangelio según san Lucas 10,25-37:
En aquel tiempo, se presentó un maestro de la Ley y le preguntó a Jesús para ponerlo a prueba: «Maestro, ¿qué tengo que hacer para heredar la vida eterna?» Él le dijo: «¿Qué está escrito en la Ley? ¿Qué lees en ella?»
Él contestó: «Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón y con toda tu alma y con todas tus fuerzas y con todo tu ser. Y al prójimo como a ti mismo.» Él le dijo: «Bien dicho. Haz esto y tendrás la vida.» Pero el maestro de la Ley, queriendo justificarse, preguntó a Jesús: «¿Y quién es mi prójimo?» Jesús dijo: «Un hombre bajaba de Jerusalén a Jericó, cayó en manos de unos bandidos, que lo desnudaron, lo molieron a palos y se marcharon, dejándolo medio muerto. Por casualidad, un sacerdote bajaba por aquel camino y, al verlo, dio un rodeo y pasó de largo. Y lo mismo hizo un levita que llegó a aquel sitio: al verlo dio un rodeo y pasó de largo. Pero un samaritano que iba de viaje, llegó a donde estaba él y, al verlo, le dio lástima, se le acercó, le vendó las heridas, echándoles aceite y vino, y, montándolo en su propia cabalgadura, lo llevó a una posada y lo cuidó. Al día siguiente, sacó dos denarios y, dándoselos al posadero, le dijo: "Cuida de él, y lo que gastes de más yo te lo pagaré a la vuelta." ¿Cuál de estos tres te parece que se portó como prójimo del que cayó en manos de los bandidos?» Él contestó: «El que practicó la misericordia con él.» Díjole Jesús: «Anda, haz tú lo mismo.»
  • «El que practicó la misericordia con él»

En este fragmento del relato de Lucas, de nuevo los letrados quieren probar a Jesús, buscando que caiga en alguna contradicción.
El letrado pregunta qué debe hacer para alcanzar la vida eterna, y a su vez, Jesús le pregunta qué es lo que indica la ley; este, como buen entendido en la materia, le recita lo que los judíos conocen como «la Shemá», en la que dice: «Amarás al señor tu Dios... y al prójimo como a ti mismo». Jesús le replica que ha contestado bien, que cumpla eso que con eso es suficiente; pero el letrado insiste ¿y quién es mi prójimo?
Ante la pregunta, Cristo refiere la conocida parábola del «Buen Samaritano», en la que cuanta que un judío que bajaba a Jericó es atacado y herido, pasan en distintos momentos «profesionales de la caridad», un sacerdote y un levita, pero estos dan un rodeo y lo evitan, sin embargo, un habitante de samaria que pasó, lo socorrió. Los samaritanos y los judíos no se tratan, había una enemistad importante entre ambas comunidades, pero, sorprendentemente, lo ayudó, lo curó, lo condujo a una posada y, aún es más, le dio dinero al posadero para que lo cuidara y, si no era suficiente, se lo abonaría a su vuelta.
¡Como nos hacemos "el loco" ante la injusticia o las necesidades de los demás! Si podemos pasar de puntillas junto a ellos para que no noten nuestra presencia y, sin embargo, rezamos, cumplimos con los preceptos de la Iglesia y nos consideramos inmejorables, pero hacemos oídos sordos a lo que tenemos alrededor.
No quiero enumerar, uno por uno, todo aquello en que podríamos ayudar a nuestro prójimo; simplemente pensemos en todo lo que nos queremos a nosotros mismos y lo poquito por los que están a nuestro alrededor.
No es preciso convertirse en adalid de la justicia para ir «desfaciendo entuertos», como diría D. Quijote; pero si el ayudar a tantos que, con un poco de nuestra parte, verían colmadas sus necesidades, ayudar a aquellos que, por motivo muy serios, han tenido que abandonar el hogar y se encuentran desarraigados, o a aquellos que no tienen necesidades físicas, pero si simplemente necesitan que alguien les escuche y comprenda.
¿Somos constantes en nuestro compromiso?
Ante un necesitado, ¿damos un rodeo para no verlo?
¿Somos capaces de ayudar a los que nos rodean, aunque solamente sea sujetarles la mano?

D. José Vicente  Vila  Castellar, OPD. José Vicente Vila Castellar, OP
Fraternidad Laical Dominicana Torrent (Valencia)
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miércoles, 17 de agosto de 2016

Sí, Jesús nos confía una parte de su viña. No pasemos los minutos, las horas, los días, los meses o los años sin dedicarlos a los demás, a la Iglesia, a la sociedad. El tiempo no es para uno mismo, sino para Dios. El que ama a Dios no se retrae, no se esconde, no se desentiende. El que ama a Dios, no sólo entrega lo que tiene, sino que se da por completo.


San Mateo 20, 1-16:Trabajar en la viña del Señor
Autor: Regnum Christi
Fuente: Regnum Christi      

Evangelio

Lectura del santo Evangelio según San Mateo 20, 1-16

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos esta parábola: “El Reino de los cielos es semejante a un propietario que, al amanecer, salió a contratar trabajadores para su viña. Después de quedar con ellos en pagarles un denario por día, los mandó a su viña. Salió otra vez a media mañana, vio a unos que estaban ociosos en la plaza y les dijo: ‘Vayan también ustedes a mi viña y les pagaré lo que sea justo’. Salió de nuevo a medio día y a media tarde e hizo lo mismo.

Por último salió también al caer la tarde y encontró todavía otros que estaban en la plaza y les dijo: ‘¿Por qué han estado aquí todo el día sin trabajar?’ Ellos le respondieron: ‘Porque nadie nos ha contratado’. Él les dijo: ‘Vayan también ustedes a mi viña’.

Al atardecer, el dueño de la viña le dijo a su administrador: ‘Llama a los trabajadores y págales su jornal, comenzando por los últimos hasta que llegues a los primeros’. Se acercaron, pues, los que habían llegado al caer la tarde y recibieron un denario cada uno.

Cuando les llegó su turno a los primeros, creyeron que recibirían más; pero también ellos recibieron un denario cada uno. Al recibirlo, comenzaron a reclamarle al propietario, diciéndole: ‘Esos que llegaron al último sólo trabajaron una hora, y sin embargo, les pagas lo mismo que a nosotros, que soportamos el peso del día y del calor’.

Pero él respondió a uno de ellos: ‘Amigo, yo no te hago ninguna injusticia. ¿Acaso no quedamos en que te pagaría un denario? Toma, pues, lo tuyo y vete. Yo quiero darle al que llegó al último lo mismo que a ti. ¿Qué no puedo hacer con lo mí lo que yo quiero? ¿O vas a tenerme rencor porque yo soy bueno?’
De igual manera, los últimos serán los primeros, y los primeros, los últimos”.

Meditación

El Evangelio nos presenta una escena en la que un hombre vuelve en diferentes momentos a la plaza para contratar a los trabajadores. Unos son llamados al inicio del día, y otros ya al atardecer. Es decir, Dios llama a cada uno, según sus cualidades y su situación personal. A Él lo que le interesa es que todos los hombres se salven. Todos somos llamados a corresponder a la gracia, no importa el momento de la vida en el que nos encontremos.

Por otra parte, la página evangélica también nos llama al trabajo. El mundo es grande. El tiempo es corto. Son muchos los que todavía no conocen a Cristo y mientras haya una persona que no ame a Cristo, no podemos descansar. ¿Nos sobra un poco de tiempo? Entonces recapacitemos y veamos si no podríamos más bien dedicar ese tiempo a hacer algo en el propio ambiente, en el trabajo, en la parroquia, en la familia. El Señor necesita trabajadores en su viña. Aceptemos su invitación y acudamos desde la primera hora.

Sí, Jesús nos confía una parte de su viña. No pasemos los minutos, las horas, los días, los meses o los años sin dedicarlos a los demás, a la Iglesia, a la sociedad. El tiempo no es para uno mismo, sino para Dios. El que ama a Dios no se retrae, no se esconde, no se desentiende. El que ama a Dios, no sólo entrega lo que tiene, sino que se da por completo.

El pasaje de san Mateo, por último, nos recuerda el sentido de Iglesia con el que hemos de vivir. Somos “obreros” de la viña del Señor junto a los demás cristianos. Debemos trabajar juntos para colaborar en la edificación del Reino de Cristo. Nos hemos de estimular y ayudar unos a otros como miembros de la Iglesia, por encima de cualquier nivel cultural, de la lengua, de la apariencia, etc.

Reflexión apostólica

Los cristianos debemos vivir en íntima unión y espíritu de colaboración con todos los miembros de la Iglesia. Esto implica vivir con una mayor conciencia de “ser y hacer Iglesia” a través de la parroquia o diócesis. Busquemos vivir la dimensión eclesial de nuestra vocación cristiana uniendo nuestros esfuerzos a los de otros muchos en la evangelización.

Propósito

Dedicar un tiempo que tenga para ponerlo a disposición de los demás, o de mi parroquia.

martes, 9 de agosto de 2016

Aquí está entonces lo que esperamos: ¡que Jesús vuelva! La Iglesia esposa espera a su esposo! Sin embargo, debemos preguntarnos con mucha sinceridad: ¿somos realmente testigos luminosos y creíbles de esta esperanza?





Lectura del santo evangelio según san Mateo 25,1-13:
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos esta parábola: - "Se parecerá el reino de los cielos a diez doncellas que tomaron sus lámparas y salieron a esperar al esposo. Cinco de ellas eran necias y cinco eran sensatas. Las necias, al tomar las lámparas, se dejaron el aceite con las lámparas. El esposo tardaba, les entró sueño a todas y se durmieron. A medianoche se oyó una voz:
- ¡Que llega el esposo, salid a recibidlo!.
Entonces se despertaron todas aquellas doncellas y se pusieron a preparar sus lámparas. Y las necias dijeron a las sensatas: "Dadnos un poco de vuestro aceite, que se nos apagan las lámparas". Pero las sensatas contestaron: "Por si acaso no hay bastante para vosotras y nosotras, mejor es que vayáis a la tienda y os compréis".
Mientras iban a comprarlo, llegó el esposo, y las que estaban preparadas entraron con él al banquete, y se cerró la puerta. Más tarde llegaron también las otras doncellas, diciendo: "Señor, señor, ábrenos". Pero él respondió: "Os lo aseguro: no os conozco". Por tanto, velad, porque no sabéis el día ni la hora"

Oración introductoria
Señor, qué fácilmente puedo dejarte a un lado, en un segundo plano, y acordarme de Ti sólo cuándo hay una necesidad o problema. Ese descuido, irresponsabilidad o apatía me trae muchas consecuencias negativas porque debilita mi capacidad de amar. Ayúdame, por medio de esta oración, a comprender la necesidad de mantenerme siempre alerta, dispuesta a recibir tu gracia que me hace capaz de transformarme y transformar mi mundo.

Petición
Señor, dame la gracia de tener un corazón alerta y vigilante, para obrar siempre el bien.

Meditación del Papa Francisco
La Iglesia tiene entonces la tarea de mantener encendida y bien visible la lámpara de la esperanza, para que pueda continuar a resplandecer como signo seguro de salvación y pueda iluminar a toda la humanidad el sentimiento que lleva al encuentro con el rostro misericordioso de Dios.
Queridos hermanos y hermanas, aquí está entonces lo que esperamos: ¡que Jesús vuelva! La Iglesia esposa espera a su esposo! Sin embargo, debemos preguntarnos con mucha sinceridad: ¿somos realmente testigos luminosos y creíbles de esta esperanza? ¿Nuestras comunidades viven aún en el signo de la presencia del Señor Jesús y en la espera calurosa de la venida, o aparecen cansadas, entorpecidas, bajo el peso del cansancio y de la resignación? ¿También nosotros corremos el riesgo de terminar el aceite de la fe, el aceite de la alegría! ¡Atención!
Invoquemos a la Virgen María, madre de la esperanza y reina del cielo, para que nos mantenga siempre en una actitud de escucha y de espera, así para poder ser ya ahora permeados por el amor de Cristo y ser parte un día de la alegría sin fin, en la plena comunión de Dios.   (Audiencia, S.S. Francisco, 15 de octubre de 2014).
Reflexión
Como cuando un escalador se detiene para ver lo recorrido y para contemplar la cima deseada y anhelada, así también Dios nos concede a veces momentos que son como esas paradas, y vemos lo recorrido en la vida y contemplamos la cima deseada y anhelada: la eternidad. Y entendemos el sentido de la vida y se nos hacen amargos todos los consuelos de la Tierra.

En esta situación estaban estas muchachas: el Esposo deseado... ¡Qué gozo!, ¡Qué alegría vivir así, esperando al Esposo! ¡Como si ya tuvieran ganada la Cima! ¡Cómo les rebotaría el corazón a estas chicas!

¡Qué contentas estarían! Así se encontraba Santa Teresita del Niño Jesús cuando descubrió los primeros síntomas de su enfermedad que la llevaría a la muerte, escribe: "¡Ah, mi alma se sintió henchida de gran consuelo! Estaba íntimamente persuadida de que Jesús (...) quería hacerme oír una primera llamada. Era como un dulce y lejano murmullo que me anunciaba la llegada del Esposo. (...) Gozaba por entonces de una fe tan viva, tan clara , que el pensamiento del cielo constituía toda mi felicidad" (Manuscrito C, F. 5r-5v).

Pero así como las vírgenes se durmieron, el caminante sigue caminando, a nosotros nos envuelve el remolino de la vida, y a Teresita se le duerme la fe.(cfr Manuscrito C, 5v). ¿Qué, pues es lo que importa si hasta los prudentes también se duermen? Tener encendidas nuestras lámparas y llevar el aceite para alimentarlas. Digamos que la lámpara es la vida, la Luz es la Vida de Gracia y el aceite es la Caridad.

La vida lleva su rumbo sin preguntar, le damos la Luz de Cristo y comienza a brillar, pero para que nunca de apague se necesita alimentarla con obras de caridad. Es así como nos va a reconocer el esposo: "En esto reconocerán que sois discípulos míos, si tenéis amor los unos para con lo otros". "Entonces el Rey les dirá: Venid, benditos de mi Padre, (...)porque cuanto hicisteis con uno de estos pequeños, conmigo lo hicisteis"

Propósito
Dar la Luz de Cristo a nuestra vida para que comienza a brillar, pero para que nunca de apague se necesita alimentarla con obras de caridad.

Diálogo con Cristo 
San Agustín dijo que tuviéramos cuidado de la gracia de Dios que pasa y no vuelve. Por eso te pido, Padre bueno, que me ayudes a percibir tu presencia en lo cotidiano de este día para que con tu gracia pueda ser tu fiel discípulo y misionero. Mis decisiones labran mi destino, que terrible sería que me descuidará y siguiera el camino fácil que ofrece el mundo, por eso te pido me ayudes a vivir con el constante deseo de trabajar por ti.

viernes, 3 de junio de 2016

Los cristianos son, en primer lugar, invitados a hacer la experiencia espiritual de la misericordia divina desde su punto de vista, pues Dios les toma tales y como son. Jamás se sentirán abandonados: Dios está siempre presente, sin cesar, en su búsqueda.

viernes, 29 de enero de 2016

Estas parábolas de hoy insisten más en el papel de Dios. Él es el que hace que la semilla germine, después de que el labrador la haya sembrado en la tierra.

jueves, 28 de enero de 2016

Jesús: luz que debemos hacer brillar y de la que nosotros como beneficiarios somos responsables.

miércoles, 27 de enero de 2016

Hay que ser honrados y colocar las cosas por su orden: primero, Dios que es el que da, el que siembra, el que crea; luego, el hombre, el terreno, la actitud ante el don.

jueves, 3 de diciembre de 2015

Contemplar el Evangelio de hoy

Día litúrgico: Jueves I de Adviento

Texto del Evangelio (Mt7,21.24-27): En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: «No todo el que me diga: ‘Señor, Señor’, entrará en el Reino de los cielos, sino el que haga la voluntad de mi Padre celestial. Así pues, todo el que oiga estas palabras mías y las ponga en práctica, será como el hombre prudente que edificó su casa sobre roca: cayó la lluvia, vinieron los torrentes, soplaron los vientos, y embistieron contra aquella casa; pero ella no cayó, porque estaba cimentada sobre roca. Y todo el que oiga estas palabras mías y no las ponga en práctica, será como el hombre insensato que edificó su casa sobre arena: cayó la lluvia, vinieron los torrentes, soplaron los vientos, irrumpieron contra aquella casa y cayó, y fue grande su ruina».

Comentario: Abbé Jean-Charles TISSOT (Freiburg, Suiza)

«No todo el que me diga: ‘Señor, Señor’, entrará en el Reino de los cielos»

Hoy, el Señor pronuncia estas palabras al final de su "sermón de la montaña" en el cual da un sentido nuevo y más profundo a los Mandamientos del Antiguo Testamento, las "palabras" de Dios a los hombres. Se expresa como Hijo de Dios, y como tal nos pide recibir lo que yo os digo, como palabras de suma importancia: palabras de vida eterna que deben ser puestas en práctica, y no sólo para ser escuchadas —con riesgo de olvidarlas o de contentarse con admirarlas o admirar a su autor— pero sin implicación personal.

«Edificar en la arena una casa» (cf. Mt 7,26) es una imagen para describir un comportamiento insensato, que no lleva a ningún resultado y acaba en el fracaso de una vida, después de un esfuerzo largo y penoso para construir algo. "Bene curris, sed extra viam", decía san Agustín: corres bien, pero fuera del trayecto homologado, podemos traducir. ¡Qué pena llegar sólo hasta ahí: el momento de la prueba, de las tempestades y de las crecidas que necesariamente contiene nuestra vida!

El Señor quiere enseñarnos a poner un fundamento sólido, cuyo cimiento proviene del esfuerzo por poner en práctica sus enseñanzas, viviéndolas cada día en medio de los pequeños problemas que Él tratará de dirigir. Nuestras resoluciones diarias de vivir la enseñanza del Cristo deben así acabar en resultados concretos, a falta de ser definitivos, pero de los cuales podamos obtener alegría y agradecimiento en el momento del examen de nuestra conciencia, por la noche. La alegría de haber obtenido una pequeña victoria sobre nosotros mismos es un entrenamiento para otras batallas, y la fuerza no nos faltará —con la gracia de Dios— para perseverancia en la vida eterna.

 

jueves, 5 de noviembre de 2015

Jueves XXXI del tiempo ordinario

Escuchar audio

Texto del Evangelio (Lc 15,1-10): En aquel tiempo, todos los publicanos y los pecadores se acercaban a Jesús para oírle, y los fariseos y los escribas murmuraban, diciendo: «Éste acoge a los pecadores y come con ellos». 

Entonces les dijo esta parábola. «¿Quién de vosotros que tiene cien ovejas, si pierde una de ellas, no deja las noventa y nueve en el desierto, y va a buscar la que se perdió hasta que la encuentra? Y cuando la encuentra, la pone contento sobre sus hombros; y llegando a casa, convoca a los amigos y vecinos, y les dice: ‘Alegraos conmigo, porque he hallado la oveja que se me había perdido’. Os digo que, de igual modo, habrá más alegría en el cielo por un solo pecador que se convierta que por noventa y nueve justos que no tengan necesidad de conversión.

»O, ¿qué mujer que tiene diez dracmas, si pierde una, no enciende una lámpara y barre la casa y busca cuidadosamente hasta que la encuentra? Y cuando la encuentra, convoca a las amigas y vecinas, y dice: ‘Alegraos conmigo, porque he hallado la dracma que había perdido’. Del mismo modo, os digo, se produce alegría ante los ángeles de Dios por un solo pecador que se convierta».

Comentario: Rev. D. Francesc NICOLAU i Pous (Barcelona, España)

«Habrá más alegría en el cielo por un solo pecador que se convierta»

Hoy, el evangelista de la misericordia de Dios nos expone dos parábolas de Jesús que iluminan la conducta divina hacia los pecadores que regresan al buen camino. Con la imagen tan humana de la alegría, nos revela la bondad de Dios que se complace en el retorno de quien se había alejado del pecado. Es como un volver a la casa del Padre (como dirá más explícitamente en Lc 15,11-32). El Señor no vino a condenar el mundo, sino a salvarlo (cf. Jn 3,17), y lo hizo acogiendo a los pecadores que con plena confianza «se acercaban a Jesús para oírle» (Lc 15,1), ya que Él les curaba el alma como un médico cura el cuerpo de los enfermos (cf. Mt 9,12). Los fariseos se tenían por buenos y no sentían necesidad del médico, y es por ellos —dice el evangelista— que Jesús propuso las parábolas que hoy leemos.

Si nosotros nos sentimos espiritualmente enfermos, Jesús nos atenderá y se alegrará de que acudamos a Él. Si, en cambio, como los orgullosos fariseos pensásemos que no nos es necesario pedir perdón, el Médico divino no podría obrar en nosotros. Sentirnos pecadores lo hemos de hacer cada vez que recitamos el Padrenuestro, ya que en él decimos «perdona nuestras ofensas...». ¡Y cuánto hemos de agradecerle que lo haga! ¡Cuánto agradecimiento también hemos de sentir por el sacramento de la reconciliación que ha puesto a nuestro alcance tan compasivamente! Que la soberbia no nos lo haga menospreciar. San Agustín nos dice que Jesucristo, Dios Hombre, nos dio ejemplo de humildad para curarnos del “tumor” de la soberbia, «ya que gran miseria es el hombre soberbio, pero más grande misericordia es Dios humilde».

Digamos todavía que la lección que Jesús da a los fariseos es ejemplar también para nosotros; no podemos alejar de nosotros a los pecadores. El Señor quiere que nos amemos como Él nos ha amado (cf. Jn 13,34) y hemos de sentir gran gozo cuando podamos llevar una oveja errante al redil o recobrar una moneda perdida.


martes, 27 de octubre de 2015



El Reino de Dios pide nuestra colaboración.2015-10-27


Oración preparatoria (para ponerme en presencia de Dios)

Ven, Espíritu Santo, y llena y fermenta mi corazón de amor por Ti. Con tu gracia podré corresponder al amor de Cristo me tiene. Yo no soy digno de este amor, pero imploro tu misericordia. Gracias por tu amorosa presencia dentro de mí.

Evangelio del día, (para orientar tu meditación) 

Del santo Evangelio según san Lucas 13, 18-21

En aquel tiempo, Jesús dijo: "¿A qué se parece el Reino de Dios? ¿Con que podré compararlo? Se parece a un la semilla de mostaza que un hombre sembró en una huerta; creció y se convirtió  en un arbusto grande y los pájaros anidaron en sus ramas".

Y dijo de nuevo: "¿Con que podré comparar el Reino de Dios? Con la levadura que una mujer mezcla con tres medidas de harina y que hace fermentar toda la masa".

Palabra del Señor.

Reflexiona lo que Dios te dice en el Evangelio (te sugerimos leer esto que dijo el Papa)


«La imagen del grano de mostaza. Si bien es el más pequeño de todas las semillas está lleno de vida y crece hasta volverse ’más grande que todas las plantas de huerto’.

Así es el reino de Dios: una realidad humanamente pequeña y aparentemente irrelevante. Para entrar a ser parte es necesario ser pobres en el corazón; no confiarse en las propias capacidades sino en la potencia del amor de Dios; no actuar para ser importantes a los ojos de mundo, sino preciosos a los ojos de Dios, que tiene predilección por simples y los humildes.

Cuando vivimos así, a través de nosotros irrumpe la fuerza de Cristo y transforma lo que es pequeño y modesto en una realidad que hace fermentar a toda la masa del mundo y de la historia.

De estas dos parábolas nos viene una enseñanza importante: el Reino de Dios pide nuestra colaboración, si bien es sobretodo iniciativa y un don del Señor. Nuestra débil obra aparentemente pequeña delante de los problemas del mundo, si se inserta en la de Dios y no tiene miedo de las dificultades.

La victoria del Señor es segura, su amor hará crecer cada semilla de bien presente en la tierra. Esto nos abre a la confianza y al optimismo a pesar de los dramas, las injusticias, y los sufrimientos que encontramos. La semilla del bien y de la paz germina y se desarrolla, porque lo hace madurar el amor misericordioso de Dios.» (Ángelus de S.S. Francisco, 14 de junio de 2015).

Diálogo con Cristo

Ésta es la parte más importante de tu oración, disponte a platicar con mucho amor con Aquel que te ama.

Propósito

Proponte uno personal. El que más amor implique en respuesta al Amado… o, si crees que es lo que Dios te pide, vive lo que se te sugiere a continuación.

Para colaborar en la extensión del Reino de Dios, hoy no me voy a quejar, mejor voy a ver lo que puedo hacer para aliviar las cargas y los sufrimientos de los demás.

«Cada cristiano debe hacer presente a Cristo entre los hombres; debe obrar de tal manera que quienes le traten perciban el buen olor de Cristo; debe actuar de modo que, a través de las acciones del discípulo, pueda descubrirse el rosto del Maestro.»

(San J. Escriva de Balaguer, Es Cristo que pasa, n. 105)

lunes, 5 de octubre de 2015

El Evangelio de hoy
> Lucas 10, 25-37
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> En aquel tiempo, se presentó ante Jesús un doctor de la ley para ponerlo a prueba y le preguntó: "Maestro, ¿qué debo hacer para conseguir la vida eterna?" Jesús le dijo: "¿Qué es lo que está escrito en la ley? ¿Qué lees en ella?" El doctor de la ley contestó: "Amarás al Señor tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma, con todas tus fuerzas y con todo tu ser, y a tu prójimo como a ti mismo". Jesús le dijo: "Has contestado bien; si haces eso, vivirás".
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> El doctor de la ley, para justificarse, le preguntó a Jesús: "¿Y quién es mi prójimo?" Jesús le dijo: "Un hombre que bajaba por el camino de Jerusalén a Jericó, cayó en manos de unos ladrones, los cuales lo robaron, lo hirieron y lo dejaron medio muerto. Sucedió que por el mismo camino bajaba un sacerdote, el cual lo vio y pasó de largo. De igual modo, un levita que pasó por ahí, lo vio y siguió adelante. Pero un samaritano que iba de viaje, al verlo, se compadeció de él, se le acercó, ungió sus heridas con aceite y vino y se las vendó; luego lo puso sobre su cabalgadura, lo llevó a un mesón y cuidó de él. Al día siguiente sacó dos denarios, se los dio al dueño del mesón y le dijo: 'Cuida de él y lo que gastes de más, te lo pagaré a mi regreso'.
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> ¿Cuál de estos tres te parece que se portó como prójimo del hombre que fue asaltado por los ladrones?" El doctor de la ley le respondió: "El que tuvo compasión de él". Entonces Jesús le dijo: "Anda y haz tú lo mismo".
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> Reflexión
> Decir "te amo" no es suficiente, es necesario que este amor se haga manifiesto a través de nuestras acciones y de nuestras actitudes. El verdadero amor muestra siempre interés por la otra persona y es capaz de comprometer hasta sus propios recursos con el fin de mostrar con claridad su intensidad.
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> Quien ama, siempre tiene tiempo para la otra persona, para la persona amada. Si quieres saber quién te ama de verdad evalúa estos tres elementos:
> -Fíjate quién se interesa por ti.
> -Quién es capaz de comprometer su vida contigo y por ti.
> -Quién hace un pequeño espacio en su agitado día para decirte: "Hola, ¿cómo estás?"
> ¿Tendrás tú también estas actitudes para con Dios?
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> Permite que el amor de Dios llene hoy tu vida. Ábrele tu corazón.
> Como María, todo por Jesús y para Jesús.
> Pbro. Ernesto María Caro

jueves, 27 de agosto de 2015

Día litúrgico: Jueves XXI del tiempo ordinario

Escuchar audio

Texto del Evangelio (Mt24,42-51): En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: «Velad, pues, porque no sabéis qué día vendrá vuestro Señor. Entendedlo bien: si el dueño de casa supiese a qué hora de la noche iba a venir el ladrón, estaría en vela y no permitiría que le horadasen su casa. Por eso, también vosotros estad preparados, porque en el momento que no penséis, vendrá el Hijo del hombre. ¿Quién es, pues, el siervo fiel y prudente, a quien el señor puso al frente de su servidumbre para darles la comida a su tiempo? Dichoso aquel siervo a quien su señor, al llegar, encuentre haciéndolo así. Yo os aseguro que le pondrá al frente de toda su hacienda. Pero si el mal siervo aquel se dice en su corazón: ‘Mi señor tarda’, y se pone a golpear a sus compañeros y come y bebe con los borrachos, vendrá el señor de aquel siervo el día que no espera y en el momento que no sabe, le separará y le señalará su suerte entre los hipócritas; allí será el llanto y el rechinar de dientes».

Comentario: + Rev. D. Albert TAULÉ i Viñas (Barcelona, España)

«Estad preparados»

Hoy, el texto evangélico nos habla de la incertidumbre del momento en que vendrá el Señor: «No sabéis qué día vendrá» (Mt 24,42). Si queremos que nos encuentre velando en el momento de su llegada, no nos podemos distraer ni dormirnos: hay que estar siempre preparados. Jesús pone muchos ejemplos de esta atención: el que vigila por si viene un ladrón, el siervo que quiere complacer a su amo... Quizá hoy nos hablaría de un portero de fútbol que no sabe cuándo ni de qué manera le vendrá la pelota...

Pero, quizá, antes debiéramos aclarar de qué venida se nos habla. ¿Se trata de la hora de la muerte?; ¿se trata del fin del mundo? Ciertamente, son venidas del Señor que Él ha dejado expresamente en la incertidumbre para provocar en nosotros una atención constante. Pero, haciendo un cálculo de probabilidades, quizá nadie de nuestra generación será testimonio de un cataclismo universal que ponga fin a la existencia de la vida humana en este planeta. Y, por lo que se refiere a la muerte, esto sólo será una vez y basta. Mientras esto no llegue, ¿no hay ninguna otra venida más cercana ante la cual nos convenga estar siempre preparados?

«¡Cómo pasan los años! Los meses se reducen a semanas, las semanas a días, los días a horas, y las horas a segundos...» (San Francisco de Sales). Cada día, cada hora, en cada instante, el Señor está cerca de nuestra vida. A través de inspiraciones internas, a través de las personas que nos rodean, de los hechos que se van sucediendo, el Señor llama a nuestra puerta y, como dice el Apocalipsis: «Mira que estoy a la puerta y llamo; si alguno oye mi voz y me abre la puerta, entraré en su casa y cenaré con él y él conmigo» (Ap 3,20). Hoy, si comulgamos, esto volverá a pasar. Hoy, si escuchamos pacientemente los problemas que otro nos confía o damos generosamente nuestro dinero para socorrer una necesidad, esto volverá a pasar. Hoy, si en nuestra oración personal recibimos —repentinamente— una inspiración inesperada, esto volverá a pasar.

lunes, 27 de julio de 2015

La levadura no se ve, pero si no estuviera ahí, la pasta no subiría. Así también es la vida cristiana, la vida de la gracia: no se ve exteriormente, no hace ruido, pero... si uno deja que se introduzca en su corazón, la gracia divina va haciendo fructificar la semilla y convierte a las personas de pecadoras en santas.

viernes, 24 de julio de 2015


Evangelio de hoy 
Mateo 13, 18-23

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: "Escuchen ustedes lo que significa la parábola del sembrador. A todo hombre que oye la palabra del Reino y no la entiende, le llega el diablo y le arrebata lo sembrado en su corazón. Esto es lo que significan los granos que cayeron a lo largo del camino.

Lo sembrado sobre terreno pedregoso significa al que oye la palabra y la acepta inmediatamente con alegría; pero, como es inconstante, no la deja echar raíces, y apenas le viene una tribulación o una persecución por causa de la palabra, sucumbe.

Lo sembrado entre los espinos representa a aquel que oye la palabra, pero las preocupaciones de la vida y la seducción de las riquezas, la sofocan y queda sin fruto.

En cambio, lo sembrado en tierra buena, representa a quienes oyen la palabra, la entienden y dan fruto; unos, el ciento por uno; otros, el sesenta; y otros, el treinta".

Reflexión 
Son muchos, miles tal vez, los que cada domingo -al menos- escuchan la Palabra de Dios durante la Misa dominical, son muchos los que reciben la semilla del Evangelio. Sin embargo, es triste constatar que en nuestro mundo, no se ven muchos frutos evangélicos. Para muchos de nuestros cristianos se aplica la primera parte de esta parábola, pues son muchos los que no ponen atención en la misa, que van a misa sólo "por cumplir", que no se toman la molestia de leer la hojita o el libro para reflexionar en la Palabra. 

Son muchos los que aun habiéndola escuchado, no les interesa vivirla; otros más, son los que quisieran vivirla, pero las invitaciones de los amigos, las tentaciones del confort, los puestos superiores y otras vanidades del mundo, impiden que den fruto. Son verdaderamente pocos a los que se aplica hoy en día el final de la parábola, son pocos los que abren totalmente su corazón al Evangelio y que buscan encontrar la manera de hacerlo vida, que buscan comprenderlo, más que con la cabeza, con el corazón. 

Dios nos ha llamado a dar fruto, la tierra de nuestro corazón es tierra buena, apartemos de nuestra vida todo aquello que pueda impedir que la semilla del Evangelio dé fruto. Esforcémonos por ser de los que llenan de fruto la vida, y más aún, de los que hacen que este fruto permanezca. 

Permite que el amor de Dios llene hoy tu vida. Ábrele tu corazón.
Como María, todo por Jesús y para Jesús.
Pbro. Ernesto María Caro 

jueves, 23 de julio de 2015

Evangelio de hoy 
Mateo 13, 10-17

En aquel tiempo, se acercaron a Jesús sus discípulos y le preguntaron: "¿Por qué les hablas en parábolas?" Él les respondió: "A ustedes se les ha concedido conocer los misterios del Reino de los cielos; pero a ellos no. Al que tiene se le dará más y nadará en la abundancia; pero al que tiene poco, aun eso poco se le quitará. Por eso les hablo en parábolas, porque viendo no ven y oyendo no oyen ni entienden.

En ellos se cumple aquella profecía de Isaías que dice:Ustedes oirán una y otra vez y no entenderán; mirarán y volverán a mirar, pero no verán; porque este pueblo ha endurecido su corazón, ha cerrado sus ojos y tapado sus oídos, con el fin de no ver con los ojos ni oír con los oídos, ni comprender con el corazón. Porque no quieren convertirse ni que yo los salve

Pero, dichosos ustedes, porque sus ojos ven y sus oídos oyen. Yo les aseguro que muchos profetas y muchos justos desearon ver lo que ustedes ven y no lo vieron y oír lo que ustedes oyen y no lo oyeron".

Reflexión 
Al leer este pasaje, las palabras de Jesús nos podrían hacer pensar: ¿Es que Dios hace diferencias? Es que, como decían algunas herejías, ¿Dios ha elegido a unos para el cielo y a otros para el infierno? La respuesta definitivamente es no. No es que Dios haya cerrado los ojos y los oídos sino, como el mismo Jesús lo dice: su corazón se ha hecho insensible, no tienen deseos de convertirse. 

La realidad que vivimos de comodidad y las exigencias que presenta el Evangelio pueden hacer que poco a poco nuestro corazón se vaya haciendo insensible a la palabra de Dios. Hoy en día vemos, como lo dice el Papa, que la realidad del pecado se ha diluido; el hombre se ha hecho insensible a la maldad. Ya no es extraño en nuestra vida oír sobre el divorcio, por lo que para muchos jóvenes, ya desde el inicio de su matrimonio, está en germen, al menos, la posibilidad de divorciarse y volver a comenzar. 

Es tanto lo que el mundo nos ha mentalizado que el matrimonio cristiano no se diferencía mucho más que el matrimonio civil; no deja de ser un contrato más. El corazón se hace insensible y deja de escuchar la palabra de Dios: "Lo que Dios unió que no lo separe el hombre". Por ello bienaventurados los ojos que ven y los oídos que no se cierran a la Palabra de Dios, pues en ello está la verdadera felicidad. 

Permite que el amor de Dios llene hoy tu vida. Ábrele tu corazón.
Como María, todo por Jesús y para Jesús.
Pbro. Ernesto María Caro