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miércoles, 30 de noviembre de 2016

El eligió a hombres humildes, pobres, sencillos, sin una gran formación académica, sin influencias, talvez, así nos imaginamos a Pedro, “rudos”, sin formación teológica, porque los hombres no se arrepienten ni se convierten con argumentos y palabras humanas, sino que por la gracia de Dios.



Mateo 4, 18-22
En aquel tiempo, pasando Jesús junto al lago de Galilea, vio a dos hermanos, a Simón, al que llaman Pedro, y a Andrés, su hermano, que estaban echando el copo en el lago, pues eran pescadores. Les dijo:
-«Venid y seguidme, y os haré pescadores de hombres.» Inmediatamente dejaron las redes y lo siguieron. Y, pasando adelante, vio a otros dos hermanos, a Santiago, hijo de Zebedeo, y a Juan, que estaban en la barca repasando las redes con Zebedeo, su padre. Jesús los llamó también. Inmediatamente dejaron la barca y a su padre y lo siguieron.


1.      VIO DOS HERMANOS PESCADORES Y LOS ELIGIÓ MIRANDO SUS CORAZONES
Jesús caminaba a orillas del mar de Galilea, este es el mismo lago de Genezaret o también conocido como el mar de Tiberíades. En esta oportunidad, vio dos hermanos pescadores y los eligió mirando sus corazones. Los llamó cuando estaban en su trabajo diario, la pesca, y ellos los siguieron.
Jesús no eligió gente especial, como soberanos, intelectuales o filósofos. Jesucristo elige hombres sencillos, pescadores, hombres de trabajo. Jesús sabe bien a quien elige y porque lo elige, en esta ocasión hombres que echan la red al mar sin saber que tipos de pescados sacaran. Del mismo modo cuando un predicador arroja sus palabras sobre los hombres, no conoce de antemano quienes se acercarán a Dios.
2.      ALGUNOS DATOS INTERESANTES
El “mar de Galilea,” Genezaret, tiene 21 km . de N. a S., y 12 de E. a O.; su superficie es de 170 km2 32. En la época de Cristo, una sola de sus ciudades, Tariquea, tenía 230 pequeñas barcas.
El encuentro de Jesucristo con sus próximos discípulos debe de ser en Cafarnaúm (Mc 1:21.29); éstos “arrojaban la red al mar.” Se conoce que el tipo actual de red (shabakah), es de forma circular y que los pescadores arrojan en círculo. A esto debe de responder el término de Mc 1:16. Los dos grupos de discípulos están en las barcas.
3.      PESCADORES DE HOMBRES
El llamamiento que Jesucristo les hace es para ser “pescadores de hombres.” La frase tiene sentido “escatológico” (Mt 13:47-49). Los discípulos van a congregar a los seres humanos para su ingreso en el Reino. Al punto le “siguieron,” término rabínico para expresar el discipulado.
Marcos dice que el padre de Juan y Santiago estaba en la barca con “jornaleros”, gentes a sueldo. En cambio, estos grupos binarios de hermanos no eran simplemente “compañeros” (Mc 5:10) en sus faenas de mar, pues Juan y Santiago eran “participantes”, “socios” de Simón-Pedro, seguramente en sus gastos y beneficios, como se hace hoy. Los papiros testifican estas costumbres con la misma palabra de “socios”. El hecho de “dejar las redes” allí y “seguir” a Jesús no parece exigir un completo desprendimiento material de toda su familia y bienes. Se los verá, en ocasiones, residir en su hogar, y, después de la resurrección de Jesucristo, volver a Galilea a sus faenas. Un ejemplo bien concreto es Mateo, que en su “vocación” sigue a Jesucristo, y luego aparece en su casa dando un banquete a Jesús.
4.      ELLOS DEJARON LAS REDES Y LO SIGUIERON
Santiago, hijo de Zebedeo, y a su hermano Juan, que estaban en la barca con Zebedeo, su padre, arreglando las redes; y Jesús los llamó. Inmediatamente, ellos dejaron la barca y a su padre, y lo siguieron. San Marcos nos añade un dato de interés, “ellos, dejando en la barca a su padre Zebedeo con los jornaleros, lo siguieron”. Esto puede significar que dentro de la modestia de pescador de Galilea, tenía más recursos para pescar, por eso tenían jornaleros, que eran pagados para hacer esta faena.
Pero, no debemos vivir para la cosas, debemos hacerlo para los hombres y en primer lugar para Dios. Es decir las cosas sirven, pero no para adorarlas, las cosas están en orden a los hombres y los hombres en orden a Dios.
Inmediatamente al oír de Jesús “Síganme, y yo los haré pescadores de hombres”, Pedro y Andrés dejaron sus redes y lo siguieron. Para ellos, la redes eran toda su herramienta de trabajo, por ellas lograban su sustento. Sin embargo no dudaron y siguieron a Jesús. Así, Jesús, prolonga a través de los hombres su predicación. Hombres elegidos para ser profetas y sus apóstoles.
5.      SEGUIR A JESUS
Según entendemos los que nos relata el evangelio, Pedro y Andrés respondieron de inmediato, y Santiago y Juan, dejaron a su padre, así nos indica que para seguir a Jesús, se debe renunciar a todo aquello que se opone a su seguimiento.
Así es como Jesús sabe bien a quien elige y porque lo elige, en esta ocasión hombres que echan la red al mar sin saber que tipos de pescados sacaran. Del mismo modo cuando un predicador arroja sus palabras sobre los hombres, no conoce de antemano quienes se acercarán a Dios.
6.      TENEMOS LA GRAN OPORTUNIDAD DE SEGUIR A JESÚS
Pero también hay algo muy importante para todos nosotros, las características de los discípulos elegidos por el Señor. Esto nos sirve para que no tengamos temor y no pensemos que tenemos que superdotados en conocimientos para seguir a Jesús. El eligió a hombres humildes, pobres, sencillos, sin una gran formación académica, sin influencias, talvez, así nos imaginamos a Pedro, “rudos”, sin formación teológica, porque los hombres no se arrepienten ni se convierten con argumentos y palabras humanas, sino que por la gracia de Dios.
Entonces, nosotros, somos hombres predilectos del Señor, descubramos en nosotros mismos ese llamado, con la misma rapidez que los apóstoles y sigamos tras los pasos de Jesús. Nuestro apostolado, exige menos renuncia que el de los apóstoles y lo podemos ejercer del mismo lugar en el cual nos desempeñamos, en el trabajo, la escuela, el vecindario, la familia y los amigos.
Tenemos la gran oportunidad de seguir a Jesús, hagámoslo íntimamente en lo personal, y como apóstol entre los hombres.
Vivamos unidos en la oración

jueves, 27 de octubre de 2016

Nosotros debemos pasar haciendo el bien, debemos anunciar el evangelio porque sana, cura y une. Sin duda es exigente, muchas veces nos puede dar cierto temor, pero no tenemos que dejarnos amedrentar, asustar por las amenazar si no que tenemos que confiar en el Señor, él siempre pasa, está con nosotros, nos acompaña.




Lectura del santo evangelio según san Lucas 13,31-35:

En aquella ocasión, se acercaron unos fariseos a decirle: «Márchate de aquí, porque Herodes quiere matarte.»
Él contestó: «ld a decirle a ese zorro: "Hoy y mañana seguiré curando y echando demonios; pasado mañana llego a mi término." Pero hoy y mañana y pasado tengo que caminar, porque no cabe que un profeta muera fuera de Jerusalén. ¡Jerusalén, Jerusalén, que matas a los profetas y apedreas a los que se te envían! ¡Cuántas veces he querido reunir a tus hijos, como la clueca reúne a sus pollitos bajo las alas! Pero no habéis querido. Vuestra casa se os quedará vacía. Os digo que no me volveréis a ver hasta el día que exclaméis: "Bendito el que viene en nombre del Señor."»

Reflexión del Monseñor Santiago Olivera Obispo de la Diócesis de Cruz del Eje


En este evangelio de Lucas vemos a Jesús que lo alientan algunos fariseos para que se aleje de allí porque Herodes quería matarlo. Herodes ya se había enseñado con los profetas, no le caían bien, Herodes ha decapitado a Juan el Bautista.


Como vemos los profetas eran rechazados, Jesús sabía que en su misión de profeta iba a ser rechazado, pero no lo asusta la misión. A mí me da mucha alegría leer este evangelio; donde le dicen que se vaya, le anuncian que lo están buscando para matarlo. Y sin embargo el Señor sigue su camino anunciando, sigue con su misión con claridad.

Es una buena enseñanza para nosotros, porque ninguna amenaza detiene a Jesús, él sigue haciendo el bien. Yo pienso “¿no debe ser así nuestra vida también?”; nosotros debemos pasar haciendo el bien, debemos anunciar el evangelio porque sana, cura y une. Sin duda es exigente, muchas veces nos puede dar cierto temor, pero no tenemos que dejarnos amedrentar, asustar por las amenazar si no que tenemos que confiar en el Señor, él siempre pasa, está con nosotros, nos acompaña.


Pidamos al Señor, que así como Jesús siguió su camino y les aseguro que después dirán "Bendito el que viene en nombre del Señor." Que también nosotros en nuestra misión de cristianos, que somos otro cristo, no nos dejemos asustar por criterio, por situaciones que nos pasan desde que nos confirmamos. Una pregunta que hacemos en la confirmación es si están dispuestos a sufrir, justamente por recibir el don del espíritu, desprecio y persecución; el cristiano muchas veces está llamado a sufrir esto, pero decimos que si con la certeza de que el Señor es nuestro mayor bien y nos acompaña.


Pidamos entonces a Jesús que pasemos y anunciemos con alegría el evangelio del amor en nuestro ambiente. Que Dios nos bendiga a todos y nos de la fortaleza para vivirlo.


jueves, 29 de septiembre de 2016


EVANGELIO SEGÚN SAN JUAN 1,47-51

P Germán Lechini | 29/09/2014 | 3.422 vistas


Al ver llegar a Natanael, Jesús dijo: "Este es un verdadero israelita, un hombre sin doblez"."¿De dónde me conoces?", le preguntó Natanael. Jesús le respondió: "Yo te vi antes que Felipe te llamara, cuando estabas debajo de la higuera".
Natanael le respondió: "Maestro, tú eres el Hijo de Dios, tú eres el Rey de Israel".
Jesús continuó: "Porque te dije: 'Te vi debajo de la higuera', crees . Verás cosas más grandes todavía". Y agregó: "Les aseguro que verán el cielo abierto, y a los ángeles de Dios subir y bajar sobre el Hijo del hombre".

Palabra de Dios


Meditación

P. Germán Lechini Sacerdote Jesuita. Director del Centro Manresa que pertenece a la Pastoral juvenil y vocacional de la Compañia de Jesús en Argentina y Uruguay  


En la Fiesta de los Santos Arcángeles, la liturgia nos regala este precioso encuentro entre Natanael y Jesús, de donde podemos sacar dos notas bien importantes para nuestra meditación de hoy y para toda nuestra vida de fe.

Lo primero, reparemos en un hecho esencial, lo que Jesús celebra en Natanael es que sea un hombre sin doblez, un hombre transparente, un hombre sin cosas ocultas, sin doble vida, un hombre coherente, un hombre de una pieza. En ese sentido, en los ángeles celebramos también lo mismo, los ángeles son justamente creaturas que, delante de Dios, no tienen doblez, podríamos decir –jugando con la metáfora- que delante de Dios son transparentes. Primera invitación, entonces, que nos hace la Lectura de hoy: ser como los ángeles delante de Dios, personas transparentes y ser como Natanael, delante de los hombres, personas sin doblez, personas de una pieza.

Lo segundo que podemos apuntar en el Evangelio de hoy, es la promesa que Jesús regala a Natanael: “verás cosas más grandes todavía”. ¡Sí! Para quien se anime al encuentro, como lo hizo Natanael, para quien se abra a la Gracia, para quien se deje habitar por la presencia de Dios podrá estar seguro que verá cosas más grandes, que verá cosas nuevas, que verá el cielo abierto. Y aquí también los Santos Arcángeles tienen algo que decirnos, ellos son seres para quienes el cielo permanece siempre abierto, siempre claro, siempre limpio. Como ellos, como Natanael, también nosotros somos llamados a esa grandeza, a esa claridad, a esa limpieza, a ese “cielo abierto”.

En medicina, más específicamente en cirugía, se habla de una “operación a cielo abierto” cuando el cirujano tiene que intervenir algún órgano vital (ejemplo, el corazón) y necesita acceso directo a dicho órgano, para lo cual, debe cortar la piel e incluso correr huesos y, literalmente, abrirse paso hasta llegar a dicho órgano. Hoy, el Señor quiere también intervenir nuestra vida, nuestro corazón. Quiere encontrarse con nosotros de una manera tan íntima y transparente, que necesita hacerlo a “cielo abierto”, como lo hace con sus Ángeles, como lo hizo con Natanael.

Te propongo que el día de hoy nos dejemos “intervenir el corazón” para que también de nosotros se pueda decir, como de Natanael: que somos hombres y mujeres sin doblez; para que también de nosotros se pueda decir, como de los Arcángeles Miguel, Gabriel y Rafael, que somos seres con el “cielo abierto”, con acceso directo al Dios de la Vida.

Que así sea!

miércoles, 28 de septiembre de 2016

Hoy escuchamos el comienzo y los consejos de Jesús a sus seguidores de entonces y de todos los tiempos. ¿Qué es para Jesús vivir? ¿Cómo entiende él la vida? ¿Dónde está el secreto de su estilo de vida?



Lectura del santo evangelio según san Lucas 9,57-62:
En aquel tiempo, mientras iban de camino Jesús y sus discípulos, le dijo uno: «Te seguiré adonde vayas.»
Jesús le respondió: «Las zorras tienen madriguera, y los pájaros nido, pero el Hijo del hombre no tiene donde reclinar la cabeza.»
A otro le dijo: «Sígueme.»
Él respondió: «Déjame primero ir a enterrar a mi padre.»
Le contestó: «Deja que los muertos entierren a sus muertos; tú vete a anunciar el reino de Dios.»
Otro le dijo: «Te seguiré, Señor. Pero déjame primero despedirme de mi familia.»
Jesús le contestó: «El que echa mano al arado y sigue mirando atrás no vale para el reino de Dios.»

Compartimos la Palabra

  •  Ir a Jerusalén. Testimonio de Jesús.

“Cuando se iba cumpliendo el tiempo de ser llevado al cielo, Jesús tomó la decisión de ir a Jerusalén” (Lc 9,51). De esta forma describe el evangelista Lucas la firme decisión de Jesús de encarar en profundidad las consecuencias de su fidelidad íntegra al Padre y al Reino. Hoy escuchamos el comienzo y los consejos de Jesús a sus seguidores de entonces y de todos los tiempos.
El camino hacia Jerusalén muestra la diferencia entre la primera etapa de la vida pública de Jesús, marcada por la armonía y el entusiasmo de la gente sencilla al ver y experimentar la compasión, la honradez y credibilidad de Jesús, y la segunda y definitiva, en la que se mezclan abandonos de algunos discípulos, difamaciones, altercados y expulsiones de Jesús en sinagogas y, particularmente, acusaciones de las autoridades judías y planes para deshacerse de él.
Jesús se mantiene íntegro. Sabiendo lo que va a pasar, no sólo no se desdice de lo hecho o lo dicho, sino que encara el momento con una dignidad y una superioridad que no admitan dudas o equívocos sobre sus intenciones. Lo que hace es testimoniar lo que les dice en una magistral armonía. Primero les anuncia lo que va a pasar; sabiéndolo, sube a Jerusalén.
  •  Ir a Jerusalén. Lección para los discípulos

Antes de comentar la lección de Jesús hoy a sus discípulos, quiero rendir homenaje a un grupo de misioneros dominicos del s. XVII, con el P. Domingo de Erquicia a la cabeza, que, sabiendo lo que era muy probable que les sucediera en su Jerusalén particular, Japón, emprendieron el camino con la entereza y fuerza de Jesús. Y, después del testimonio de su palabra y su vida, fueron testigos de Jesús con su martirio. Hoy celebramos su santidad, y les felicitamos. Una cosa es hablar de subir a Jerusalén, otra muy distinta es no hablar, sino subir y, en su momento, morir por aquello que se predica y se vive.
Los seguidores de Jesús, particularmente los mártires, si no saben de forma concluyente, por humanos, intuyen, al menos, que el camino que siguen les hace avanzar hacia los valores evangélicos y las actitudes de Jesús: sencillez, generosidad, servicio, transparencia.
Simultáneamente, como el mismo Jesús, lo normal no es el aplauso y la consideración, sino todo lo contrario, el rechazo y la marginación.
Ellos siguen adelante, porque la opción tomada no admite otras prioridades a las que se refiere hoy Jesús. Su consigna es: “Tú vete a anunciar el Reino de Dios”, por encima de la familia si ésta fuera un obstáculo para el seguimiento; y por encima de posibles nostalgias que nos invitaran a mirar hacia lo que dejamos atrás. Nosotros a anunciar el Reino, contando con Jesús y con el Espíritu. No necesitamos más.
¿Qué es para Jesús vivir? ¿Cómo entiende él la vida?
¿Dónde está el secreto de su estilo de vida?
Fray Hermelindo Fernández RodríguezFray Hermelindo Fernández Rodríguez
La Virgen del Camino
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miércoles, 21 de septiembre de 2016

Jesús llama invitando, no empujando; respeta escrupulosamente nuestra libertad y nos ayuda con su gracia para no equivocarnos en la decisión que tomemos; pero, seguimos siendo libres. El libro del Apocalipsis lo expresa así: “Mira que estoy a la puerta y llamo; si alguno oye mi voz y me abre, entraré en su casa y cenaré con él y él conmigo” (Ap 3,20)



Lectura del santo evangelio según san Mateo 9, 9-13:
En aquel tiempo, vio Jesús al pasar a un hombre llamado Mateo, sentado al mostrador de los impuestos, y le dijo: «Sígueme.»
Él se levantó y lo siguió. Y, estando en la mesa en casa de Mateo, muchos publicanos y pecadores, que habían acudido, se sentaron con Jesús y sus discípulos. Los fariseos, al verlo, preguntaron a los discípulos: «¿Cómo es que vuestro maestro come con publicanos y pecadores?»
Jesús lo oyó y dijo: «No tienen necesidad de médico los sanos, sino los enfermos. Andad, aprended lo que significa "misericordia quiero y no sacrificios": que no he venido a llamar a los justos, sino a los pecadores.»

  • Respuesta de Mateo

Si la llamada es universal, ¿qué pasa con la respuesta? ¿Por qué tiene Jesús tan pocos seguidores? Porque Jesús llama invitando, no empujando; respeta escrupulosamente nuestra libertad y nos ayuda con su gracia para no equivocarnos en la decisión que tomemos; pero, seguimos siendo libres. El libro del Apocalipsis lo expresa así: “Mira que estoy a la puerta y llamo; si alguno oye mi voz y me abre, entraré en su casa y cenaré con él y él conmigo” (Ap 3,20).
Además de libre, la respuesta, si se da, exige un cambio de vida hacia el estilo de Jesús. Mateo secunda inmediatamente la invitación de Jesús, abandona el mostrador de los impuestos y se pone en camino cambiando de dirección. Abandona su pasado, por más gratificante que le pudiera parecer, y acoge al Señor en su casa, como Zaqueo, como Lázaro, Marta y María y como sus mejores amigos y discípulos. Nunca sabremos cómo discurrió aquel banquete, pero intuimos que Jesús propició que Mateo y sus amigos invitados empezaran a gustar, aunque de forma incipiente, el sabor nuevo del banquete del Reino, donde todo es distinto y donde la misericordia, la compasión, la filiación y la fraternidad lo cambian todo.
¿Vivimos como Mateo el don y regalo de la llamada que también a nosotros nos ha hecho el Señor?
¿Invitamos, como él, a los amigos, aunque no piensen como nosotros, a celebrar lo que, sin mérito alguno, se nos ha ofrecido y hemos aceptado?

Fray Hermelindo Fernández RodríguezFray Hermelindo Fernández Rodríguez
La Virgen del Camino
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miércoles, 17 de agosto de 2016

Sí, Jesús nos confía una parte de su viña. No pasemos los minutos, las horas, los días, los meses o los años sin dedicarlos a los demás, a la Iglesia, a la sociedad. El tiempo no es para uno mismo, sino para Dios. El que ama a Dios no se retrae, no se esconde, no se desentiende. El que ama a Dios, no sólo entrega lo que tiene, sino que se da por completo.


San Mateo 20, 1-16:Trabajar en la viña del Señor
Autor: Regnum Christi
Fuente: Regnum Christi      

Evangelio

Lectura del santo Evangelio según San Mateo 20, 1-16

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos esta parábola: “El Reino de los cielos es semejante a un propietario que, al amanecer, salió a contratar trabajadores para su viña. Después de quedar con ellos en pagarles un denario por día, los mandó a su viña. Salió otra vez a media mañana, vio a unos que estaban ociosos en la plaza y les dijo: ‘Vayan también ustedes a mi viña y les pagaré lo que sea justo’. Salió de nuevo a medio día y a media tarde e hizo lo mismo.

Por último salió también al caer la tarde y encontró todavía otros que estaban en la plaza y les dijo: ‘¿Por qué han estado aquí todo el día sin trabajar?’ Ellos le respondieron: ‘Porque nadie nos ha contratado’. Él les dijo: ‘Vayan también ustedes a mi viña’.

Al atardecer, el dueño de la viña le dijo a su administrador: ‘Llama a los trabajadores y págales su jornal, comenzando por los últimos hasta que llegues a los primeros’. Se acercaron, pues, los que habían llegado al caer la tarde y recibieron un denario cada uno.

Cuando les llegó su turno a los primeros, creyeron que recibirían más; pero también ellos recibieron un denario cada uno. Al recibirlo, comenzaron a reclamarle al propietario, diciéndole: ‘Esos que llegaron al último sólo trabajaron una hora, y sin embargo, les pagas lo mismo que a nosotros, que soportamos el peso del día y del calor’.

Pero él respondió a uno de ellos: ‘Amigo, yo no te hago ninguna injusticia. ¿Acaso no quedamos en que te pagaría un denario? Toma, pues, lo tuyo y vete. Yo quiero darle al que llegó al último lo mismo que a ti. ¿Qué no puedo hacer con lo mí lo que yo quiero? ¿O vas a tenerme rencor porque yo soy bueno?’
De igual manera, los últimos serán los primeros, y los primeros, los últimos”.

Meditación

El Evangelio nos presenta una escena en la que un hombre vuelve en diferentes momentos a la plaza para contratar a los trabajadores. Unos son llamados al inicio del día, y otros ya al atardecer. Es decir, Dios llama a cada uno, según sus cualidades y su situación personal. A Él lo que le interesa es que todos los hombres se salven. Todos somos llamados a corresponder a la gracia, no importa el momento de la vida en el que nos encontremos.

Por otra parte, la página evangélica también nos llama al trabajo. El mundo es grande. El tiempo es corto. Son muchos los que todavía no conocen a Cristo y mientras haya una persona que no ame a Cristo, no podemos descansar. ¿Nos sobra un poco de tiempo? Entonces recapacitemos y veamos si no podríamos más bien dedicar ese tiempo a hacer algo en el propio ambiente, en el trabajo, en la parroquia, en la familia. El Señor necesita trabajadores en su viña. Aceptemos su invitación y acudamos desde la primera hora.

Sí, Jesús nos confía una parte de su viña. No pasemos los minutos, las horas, los días, los meses o los años sin dedicarlos a los demás, a la Iglesia, a la sociedad. El tiempo no es para uno mismo, sino para Dios. El que ama a Dios no se retrae, no se esconde, no se desentiende. El que ama a Dios, no sólo entrega lo que tiene, sino que se da por completo.

El pasaje de san Mateo, por último, nos recuerda el sentido de Iglesia con el que hemos de vivir. Somos “obreros” de la viña del Señor junto a los demás cristianos. Debemos trabajar juntos para colaborar en la edificación del Reino de Cristo. Nos hemos de estimular y ayudar unos a otros como miembros de la Iglesia, por encima de cualquier nivel cultural, de la lengua, de la apariencia, etc.

Reflexión apostólica

Los cristianos debemos vivir en íntima unión y espíritu de colaboración con todos los miembros de la Iglesia. Esto implica vivir con una mayor conciencia de “ser y hacer Iglesia” a través de la parroquia o diócesis. Busquemos vivir la dimensión eclesial de nuestra vocación cristiana uniendo nuestros esfuerzos a los de otros muchos en la evangelización.

Propósito

Dedicar un tiempo que tenga para ponerlo a disposición de los demás, o de mi parroquia.

miércoles, 10 de agosto de 2016

No consiste en guardar por encima de todo la vida, sino en llegar a emplearla y gastarla por los demás, hasta que, como a él, al final ya no nos quede más vida terrena.





Lectura del santo evangelio según san Juan 12,24-26:
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Os aseguro que si el grano de trigo no cae en tierra y muere, queda infecundo; pero si muere, da mucho fruto. El que se ama a sí mismo se pierde, y el que se aborrece a sí mismo en este mundo se guardará para la vida eterna. El que quiera servirme, que me siga, y donde esté yo, allí también estará mi servidor; a quien me sirva, el Padre lo premiará.»

  • El diácono San Lorenzo

Dos son los detalles más conocidos en la vida de San Lorenzo. Pensamos que fueron ciertos, pero no pasaría nada si no lo fueran, porque todos estamos de acuerdo en la veracidad de lo que significan.
El primero sucedió en la persecución del Emperador Valeriano, siendo Lorenzo uno de los diáconos de la Iglesia en Roma, encargado de atender a las necesidades de los pobres. Resultó que el Prefecto o Alcalde de la ciudad exigió a Lorenzo los bienes de la Iglesia que él administraba. Pidió un breve plazo para reunirlos, al cabo del cual comunicó al Alcalde que ya podía ir a recoger los bienes, estando él, Lorenzo, rodeado de pobres, enfermos y lisiados a quienes atendía. Al llegar, Lorenzo le dijo, con las manos vacías: “Aquí tienes lo que pediste. Ésta es la auténtica riqueza de la Iglesia”. El resultado fue su condena a muerte.
El segundo, más conocido, tuvo lugar en su martirio. Después de un rato, quemándose sobre la parrilla en la que le tendieron, dijo Lorenzo al Juez: “Ya estoy asado de este lado, volvedme hacia el otro para poder quedar asado del todo”. Y así se hizo. Cuando esto se completó, exclamó: “La carne ya está preparada; pueden comer”. Y así murió, pidiendo por la conversión de Roma y la extensión del Reino.
  •  Honradez y entrega

Ya habíamos oído a Jesús hablarnos de los frutos, comparándolos con los bellos sarmientos que sólo sirven, si es que sirven, para adornar. Hoy da un paso más, indicándonos cómo dar fruto. Al final, hay que llegar a la entrega; y no a la entrega de cosas, de limosnas y dineros, sino a la entrega de la vida, a la de uno mismo. Si todavía alguien no lo entiende, que le mire a él: hay que seguirle a él en el servicio a los demás. Nos dice que sólo así daremos fruto: “Si el grano de trigo no cae en tierra y muere, queda infecundo; pero, si muere, da mucho fruto”. Compara la vida con el grano; y la auténtica honradez –nos viene a decir- no consiste en guardar por encima de todo la vida, sino en llegar a emplearla y gastarla por los demás, hasta que, como a él, al final ya no nos quede más vida terrena.
Esto que pudiera parecer que es perder la vida, es todo lo contrario: es la forma de ganarla y garantizar la otra, la eterna. “El que se ama a sí mismo, se pierde, y el que se aborrece a sí mismo en este mundo se guardará para la vida eterna”.
Esto es lo que hizo San Lorenzo y lo que, proporcionalmente, tenemos que hacer nosotros. Y hacerlo, sin ser masoquistas, amando la vida, aunque aborreciendo el mal. Y dando gracias a Dios por apostar por nosotros y admitirnos entre sus seguidores, sintiéndonos liberados e intentando, como San Lorenzo, liberar y humanizar a los demás.
San Lorenzo es admirable. ¿Le ves imitable también?
¿No crees que su transparencia, entrega y honradez nos sirven hoy de ejemplo?
Fray Hermelindo Fernández RodríguezFray Hermelindo Fernández Rodríguez
La Virgen del Camino
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lunes, 25 de julio de 2016

Y esto no es ni sencillo ni inmediato sino fruto de un trabajo constante, de un empeño responsable por superar contradicciones, rechazos, soledades o humillaciones y por superarse día a día.


Lectura del santo evangelio según san Mateo 20, 20-28
En aquel tiempo, se acercó a Jesús la madre de los Zebedeos con sus hijos y se postró para hacerle una petición. Él le preguntó: «¿Qué deseas?»
Ella contestó: «Ordena que estos dos hijos míos se sienten en tu reino, uno a tu derecha y el otro a tu izquierda.»
Pero Jesús replicó: «No sabéis lo que pedís. ¿Sois capaces de beber el cáliz que yo he de beber?»
Contestaron: «Lo somos.»
Él les dijo: «Mi cáliz lo beberéis; pero el puesto a mi derecha o a mi izquierda no me toca a mí concederlo, es para aquellos para quienes lo tiene reservado mi Padre.»
Los otros diez, que lo habían oído, se indignaron contra los dos hermanos. Pero Jesús, reuniéndolos, les dijo: «Sabéis que los jefes de los pueblos los tiranizan y que los grandes los oprimen. No será así entre vosotros: el que quiera ser grande entre vosotros, que sea vuestro servidor, y el que quiera ser primero entre vosotros, que sea vuestro esclavo. Igual que el Hijo del hombre no ha venido para que le sirvan, sino para servir y dar su vida en rescate por muchos.» 


  • «El que quiera ser grande entre vosotros, que sea vuestro servidor, y el que quiera ser primero entre vosotros, que sea vuestro esclavo»

La lucha por el poder y las intrigas que conlleva, forma parte de nuestra condición humana y, por tanto, existen en todas las sociedades. Los apóstoles tampoco escaparon a ellas. Querían ser los primeros en el Reino de Dios porque, aún, lo equiparaban a los reinos humanos. Seguían sin darse cuenta que el Reino del que Jesús hablaba era, y es, algo muy distinto a cualquier reino de la tierra. Que el principio determinante en el reino de Dios, no son los honores, las riquezas, las influencias, los puestos, las ventajas… el poder en definitiva, sino el servicio a los demás.
Jesús es radical. No dice simplemente que hay que gobernar de otro modo. Va más lejos: si alguien quiere ser jefe tendrá que ser servidor y, aún más, hasta esclavo. Servicio como oposición a dominio, de la mano siempre de la justicia y el amor. «Beber de su mismo cáliz», marchar por el camino del Maestro que no vino a ser servido, sino a servir, proyectar la existencia entera como donación. Y esto no es ni sencillo ni inmediato sino fruto de un trabajo constante, de un empeño responsable por superar contradicciones, rechazos, soledades o humillaciones y por superarse día a día. Sin duda no es fácil comprenderlo ni aceptarlo. Tampoco lo fue para los discípulos. Pero tenemos la fuerza y la confianza de Dios.
¿Qué significa para cada uno de nosotros ser una vasija de barro portadora de un tesoro?
¿Qué tentaciones de poder o de honor nos amenazan? ¿Cómo reconvertirlas en servicio a los demás?


Dña. María Teresa   Fernández Baviera, OPDña. María Teresa Fernández Baviera, OP
Fraternidad Laical Dominicana deTorrent (Valencia)
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viernes, 8 de julio de 2016

Señor, Tú me has llamado a tu presencia únicamente por tu amor misericordioso. Por eso puedo tener la feliz seguridad de que siempre me amarás, porque y tu amor no dependerá jamás de mis conquistas o mis méritos. Hoy vengo simplemente a darte gracias por tu amor, a escucharte y a conocerte un poco más, para luego darte a los demás. En tus manos pongo mi oración, Madre mía.

Evangelio del día (para orientar tu meditación)

Del santo Evangelio según san Mateo 10, 16-23
En aquel tiempo, Jesús dijo a sus apóstoles: "Yo los envío como ovejas entre lobos. Sean, pues, precavidos como las serpientes y sencillos como las palomas.
Cuídense de la gente, porque los llevarán a los tribunales, los azotarán en las sinagogas, los llevarán ante gobernadores y reyes por mi causa; así darán testimonio de mí ante ellos y ante los paganos. Pero, cuando los entreguen, no se preocupen por lo que van a decir o por la forma de decirlo, porque en ese momento se les inspirará lo que han de decir. Pues no serán ustedes los que hablen, sino el Espíritu de su Padre el que hablará por ustedes.
El hermano entregará a su hermano a la muerte, y el padre a su hijo; los hijos se levantarán contra sus padres y los matarán; todos los odiarán a ustedes por mi causa, pero el que persevere hasta el fin, se salvará.
Cuando los persigan en una ciudad, huyan a otra. Yo les aseguro que no alcanzarán a recorrer todas las ciudades de Israel, antes de que venga el Hijo del hombre".
Palabra del Señor.

(Homilía de S.S. Francisco, 1 de noviembre del 2015).

« Este es el camino del Señor: el camino de la mansedumbre y la paciencia. Jesús ha recorrido este camino: desde pequeño ha soportado la persecución y el exilio; y después, siendo adulto, las calumnias, los engaños, las falsas acusaciones en los tribunales; y todo lo ha soportado con mansedumbre. Ha soportado por amor a nosotros incluso la cruz.»

Diálogo con Cristo

Ésta es la parte más importante de tu oración, disponte a platicar con mucho amor con Aquel que te ama.

Propósito

Proponte uno personal. El que más amor implique en respuesta al Amado… o, si crees que es lo que Dios te pide, vive lo que se te sugiere a continuación.
Hoy, ante las actitudes o actos negativos que otros puedan tener conmigo, voy a responder con serenidad y comprensión, buscando no herir a las personas.

Despedida

Te damos gracias, Señor, por todos tus beneficios, a Ti que vives y reinas por los siglos de los siglos.
Amén.

jueves, 7 de julio de 2016

Señor Jesús, eres el tesoro más grande que tengo. Mi vida sin Ti no tendría sentido. Tú eres mi alegría, mi vida, mi todo. Gracias por tus beneficios. Gracias por el don de la fe a través de la cual me puedo poner en contacto contigo. Gracias porque confías en mí, y esperas que colabore contigo en la extensión de tu Reino. Gracias por amarme, no por lo que tengo o produzco, sino por lo que soy. Ayúdame a conocerte y a corresponder a tus beneficios.


Evangelio del día (para orientar tu meditación)

Del santo Evangelio según san Mateo 10, 7-15


En aquel tiempo, envió Jesús a los Doce con estas instrucciones: "Vayan y proclamen por el camino que ya se acerca el Reino de los cielos. Curen a los leprosos y demás enfermos; resuciten a los muertos y echen fuera a los demonios. Gratuitamente han recibido este poder; ejérzanlo, pues, gratuitamente.

No lleven con ustedes, en su cinturón, monedas de oro, de plata o de cobre. No lleven morral para el camino ni dos túnicas ni sandalias ni bordón, porque el trabajador tiene derecho a su sustento.

Cuando entren en una ciudad o en un pueblo, pregunten por alguien respetable y hospédense en su casa hasta que se vayan. Al entrar, saluden así: 'Que haya paz en esta casa'. Y si aquella casa es digna, la paz de ustedes reinará en ella; si no es digna, el saludo de paz de ustedes no les aprovechara. Y si no los reciben o no escuchan sus palabras, al salir de aquella casa o de aquella ciudad, sacúdanse el polvo de los pies. Yo les aseguro que el día del juicio, Sodoma y Gomorra serán tratadas con menos rigor que esa ciudad".


Palabra del Señor.
Medita lo que Dios te dice en el Evangelio.

(Homilía de S.S. Francisco, 19 de febrero de 2015, en santa Marta).

«Cuando el Señor nos da este consejo: ‘¡párate!, elige hoy’, no nos deja solos. Está con nosotros y quiere ayudarnos. Nosotros solamente debemos confiar, tener confianza en Él. ‘Bienaventurado el hombre que confía en el Señor’. Hoy, cuando nosotros nos detendremos a pensar en estas cosas, para tomar decisiones, sepamos que el Señor está con nosotros, está junto a nosotros, para ayudarnos. Nunca nos deja solos, nunca. Está siempre con nosotros. También en el momento de la decisión está con nosotros.»

Diálogo con Cristo

Ésta es la parte más importante de tu oración, disponte a platicar con mucho amor con Aquel que te ama.

Propósito

Proponte uno personal. El que más amor implique en respuesta al Amado… o, si crees que es lo que Dios te pide, vive lo que se te sugiere a continuación.
Ofreceré un misterio del rosario por los misioneros, especialmente los más necesitados de mi oración.

Despedida

Te damos gracias, Señor, por todos tus beneficios, a Ti que vives y reinas por los siglos de los siglos.
Amén.
¡Cristo, Rey nuestro!

viernes, 24 de junio de 2016

Qué diferente sería el mundo si todos los cristianos fuéramos como Juan Bautista, si nos dedicáramos a preparar el camino del Señor para los demás, si fuéramos testigos vivos de que es posible seguir a Cristo con coherencia y en todo.



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Lectura del santo evangelio según san Lucas 1, 57-66. 80

A Isabel se le cumplió el tiempo del parto y dio a luz un hijo. Se enteraron sus vecinos y parientes de que el Señor le había hecho una gran misericordia, y la felicitaban.
A los ocho días fueron a circuncidar al niño, y lo llamaban Zacarías, como a su padre. La madre intervino diciendo:
-«¡ No! Se va a llamar Juan. »
Le replicaron:
-«Ninguno de tus parientes se llama así.»
Entonces preguntaban por señas al padre cómo quería que se llamase. Él pidió una tablilla y escribió: «Juan es su nombre.» Todos se quedaron extrañados.
Inmediatamente se le soltó la boca y la lengua, y empezó a hablar bendiciendo a Dios.
Los vecinos quedaron sobrecogidos, y corrió la noticia por toda la montaña de Judea. Y todos los que lo oían reflexionaban diciendo:
-«¿Qué va a ser este niño?»
Porque la mano del Señor estaba con él.
El niño iba creciendo, y su carácter se afianzaba; vivió en el desierto hasta que se presentó a Israel.

Oración introductoria:

Señor, Tú nos enseñaste que la oración de tus discípulos es un combate, que velando en la oración es como no se cae en la tentación. Ayúdame a vigilar siempre y a orar continuamente.

Petición:

Señor, te pido la gracia de vivir con el mismo celo, la misma fidelidad y fe que Juan el Bautista.

Meditación:

Juan es un buen ejemplo para nosotros. Veamos su vida: se le encargó una tarea que cumplir y él la aceptó plenamente. Desde su niñez se preparó para cumplir con su misión. Vivía lo que predicaba y amaba la Palabra de Dios que anunciaba. Su vida y su mensaje eran una sola cosa, por eso la gente lo escuchaba. No había en él doblez ni hipocresía. A diferencia de Juan, cuántas veces nos da pereza formarnos en nuestra fe cristiana; cuántas veces nuestras palabras, nuestros pensamientos y nuestros gestos no son coherentes ni corresponden a la verdad de lo que somos. Juan nos ayuda con su ejemplo a luchar contra toda forma de falsedad y a entregarnos a la misión, dándonos tiempo para formarnos. Juan fue al desierto para escuchar con más claridad la voz de Dios y descubrir su vocación. Hagamos más “desiertos” en nuestra vida, vivamos de forma más desapegada, desprendida de las cosas y situaciones humanas para escuchar también la Palabra de Dios. Qué diferente sería el mundo si todos los cristianos fuéramos como Juan Bautista, si nos dedicáramos a preparar el camino del Señor para los demás, si fuéramos testigos vivos de que es posible seguir a Cristo con coherencia y en todo.

Reflexión apostólica:

Nuestra misión es difundir en el mundo el Reino de caridad de Cristo en los diversos sectores de la vida social a través de la formación de laicos comprometidos. Hemos de esforzarnos por construir la civilización de la justicia y del amor a través de la gama de apostolados del Regnum Christi.

Propósito:

Que mi vida cristiana y mi apostolado sean como el de Juan el Bautista para que, por medio de ellos, las personas se acerquen a Jesús y hagan la experiencia de Dios.

Diálogo con Cristo:

Señor, que el ejemplo de Juan el Bautista que he contemplado en esta oración, me estimule y anime a ser como él, austero conmigo mismo y magnánimo en el amor a tu Reino. Quiero vivir dedicado a testimoniarte. Que quien me mire te vea a ti, Jesús.

«Cada día sé de nuevo, comprométete de nuevo; ejerce la acción de tu libertad, subyugada por el amor, en la más absoluta entrega de ti mismo» (Cristo al centro, n. 1474).