Mostrando entradas con la etiqueta mandamientos. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta mandamientos. Mostrar todas las entradas

viernes, 19 de agosto de 2016

El evangelio de hoy, nos pone ante la disyuntiva de qué es lo que quiere Dios y qué es lo que queremos nosotros.





Mateo 22, 34-40
Cuando los fariseos se enteraron de que Jesús había hecho callar a los saduceos, se reunieron con Él, y uno de ellos, que era doctor de la Ley, le preguntó para ponerlo a prueba: «Maestro, ¿cuál es el mandamiento más grande de la Ley? » Jesús le respondió: «Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma y con todo tu espíritu. Este es el más grande y el primer mandamiento. El segundo es semejante al primero: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. De estos dos mandamientos dependen toda la Ley y los Profetas».
________________

“El niño con el pijama de rayas”, es una novela escrita por el irlandés John Boyne. La historia nos cuenta acerca de un niño de nueve años llamado Bruno. Él es hijo de un nazi que es enviado, como comandante, al campo de concentración de Auswitch, entonces la familia debe mudarse a dicho sitio. Aquél pequeño se siente solo y aburrido en el nuevo lugar donde vive, no hay nadie con quien pueda jugar y sólo ve soldados por todas partes. Pero Bruno, en su curiosidad, descubre que, más allá del jardín de su casa, hay una valla de alambre. Y detrás de esa valla se encuentra con un niño, vestido de igual forma que el resto de la gente del otro lado: Todos —según él— con el mismo pijama de rayas. Bruno y aquél chiquillo del otro lado de la alambrada, finalmente, entablan una amistad.

Este es el argumento de una historia inventada, pero que, teniendo en cuenta el evangelio de hoy, nos pone ante la disyuntiva de qué es lo que quiere Dios y qué es lo que queremos nosotros.

Jesús es cuestionado nuevamente por los fariseos. Esta vez quieren saber qué dice el Nazareno acerca de lo que manda Dios. Cristo, como buen judío, recita dos partes del Antiguo Testamento. El Deuteronomio que dice: “Escucha Israel, amarás al Señor tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma y con todas tus fuerzas” (Dt 6, 4-10). Y el Levítico que prescribe: “No te vengarás, ni guardarás rencor a los hijos de tu pueblo, sino amarás a tu prójimo como a ti mismo” (Lev 19, 18). Pero no está haciendo una enumeración, sino que está poniendo a la misma altura ambos mandatos. Dice que el segundo es parecido, semejante, al primero. Y me gusta pensar que, tal vez, deberíamos, confundirlos, porque así se comprende mejor qué quiere Dios y quién es él.

Todos, con verdad, decimos que conocemos el mensaje de Jesús. Un poco más, un poco menos, pero lo básico —afirmamos— lo sabemos. Sin embargo, lo que más nos sigue pesando, a la hora de vivir nuestra fe, nuestra unión con Dios, es el esquema del Antiguo Testamento. Nuestra forma religiosa de vivir sigue más unida a los diez mandamientos que a la nueva y revolucionaria propuesta de Cristo. Es la lista de mandatos la que pesamos en nuestro ser y no prestamos atención a lo más importante. Por ejemplo, en muchas ocasiones no estamos con la conciencia tranquila porque hemos faltado a misa -asociado a “santificar las fiestas”-, pero poco nos quita el sueño si, de verdad, no hemos amado a Dios. O será que tal vez pensamos que lo amamos, porque hemos cumplido con el precepto dominical.

Dice el mismo Jesús, en el Evangelio de hoy, que esta prescripción doble de amor supera a toda la ley y los profetas. Aquí está entonces la gran diferencia y la gran novedad del Mesías, con respecto a la antigua ley. Pero a pesar de ser muy claro, desde los apóstoles hasta hoy, me parece, aún seguimos en aquél esquema anterior que da tranquilidad de conciencia si se vive en la perfección de la norma antes que en la perfección del amor.

Qué es amar a Dios y al prójimo, seguramente, lo podremos entender con la propuesta de san Agustín, que dice: “Ama y haz lo que quieras; si callas, calla por amor; si gritas, grita por amor; si corriges, corrige por amor; si perdonas, perdona por amor. Existe dentro de ti la raíz del amor; de dicha raíz no puede brotar sino el bien”. Y si queremos ponerlo en comparación al decálogo mosaico, deberíamos decir que, si se ama de verdad, entonces no se deshonra al padre o a la madre, no se mata, no se miente, no se roba. Vivir con la propuesta de Jesús exige una profundidad mucho mayor en el discernimiento de nuestros actos y decisiones.

Lo que pasa es que, tal vez más en esta época, hemos llegado a confundir el amor, que es y lo envuelve todo, con algunos aspectos o manifestaciones de ese amor. Es hora de pensar que, cuando hablamos de amor, estamos más allá del enamoramiento, del amor de padres a hijos, o del amor entre amigos. Esto tiene que ver con todo lo que es nuestra vida, incluso con aquello que no nos gusta.

Antes les recordaba la novela de Boyle y el niño que, sin tener los prejuicios ni el conocimiento del odio de los adultos, es capaz de vencer fronteras, alambradas, y encontrarse con “el otro”. Lo acepta, en su inocencia, tal como es, no le importa si es judío o preso. Ve al otro pibe como uno igual que él. Y esto es lo que le pasa a Jesús con nosotros. Para él somos valiosos, como somos. Así nos ama y quiere hacerse uno con nosotros, quiere vestir el mismo pijama de rayas que a veces llevamos puesto, aunque no nos demos cuenta.

Entonces, el paradigma donde tenemos que mirar, para vivir según el mensaje y la propuesta de Jesús, es su misma vida. Él no sólo nos dice el modo en que Dios nos pide que vivamos, sino que lo encarnó. Tenemos que amarnos hasta el punto de amar como el mismo Cristo nos amó. Es que el amor, bien entendido, es la capacidad de donación de sí mismo, sin esperar nada a cambio. Y cuando decimos nada, es nada. Así ama Dios. Y claro que llegar a un nivel de entrega de este tipo no es fácil, además de que no se da de una vez para siempre, sino que es progresivo. Por lo tanto, debemos crecer en el amor. Y creo que todo esto es posible, especialmente, cuando Dios habita en nosotros.

¿Por dónde empezar? Hay que hacerlo por lo más concreto que tenemos: Amar al prójimo como a uno mismo. Ahí, seguro, no nos equivocamos y sin duda, al mismo tiempo, estamos amando a Dios.

Hay que saber, que las vallas que nos impiden llegar al otro, las ponemos nosotros, las personas, no Dios.

martes, 14 de junio de 2016

Jesús nos pide que seamos aquello que estamos llamados a ser. Que nos atrevamos a poner en juego toda nuestra capacidad, nuestras posibilidades… y descubriremos que Dios ha puesto en nosotros también el potencial para amar a los “enemigos”.



Lectura del santo evangelio según san Mateo 5, 43-48
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
-«Habéis oído que se dijo: "Amarás a tu prójimo" y aborrecerás a tu enemigo. Yo, en cambio, os digo: Amad a vuestros enemigos, y rezad por los que os persiguen. Así seréis hijos de vuestro Padre que está en el cielo, que hace salir su sol sobre malos y buenos, y manda la lluvia a justos e injustos. Porque, si amáis a los que os aman, ¿qué premio tendréis? ¿No hacen lo mismo también los publicanos? Y si saludáis sólo a vuestros hermanos, ¿qué hacéis de extraordinario? ¿No hacen lo mismo también los gentiles? Por tanto, sed perfectos, como vuestro Padre celestial es perfecto.»


  • “Si sólo amáis a los que aman ¿qué mérito tenéis?"

El evangelio nos sitúa hoy ante estas pocas frases de Jesús que vienen a poner directamente el dedo en la llaga. Es precioso decir y creer de corazón que Dios es AMOR. Y precisamente por ser Amor, “hace salir su sol sobre buenos y malos”. Del mismo modo actúa Jesús, no sólo con sus palabras, sino con toda su vida: atiende las necesidades de las personas y perdona en toda situación a quienes se sitúan como sus enemigos. Con un perdón que incluye el amor compasivo.
El ser humano tiene una capacidad inmensa de entrega, y todos tenemos mil motivos de admiración y agradecimiento por el don desinteresado de tantos hombres y mujeres en favor de los más débiles… Sin embargo, también forma parte de nuestra condición humana esa dificultad para amar a los enemigos. Los cercanos y los lejanos. Quienes hacen difícil nuestra vida personal y aquellos que sentimos que están haciendo un gran daño a la humanidad en lugares y situaciones tan diversas…
Por eso Jesús nos dice que “seamos perfectos como el Padre celestial es perfecto”. Bien sabemos todos que no podemos ser perfectos como Dios. ¿Qué nos dice entonces Jesús? Me aventuro a balbucear que nos pide que seamos aquello que estamos llamados a ser. Que nos atrevamos a poner en juego toda nuestra capacidad, nuestras posibilidades… y descubriremos que Dios ha puesto en nosotros también el potencial para amar a los “enemigos”. Quizá nos pueda ayudar en este camino algo que no es tan difícil de realizar, aunque a veces pueda resultar costoso: orar por los “enemigos” lejanos y cercanos.
Hna. Gotzone Mezo Aranzibia O.P.Hna. Gotzone Mezo Aranzibia O.P.
Congregación Romana de Santo Domingo 
Enviar comentario al autor 

viernes, 10 de junio de 2016

Un campo en el que podemos practicar la caridad es el de nuestras relaciones con los demás, sobre todo en la familia, en el trabajo, en la escuela.

_____________________________________


Lectura del santo evangelio según san Mateo (5,27-32):

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Habéis oído el mandamiento "no cometerás adulterio". Pues yo os digo: El que mira a una mujer casada deseándola, ya ha sido adúltero con ella en su interior. Si tu ojo derecho te hace caer, sácatelo y tíralo. Más te vale perder un miembro que ser echado entero en el infierno. Si tu mano derecha te hace caer, córtatela y tírala, porque más te vale perder un miembro que ir a parar entero al infierno. Está mandado: "El que se divorcie de su mujer, que le dé acta de repudio." Pues yo os digo: El que se divorcie de su mujer, excepto en caso de impureza, la induce al adulterio, y el que se case con la divorciada comete adulterio.»

Meditación

Dios es la fuente del amor. En Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo hay una comunión de amor. Y aunque Dios nos expresa su amor en la creación, la revelación plena del amor es Cristo que se encarna por nosotros, que es Amigo fiel, Compañero, Padre, etc.

Él tiene sed de amar y de ser amado por todos nosotros. Nos llama a aprender a amar a los otros como Él. Aprender a amar es un camino que requiere un aprendizaje laborioso, pero en él contamos con Cristo que nos da ejemplo y nos sostiene. Y porque contamos con su ayuda, nos invita incluso a dar la propia vida por los demás, apoyados en el amor que Él nos tiene.

Un campo en el que podemos practicar la caridad es el de nuestras relaciones con los demás, sobre todo en la familia, en el trabajo, en la escuela. En esos ámbitos, nuestra principal tarea es la de ser testigos de la caridad. Dios no nos llama a disecar el corazón, sino a atrevernos a amar como Él, a no desear más que un amor fuerte y hermoso, puro, constante, capaz de hacer de toda nuestra vida una gozosa entrega a Dios y a los otros, principalmente en la propia familia.


El tesoro

Muy posiblemente nos ha pasado a todos nosotros que cuando leímos por primera vez este pasaje intermedio del evangelio de hoy, pensamos que Jesús exageraba. ¿Cómo va a pedirnos que nos arranquemos un ojo y nos cortemos la mano? El secreto de las palabras de Jesús está en haber descubierto nuestro tesoro, el que nos hace felices, el que nos señala el camino para disfrutar de la vida, por el que se puede vender todo para comprarlo. Y sabemos que ese tesoro es Jesús, su evangelio. Si hay algo, aunque sea mi ojo, mi mano, mi pie que no me deja disfrutar de mi tesoro… tendré que rechazarlo y seguir disfrutando de mi tesoro y de la felicidad, la alegría, el sentido, la ilusión, la esperanza que me proporciona.


Fray Manuel Santos Sánchez
Real Convento de Predicadores (Valencia)
Enviar comentario al autor


miércoles, 8 de junio de 2016

“Un nuevo mandamiento os doy: que os améis unos a otros como yo os he amado” (Jn 13,34). “Haced esto en memoria mía” (Lc 22,19).
¿No ya lo que pensamos, sino lo que vivimos, entra de lleno en la plenitud de la Ley de Jesús?


-----------------------------------------

Lectura del santo evangelio según san Mateo 5,17-19
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «No creáis que he venido a abolir la Ley o los profetas: no he venido a abolir, sino a dar plenitud. Os aseguro que antes pasarán el cielo y la tierra que deje de cumplirse hasta la última letra o tilde de la Ley. El que se salte uno solo de los preceptos menos importantes, y se lo enseñe así a los hombres será el menos importante en el reino de los cielos. Pero quien los cumpla y enseñe será grande en el Reino de los cielos.»

  • La Ley y los Profetas, para Jesús

Para Jesús, la Ley cumplió muy bien su cometido, preparó el terreno, hizo presente a Yahvé en medio del pueblo. Bien interpretada por los Profetas, mantuvo y preparó la llegada del Mesías. Jesús la defiende y la cumple en general. En particular, corrige, perfecciona y completa detalles concretos, con aquellas famosas antítesis de: “Se dijo a los antiguos… pero yo os digo”; y lo mismo sucedió con la interpretación que hacían los fariseos del ayuno, del sábado, de la resurrección y, muy especialmente, del amor en todas sus dimensiones.
Por otra parte, a Jesús le molestó mucho la hipocresía de los fariseos en el cumplimiento de la Ley. No podía quedarse a gusto con un cumplimiento externo, material y sólo normativo; buscaba, sinceridad, autenticidad, coherencia. Por eso, le molestaba más el orgullo de los fariseos y su hipocresía que los defectos de los discípulos, mostrándose continuamente más como pescadores que como discípulos. Pero estos eran auténticos, y su bondad y autenticidad les llevará a ser testigos de la Resurrección.
Dos cosas sólo para terminar con la Ley según Jesús:
“Un nuevo mandamiento os doy: que os améis unos a otros como yo os he amado” (Jn 13,34). “Haced esto en memoria mía” (Lc 22,19).
¿No ya lo que pensamos, sino lo que vivimos, entra de lleno en la plenitud de la Ley de Jesús?
¿Crees que puede haber todavía algún peligro de absolutizar lo que, al menos de alguna forma, es relativo, relativizando, así, lo absoluto?
Fray Hermelindo Fernández RodríguezFray Hermelindo Fernández Rodríguez
La Virgen del Camino
Enviar comentario al autor 

jueves, 2 de junio de 2016

No podemos amar a Dios sólo. El amor a Él nos debe hacer salir de nosotros mismos para encontrarnos con el prójimo y verlo como Dios lo ve. 

martes, 26 de enero de 2016

En la respuesta de Jesús, como veremos, no hay ningún motivo de rechazo hacia sus familiares. No son sus parientes aquellos que escuchan su palabra, sino aquellos que escuchan y cumplen la voluntad de Dios: éstos son su hermano, su hermana, su madre.

martes, 19 de enero de 2016

No podemos vivir sin leyes, pues nos ayudan a normar y a dirigir nuestras vidas. Sin embargo, quienes están encargados de la aplicación de éstas, deben tener siempre en cuenta el "espíritu" que las han inspirado y que, en última instancia, es el bien de los individuos y de la comunidad. 

miércoles, 14 de octubre de 2015

Si tú cumples la ley sólo porque es la ley (por miedo al castigo) eres todavía un esclavo de la ley; pero si tú la cumples porque en ella descubres un camino para crecer en el amor, tu vida se abre hacia la felicidad perfecta.

jueves, 10 de septiembre de 2015

El cristiano es en definitiva una persona distinta a las demás. Sus criterios no van muy de acuerdo con los del mundo pues ha adoptado la "ilógica" manera de pensar de su Maestro. Lo más extraño de todo es que, a pesar de lo ilógica que parece la enseñanza de Jesús, es la única que nos garantiza la verdadera felicidad.

lunes, 17 de agosto de 2015

Lunes XX del tiempo ordinario

Escuchar audio

Texto del Evangelio (Mt19,16-22): En aquel tiempo, un joven se acercó a Jesús y le dijo: «Maestro, ¿qué he de hacer de bueno para conseguir vida eterna?». Él le dijo: «¿Por qué me preguntas acerca de lo bueno? Uno solo es el Bueno. Mas si quieres entrar en la vida, guarda los mandamientos». «¿Cuáles?» —le dice él—. Y Jesús dijo: «No matarás, no cometerás adulterio, no robarás, no levantarás falso testimonio, honra a tu padre y a tu madre, y amarás a tu prójimo como a ti mismo». Dícele el joven: «Todo eso lo he guardado; ¿qué más me falta?». Jesús le dijo: «Si quieres ser perfecto, anda, vende lo que tienes y dáselo a los pobres, y tendrás un tesoro en los cielos; luego ven, y sígueme». Al oír estas palabras, el joven se marchó entristecido, porque tenía muchos bienes.

Comentario: Rev. D. Óscar MAIXÉ i Altés (Roma, Italia)

«¿Qué he de hacer de bueno para conseguir vida eterna?»

Hoy la liturgia de la palabra pone ante nuestra consideración el famoso pasaje del joven rico, aquel joven que no supo responder ante la mirada de amor con que Cristo se fijó en él (cf. Mc 10,21). Juan Pablo II nos recuerda que en aquel joven podemos reconocer a todo hombre que se acerca a Cristo y le pregunta sobre el sentido de su propia vida: «Maestro, ¿qué he de hacer de bueno para conseguir vida eterna?» (Mt 19,16). El Papa comenta que «el interlocutor de Jesús intuye que hay una conexión entre el bien moral y el pleno cumplimiento del propio destino».

También hoy, ¡cuántas personas se hacen esta pregunta! Si miramos a nuestro alrededor, podemos quizá pensar que son pocas las personas que ven más allá, o bien que el hombre del siglo XXI no necesita hacerse este tipo de preguntas, ya que las respuestas no le sirven.

Jesús le responde: «¿Por qué me preguntas acerca de lo bueno? Uno sólo es el Bueno. Mas si quieres entrar en la vida, guarda los mandamientos» (Mt 19,17). No es solamente legítimo el preguntarse acerca del más allá, sobre el sentido de la vida, sino que... ¡es necesario hacerlo! El joven le ha preguntado qué tiene que hacer para alcanzar la vida eterna, y Cristo le responde que tiene que ser bueno. 

Hoy día, para algunos o para muchos —¡qué más da!— puede parecer imposible “ser bueno”... O bien, les puede parecer algo sin sentido: ¡una tontería! Hoy, como hace veinte siglos, Cristo nos sigue recordando que para entrar en la vida eterna es necesario cumplir los mandamientos de la ley de Dios: no se trata de un “óptimo”, sino que es el camino necesario para que el hombre se asemeje a Dios y así pueda entrar en la vida eterna de manos de su Padre-Dios. En efecto, «Jesús muestra que los mandamientos no deben ser entendidos como un límite mínimo que no hay que sobrepasar, sino como una senda abierta para un camino moral y espiritual de perfección, cuyo impulso interior es el amor» (Juan Pablo II).

jueves, 23 de julio de 2015

Evangelio de hoy 
Mateo 13, 10-17

En aquel tiempo, se acercaron a Jesús sus discípulos y le preguntaron: "¿Por qué les hablas en parábolas?" Él les respondió: "A ustedes se les ha concedido conocer los misterios del Reino de los cielos; pero a ellos no. Al que tiene se le dará más y nadará en la abundancia; pero al que tiene poco, aun eso poco se le quitará. Por eso les hablo en parábolas, porque viendo no ven y oyendo no oyen ni entienden.

En ellos se cumple aquella profecía de Isaías que dice:Ustedes oirán una y otra vez y no entenderán; mirarán y volverán a mirar, pero no verán; porque este pueblo ha endurecido su corazón, ha cerrado sus ojos y tapado sus oídos, con el fin de no ver con los ojos ni oír con los oídos, ni comprender con el corazón. Porque no quieren convertirse ni que yo los salve

Pero, dichosos ustedes, porque sus ojos ven y sus oídos oyen. Yo les aseguro que muchos profetas y muchos justos desearon ver lo que ustedes ven y no lo vieron y oír lo que ustedes oyen y no lo oyeron".

Reflexión 
Al leer este pasaje, las palabras de Jesús nos podrían hacer pensar: ¿Es que Dios hace diferencias? Es que, como decían algunas herejías, ¿Dios ha elegido a unos para el cielo y a otros para el infierno? La respuesta definitivamente es no. No es que Dios haya cerrado los ojos y los oídos sino, como el mismo Jesús lo dice: su corazón se ha hecho insensible, no tienen deseos de convertirse. 

La realidad que vivimos de comodidad y las exigencias que presenta el Evangelio pueden hacer que poco a poco nuestro corazón se vaya haciendo insensible a la palabra de Dios. Hoy en día vemos, como lo dice el Papa, que la realidad del pecado se ha diluido; el hombre se ha hecho insensible a la maldad. Ya no es extraño en nuestra vida oír sobre el divorcio, por lo que para muchos jóvenes, ya desde el inicio de su matrimonio, está en germen, al menos, la posibilidad de divorciarse y volver a comenzar. 

Es tanto lo que el mundo nos ha mentalizado que el matrimonio cristiano no se diferencía mucho más que el matrimonio civil; no deja de ser un contrato más. El corazón se hace insensible y deja de escuchar la palabra de Dios: "Lo que Dios unió que no lo separe el hombre". Por ello bienaventurados los ojos que ven y los oídos que no se cierran a la Palabra de Dios, pues en ello está la verdadera felicidad. 

Permite que el amor de Dios llene hoy tu vida. Ábrele tu corazón.
Como María, todo por Jesús y para Jesús.
Pbro. Ernesto María Caro 

martes, 21 de julio de 2015

Evangelio de hoy 
Mateo 12, 46-50

En aquel tiempo, Jesús estaba hablando a la muchedumbre, cuando su madre y sus parientes se acercaron y trataban de hablar con él. Alguien le dijo entonces a Jesús: "Oye, ahí fuera están tu madre y tus hermanos, y quieren hablar contigo".

Pero él respondió al que se lo decía: "¿Quién es mi madre y quiénes son mis hermanos?" Y señalando con la mano a sus discípulos, dijo: "Estos son mi madre y mis hermanos. Pues todo el que cumple la voluntad de mi Padre, que está en los cielos, ése es mi hermano, mi hermana y mi madre".

Reflexión 
Este pasaje (y sus paralelos en Lucas y Marcos) es conocido como "la verdadera familia de Jesús". Algunas interpretaciones equivocadas buscan ver en este pasaje un rechazo de Jesús hacia María y hacia su familia. La verdad es que Jesús aprovecha la visita de su Madre y de sus parientes (en otra oportunidad hablaremos de la palabra hermanos en la Biblia) para instruir a sus discípulos: la verdadera familia de Jesús no es únicamente la que lo une por los lazos de sangre, pues éstos se rompen con la muerte e incluso puede haber algunos que, aún teniendo la misma sangre, decidan no seguir la voluntad del Padre. La verdadera familia es la que vive conforme al Evangelio, es la que ha sido adoptada por el Padre como hijos por medio del Espíritu Santo. 

Él, como Hijo del Padre, ve que sus hermanos deben de ser también hijos de Dios. Esto de ninguna manera es un desprecio ni para sus parientes y mucho menos para su madre, la cual, si por algo se distinguió en la vida, fue por hacer la voluntad de Dios. De acuerdo a esto, nuestro parentesco con Jesús se refuerza en la medida en que nos aplicamos en hacer la voluntad del Padre, que no es otra que, la de vivir conforme al Evangelio. Recordemos que en otro pasaje ya nos había dicho: "No todo el que me dice: Señor, Señor se salvará, sino el que hace la voluntad del Padre". Apliquemos, pues, hoy todo nuestro día en vivir de acuerdo al Evangelio. 

Permite que el amor de Dios llene hoy tu vida. Ábrele tu corazón.
Como María, todo por Jesús y para Jesús.
Pbro. Ernesto María Caro 

viernes, 17 de julio de 2015

Evangelio de hoy 
Mateo 12, 1-8

Un sábado, atravesaba Jesús por los sembrados. Los discípulos, que iban con él, tenían hambre y se pusieron a arrancar espigas y a comerse los granos. Cuando los fariseos los vieron, le dijeron a Jesús: "Tus discípulos están haciendo algo que no está permitido hacer en sábado".

Él les contestó: "¿No han leído ustedes lo que hizo David una vez que sintieron hambre él y sus compañeros? ¿No recuerdan cómo entraron en la casa de Dios y comieron los panes consagrados, de los cuales ni él ni sus compañeros podían comer, sino tan sólo los sacerdotes?

¿Tampoco han leído en la ley que los sacerdotes violan el sábado porque ofician en el templo y no por eso cometen pecado? Pues yo digo que aquí hay alguien más grande que el templo.

Si ustedes comprendieran el sentido de las palabras: Misericordia quiero y no sacrificios, no condenarían a quienes no tienen ninguna culpa. Por lo demás, el Hijo del hombre también es dueño del sábado".

Reflexión 
Jesús nos advierte con este pasaje, del peligro de convertir la ley en la única norma de la vida, olvidándonos de los demás valores. No es que la ley sea mala, lo cual ya nos lo ha dicho san Pablo, sino que puede convertirse en una verdadera cadena que no nos deja vivir. 

De aquí la importancia de la vida en el Espíritu, ya que Éste hace que la ley se convierta en amor. Son muchas nuestras obligaciones diarias, las cuales pueden ser vividas bajo la ley o bajo el Espíritu. Yo puedo ir todos los días a trabajar, y hacerlo por amor y con gusto, o como una verdadera carga; puedo cumplir con mis obligaciones religiosas (como asistir a misa) de una manera rutinaria y sólo por cumplir la ley, o puedo hacerlo por amor y con gusto. 

El Señor lo que quiere es que cumplamos la ley, pero sin olvidar que, sobre la ley, siempre estará la caridad. Nuestra oración diaria hace de la ley una experiencia de amor. 

Permite que el amor de Dios llene hoy tu vida. Ábrele tu corazón.
Como María, todo por Jesús y para Jesús.
Pbro. Ernesto María Caro 

lunes, 22 de junio de 2015

 aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: "No juzguen, y no serán juzgados; porque así como juzguen los juzgarán y con la medida que midan los medirán.

¿Por qué miras la paja en el ojo de tu hermano y no te das cuenta de la viga que tienes en el tuyo? ¿Con qué cara le dices a tu hermano 'Déjame quitarte la paja que llevas en el ojo', cuando tú llevas una viga en el tuyo? ¡Hipócrita! Sácate primero la viga que tienes en el ojo, y luego podrás ver bien para sacarle a tu hermano la paja que lleva en el suyo".


Reflexión 
Con este ejemplo, Jesús nos enseña cómo se ha de hacer y en qué consiste la "corrección fraterna". La primera cosa que debemos entender es que nosotros estamos llenos de defectos, muchas veces más grandes que los de nuestros propios hermanos. Esto nos ha de hacer humildes para no juzgar a los demás por sus debilidades e imperfecciones, superando el pensamiento de que nosotros somos mejores.

Sin embargo, esto no quiere decir que no los podamos ayudar, o que primero debamos resolver nuestros propios problemas antes de poder empezar a ayudar a nuestros hermanos; significa, que la ayuda ha de ser hecha, primero, sabiendo que no podemos ver bien y, segundo, que la ayuda debe ser hecha con mucha caridad; pensemos en lo delicado que debemos de ser para ayudar a una persona a sacar una basurita del ojo.

Estos son los dos elementos que debemos de tener en cuenta cuando verdaderamente queremos ayudar a nuestros hermanos a ser mejores, a superar sus imperfecciones, sus faltas. Para resolver nuestros problemas y superar nuestras debilidades, necesitamos de la ayuda de los demás, sin embargo, ésta ha de ser hecha con mucha caridad, prudencia, paciencia y delicadeza, pues en esto nos reconocerán verdaderamente como hermanos.
 

Permite que el amor de Dios llene hoy tu vida. Ábrele tu corazón.
Como María, todo por Jesús y para Jesús.
Pbro. Ernesto María Caro 

viernes, 19 de junio de 2015

Imagen de http://www.semeurdepaix.com
Contemplar el Evangelio de hoy

Día litúrgico: Viernes XI del tiempo ordinario

Texto del Evangelio (Mt 6,19-23): En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: «No os amontonéis tesoros en la tierra, donde hay polilla y herrumbre que corroen, y ladrones que socavan y roban. Amontonaos más bien tesoros en el cielo, donde no hay polilla ni herrumbre que corroan, ni ladrones que socaven y roben. Porque donde esté tu tesoro, allí estará también tu corazón.

»La lámpara del cuerpo es el ojo. Si tu ojo está sano, todo tu cuerpo estará luminoso; pero si tu ojo está malo, todo tu cuerpo estará a oscuras. Y, si la luz que hay en ti es oscuridad, ¡qué oscuridad habrá!».

Comentario: Rev. D. Lluís RAVENTÓS i Artés (Tarragona, España)

«Amontonaos más bien tesoros en el cielo, donde no hay polilla ni herrumbre que corroan, ni ladrones que socaven y roben»

Hoy, el Señor nos dice que «la lámpara del cuerpo es el ojo» (Mt 6,22). Santo Tomás de Aquino entiende que con esto —al hablar del ojo— Jesús se refiere a la intención del hombre. Cuando la intención es recta, lúcida, encaminada a Dios, todas nuestras acciones son brillantes, resplandecientes; pero cuando la intención no es recta, ¡que grande es la oscuridad! (cf. Mt 6, 23).

Nuestra intención puede ser poco recta por malicia, por maldad, pero más frecuentemente lo es por falta de sensatez. Vivimos como si hubiésemos venido al mundo para amontonar riquezas y no tenemos en la cabeza ningún otro pensamiento. Ganar dinero, comprar, disponer, tener. Queremos despertar la admiración de los otros o tal vez la envidia. Nos engañamos, sufrimos, nos cargamos de preocupaciones y de disgustos y no encontramos la felicidad que deseamos. Jesús nos hace otra propuesta: «Amontonaos más bien tesoros en el cielo, donde no hay polilla ni herrumbre que corroan, ni ladrones que socaven y roben» (Mt 6,20). El cielo es el granero de las buenas acciones, esto sí que es un tesoro para siempre.

Seamos sinceros con nosotros mismos, ¿en qué empleamos nuestros esfuerzos, cuáles son nuestros afanes? Ciertamente, es propio del buen cristiano estudiar y trabajar honradamente para abrirse paso en el mundo, para sacar adelante la familia, asegurar el futuro de los suyos y la tranquilidad de la vejez, trabajar también por el deseo de ayudar a los otros... Sí, todo esto es propio de un buen cristiano. Pero si aquello que tú buscas es tener más y más, poniendo el corazón en estas riquezas, olvidándote de las buenas acciones, olvidándote de que en este mundo estamos de paso, que nuestra vida es una sombra que pasa, ¿no es cierto que —entonces— tenemos el ojo oscurecido? Y si el sentido común se enturbia, «¡qué oscuridad habrá!» (Mt 6,23).

martes, 16 de junio de 2015

Evangelio según San Mateo 5,43-48.

Jesús dijo a sus discípulos: 
Ustedes han oído que se dijo: Amarás a tu prójimo y odiarás a tu enemigo. 
Pero yo les digo: Amen a sus enemigos, rueguen por sus perseguidores; 
así serán hijos del Padre que está en el cielo, porque él hace salir el sol sobre malos y buenos y hace caer la lluvia sobre justos e injustos. 
Si ustedes aman solamente a quienes los aman, ¿qué recompensa merecen? ¿No hacen lo mismo los publicanos? 
Y si saludan solamente a sus hermanos, ¿qué hacen de extraordinario? ¿No hacen lo mismo los paganos? 
Por lo tanto, sean perfectos como es perfecto el Padre que está en el cielo. 

Extraído de la Biblia: Libro del Pueblo de Dios. 

Leer el comentario del Evangelio por : 

Isaac el Sirio (siglo VII), monje cercano a Mossoul 
Discursos ascéticos, 1ª serie, nº60 

«Hace salir el sol sobre los malos y sobre los buenos»

     Anuncia la bondad de Dios. Siendo tú indigno, te acompaña, se lo debes todo a él, y no te reclama nada. A cambio de las pequeñas cosas que tú haces, te lo recompensa dándote grandes cosas. No llames, pues, a Dios, simplemente justo, porque no es por la relación existente con las cosas que tú haces que se revele su justicia. Si David le nombra justo y recto (sl 32,5), su Hijo nos revela que es mucho más que bueno y suave: «Es bueno con los malvados y desagradecidos» (Lc 6,35). 

¿Cómo puedes tú quedarte con la simple justicia de Dios al leer el capítulo sobre el salario de los trabajadores? «Amigo, no te hago ninguna injusticia. Quiero darle a este último igual que a ti. ¿Vas a tener tú envidia porque yo soy bueno?» (Mt 20,13-15). ¿Cómo se puede decir simplemente que Dios es justo leyendo el capítulo del hijo pródigo que malgastó en una vida disoluta la riqueza de su padre, y por la sola compunción que le mostró, su padre corrió hacia él, se le echó al cuello y le dio pleno poder sobre todas sus riquezas? (Lc 15,11ss). No es cualquiera quien nos dice esto sobre Dios y así podríamos dudar: es su propio Hijo; es él mismo quien ha dado de Dios este testimonio. ¿Dónde se encuentra, pues, la justicia de Dios? ¿No es en aquello de «cuando éramos pecadores Cristo murió por nosotros?» (Rm 5,8). Se Dios ya aquí abajo se muestra compasivo, creemos que lo será por toda la eternidad.

miércoles, 10 de junio de 2015

n aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: «No crean que he venido a abolir la ley o los profetas; no he venido a abolirlos, sino a darles plenitud. Yo les aseguro que antes se acabarán el cielo y la tierra, que deje de cumplirse hasta la más pequeña letra o coma de la ley.
Por lo tanto, el que quebrante uno de estos preceptos menores y enseñe eso a los hombres, será el menor en el Reino de los cielos; pero el que los cumpla y los enseñe, será grande en el Reino de los cielos». 
Reflexión
Con estas palabras nos enseña Jesús dos cosas. Primero, que el Antiguo Testamento forma parte auténtica de la revelación de Dios y segundo, que no hay mandamientos pequeños o enseñanzas banales en la Escritura. 
Cierto que el Antiguo Testamento, por haber sido escrito en un tiempo y cultura lejanos a nosotros, no siempre es fácil de entender. Sin embargo, esto no quiere decir que no debemos buscar en él la voluntad de Dios. Por otro lado, es cierto que no todo lo que entendemos, incluso del Nuevo Testamento, es fácil de cumplir. Requiere, ante todo, de la firme convicción de que esto es lo que Dios quiere, y que como tal, debemos de respetarlo y actuar como él nos lo propone. 
Es importante tenerlo en mente, pues, en esta confusión moral e incluso teológica, no faltan las opiniones sobre algunos aspectos de la Escritura, que no se toman en cuenta y son causa de dolor y de malestar para nosotros mismos y para la sociedad. Estemos siempre atentos, tengamos como fuente de sabiduría la Palabra de Dios, y como fuente de conocimiento e interpretación el "Magisterio Ordinario de la Iglesia". 
Permite que el amor de Dios llene hoy tu vida. Ábrele tu corazón.
Como María, todo por Jesús y para Jesús.
Pbro. Ernesto María Caro

jueves, 7 de mayo de 2015

Permaneced siempre en mi amor
Juan 15, 9-11. Pascua. En todo momento Jesús quiere estar conmigo, la realidad más grande de la fe.

Autor: Óscar Santana | Fuente: Catholic.net

Del santo Evangelio según san Juan 15, 9-11
En aquel tiempo dijo Jesús a sus discípulos: Como el Padre me amó, yo también os he amado a vosotros; permaneced en mi amor. Si guardáis mis mandamientos, permaneceréis en mi amor, como yo he guardado los mandamientos de mi Padre, y permanezco en su amor. Os he dicho esto, para que mi gozo esté en vosotros, y vuestro gozo sea colmado. 

Oración introductoria
Señor, ¿cómo corresponder a tanto amor? ¿Cómo conservar en el corazón la alegría con la que colmas mi vida? ¡Ven, Espíritu Santo, lléname de tu amor para que pueda cumplir en todo tu voluntad, viviendo el mandamiento supremo de la caridad.

Petición
Señor, ayúdame a seguir el camino de mi felicidad, que es el de vivir la caridad.

Meditación del Papa Benedicto XVI
En cualquier necesidad y aridez, Él es la fuente de agua viva, que nos nutre y fortalece. Él en persona carga sobre sí el pecado, el miedo y el sufrimiento y, en definitiva, nos purifica y transforma misteriosamente en vino bueno. En esos momentos de necesidad nos sentimos a veces aplastados bajo una prensa, como los racimos de uvas que son exprimidos completamente. Pero sabemos que, unidos a Cristo, nos convertimos en vino de solera. Dios sabe transformar en amor incluso las cosas difíciles y agobiantes de nuestra vida. Lo importante es que "permanezcamos" en la vid, en Cristo. En esta breve perícopa, el evangelista usa la palabra "permanecer" una docena de veces. Este "permanecer-en-Cristo" caracteriza todo el discurso. En nuestro tiempo de inquietudes e indiferencia, en el que tanta gente pierde el rumbo y el fundamento; en el que la fidelidad del amor en el matrimonio y en la amistad es frágil y efímera; en el que desearíamos gritar, en medio de nuestras necesidades, como los discípulos de Emaús: "Señor, quédate con nosotros, porque anochece, porque las tinieblas nos rodean"; el Señor resucitado nos ofrece aquí un refugio, un lugar de luz, de esperanza y confianza, de paz y seguridad.Benedicto XVI, 22 de septiembre de 2011.

Reflexión
Permaneced en mí y yo en vosotros

Jesucristo en este pasaje nos hace viva una realidad que posiblemente nos es difícil recordar. Puede ser porque parece a simple vista algo complicado. "Permaneced en mí y yo en vosotros".

¿Qué significa esta frase de Cristo en nuestras vidas? Quiere decir la realidad más grande de nuestra Fe. ¡Dios está con nosotros!

Es una presencia que se hace real no sólo en el Sacramento de la Eucaristía, donde Dios mismo, bajo las apariencias de pan y vino, se queda junto a nosotros. Es también real en la vida diaria, en mis dificultades y en mis alegrías, en mis altas y en mis bajas. En todo momento Jesús quiere estar conmigo.

Mas Cristo quiere que yo también me una a Él. Quiere que junto a Él yo viva los afanes del día. Que mis estudios, mi trabajo, los asuntos de la familia y demás ocupaciones las viva junto a Él. Que mi día no corra sin ningún sentido. ¿Cuántas veces no he llegado al final del día y al mirar atrás no me he sentido vacío, como si sólo hubiese ido y venido sin ningún fruto? Pues si eso ha sucedido es la prueba más contundente de que esa jornada Dios no ha estado presente en lo más mínimo. Jesús ya nos lo había dicho. "Como el sarmiento no puede dar fruto sin estar unido a la vid, así tampoco vosotros si no permanecéis unidos a mí... Yo soy la vid, vosotros los sarmientos."

El cristiano no debería pasar por la vida como quien sólo busca "matar el tiempo", "divertirme lo más posible para no aburrirme". El cristiano debe ir por esta vida sufriendo, disfrutando; mas no como un animal sino como un hombre que vive unido a la vid. Hagamos la prueba. Vivamos un día, tan sólo un día unido a la vid, ofreciendo a Dios nuestras alegrías, nuestras penas, nuestras venturas y desventuras. Y al final, cuando llegue la noche, preguntémonos: ¿He tenido frutos hoy? ¿Ha valido la pena que yo haya vivido hoy? Si la respuesta es un sí, no tengas miedo a darle sentido a tu vida y a las de tus semejantes. "Quien permanece en mí y yo en Él tendrá mucho fruto, porque sin mí no podéis hacer nada."

Propósito
Con esperanza y confianza rezar hoy un rosario, fuente de paz y alegría.

Diálogo con Cristo
Gracias, Dios mío, por tanto amor. No puedo dejar de agradecerte por darme a tu santísima Madre. Por su intercesión quiero pedirte que sepa cambiar o eliminar todo aquello que me impida vivir el mandamiento de la caridad.